Comida para BuitresNo es que alguien se haya caído en la bici y se haya hecho poco daño, el título viene porque se acabaron las vacaciones y después del parón nos reencontramos con la bici, entre otras muchas cosas menos agradables. La búsqueda entusiasta de voluntarios terminó con solo tres apuntados. Algunos siguen de vacaciones, reales o mentales, otros se sienten desentrenados (¿y cómo piensan arreglarlo?), Ignacio está con la revisión de los cincuentaytantosmil, otros por último siguen con la caraja del Camino, aún no se han recuperado. Pues eso, Nico Rafa y yo mismo quedamos para hacer la Hoya de San Blas, un aterrizaje suave para ir poniendo las piernas en forma después del parón veraniego. La elección de ruta no fué fácil, uno venía superentrenado y con ganas de marcha, otro quejoso y con dolor de rodilla, y a otro le daba igual, os dejo que pongáis nombre a cada uno. Luego, como siempre, salieron las variantes, y prolongamos hasta Collado Ventana por un camino que recorre las faldas de la Hoya y que sólo el Sherpa conocía. Como veréis, los paisajes son de los que piden ser puestos como fondo de pantalla.

A las 8,15 salió el menguado pelotón bordeando el camping de la Fresneda, que ya no es camping sino pastadero de vacas, ha debido quebrar y tiene dentro una familia de okupas. El día  era soleado pero no caluroso, olía a heno mojado, vamos, que estaba estupendo para la bici. Los caminos bastante secos y polvorientos pero ha debido llover algo este agosto, la ración de polvo a tragar no era excesiva. Cogimos la ruta en dirección contraria a la habitual, empezando la subida por la izquierda una vez pasado el vado donde Ignacio hizo aquella caída tan divertida. Esta vez en vez de mojarse se hubiera machacado las rodillas, porque el cauce estaba reseco y lleno de cantos. Bastantes moras maduras por los zarzales, Nico aprendía del oso y se las iba comiendo para tomar fuerzas, con las Gayubas no se atrevía, eso debe de saber fatal.

Como todo el mundo sabe, la subida es contínua y no demasiado matadora, salvo en los cuatro tramos de entrada al pinar que debió diseñar un caminero loco, por lo jodido de las rampas y el pésimo firme de piedras. Nadie echó pie a tierra, y se demostró que lo de la rodilla dolorida era bastante cuento, nadie se quedó atrás. Llegamos al collado holgados de tiempo y con ganas de más marcha, así que pese a las protestas de Rafa decidimos prolongar un poco por un camino que sale a la izquierda y que se adentra en la Hoya, y la recorre por la falda hasta llegar al límite con La Pedriza. Yo no había ido nunca, el paisaje es bonito y las rampas soportables, y prolonga esta ruta hasta hacerla bastante respetable. A mitad de camino Rafa se quedó a echar su ya tradicional siesta, y los demás seguimos hasta el Collado, que hace honor a su nombre con unas bonitas vistas sobre el valle, los pantanos y las formaciones de granito de la Pedriza. Hay allí un comedero de buitres que tenía una vaca reseca, no debía de estar apetitosa porque faltaban los comensales. En una praderita había un peculiar Puesto de Vigilancia Forestal que parecía pensado para todo menos para la vigilancia: campito de voleibol, cocinita, paellera y olla, mesa de comer con bancos… Vamos, que nos apuntábamos todos a unos atardeceres de vigilancia estresante alrededor de la hoguera y bajo las estrellas.

A la vuelta vimos que Rafa no nos había esperado y había seguido hasta el cruce, así que empezamos esa bajada pedregosa también con ganas de recuperar las sensaciones de hacer el cabra. Como resultado, pellizco en mi rueda delantera y reventón, para que el dia fuera completo. Pasaron unos elegantes en sus caballos y nos miraban desde arriba como con displicencia, ellos no se cansan ni tienen averías.

Por supuesto en la bajada perdimos a Rafa que se iba adelantando en todos los cruces, parece que ha vuelto con ganas de disputarme el título de Más Desorientado, le volvimos a encontrar en los coches adonde había llegado haciendo mucha carretera. Al final 41 kms y una subida de unos 800 mts (nos faltaban los del GPS), una ruta bastante exigente, para ser la del aterrizaje suave…