Bicicleta de Montaña24 September 2007

La serpiente multicolorY ya era hora de que así fuera. He estado haciendo un poco de hemeroteca, y veo que al menos desde el 18 de junio (dia aciago de rutilla vergonzosa por el Rio Moros), el modo de comenzar los artículos era invariablemente el mismo: queja por lo vagos que están los ciclistas, por la relajación general de las costumbres y porque aquí solo pedalean cuatro. Ayer el pelotín volvió a convertirse en pelotón y daba gusto verlo por esos caminos, tanto que no me he resistido a ponerlo como portada. Se acabó definitivamente el verano y volvió la gente a sus deberes, no había rollos de bacon, o había camisetas lo suficientemente holgadas como para disimularlos. Diego se marcó el detalle y nos regaló un CD hecho por su hermano Raúl (cómo se parecen ahora que veo foto), recogiendo el mítico fin de semana en Cazorla, con mapas Google y todo. Está bien chulo.

Se eligió quedar en Braojos, un pueblo al pie de la Horizontal que da mucho juego, porque se pueden hacer rutas más o menos duras según las ganas y la preparación del personal. Al menos cuatro de los presentes llevaban como dos meses sin tocar una bici, así que se optó por algo no muy duro: Braojos- Peña Quemada-Linera y vuelta. Nos vimos junto a la iglesia casi amaneciendo, el pueblo era nuevo para Ale y Juannillo, claro que para ellos casi todo es nuevo. Juan y Nico traían los ojillos casi cerrados, pero por causas distintas: el primero no se había acostado, disfrutando de "La II Noche en Blanco de Madrid" (dice que nada del otro mundo), y Nico en cambio traía una conjuntivitis vírica que le ha traído su hija desde Brasil, qué regalo más majo. Dice que por las mañanas necesita una espátula para abrir los ojos, pero no le dejamos seguir contando, acabábamos de desayunar. Juan ha decidido pasarse a los ciclistas serios y le ha extirpado a su bici la pata de cabra, la de Ale es ya la única que va cargando con ese humillante apéndice.

La gente fué saliendo por las calles y enseguida se oyeron ladridos y griterío: hay un perrajo cabrón en el pueblo que ha cogido la costumbre de apostarse tras una esquina para morder los tobillos a los ciclistas. Le eché una foto estupenda, enseñando solo el hocico y un ojo mientras me esperaba taimado, pero no se porqué no salió. Lo sentí, porque hubiera ido de cabecera del artículo. Salida por los bajos del pueblo y enseguida las primeras zetas que te hacen subir piñones, Ale ha aprendido a hacerlo, esta vez no dobló platos. En las eras había bastantes ovejas y un pastor muy majete. Encontramos pastores a menudo, y la falta de conversación los hace de dos tipos: unos se acostumbran al silencio y no quieren trato, otros no se resignan y pegan la hebra que es un gusto. Este era del tipo supercomunicativo, se dejó echar la foto y dijo que pusiera que es el Pastor de Braojos. Dicho queda.

Al rato se entra en la parte de bosque, esa subida es realmente bonita: va paralela al río y está toda arbolada de robles y pinos, pero el terreno es algo abierto y se ven muchos helechos y arbustos. El sábado había llovido en abundancia, así que los caminos ya no estaban polvorientos, sino con el grado justo de humedad que hace que la bici se agarre, sin llegar a formar barro. Olía de maravilla, tanto que yo pregunté si alguno había tenido el buen detalle de afeitarse para venir a la bici, y no era así: era natural. En ese momento me quedé sin pila en la cámara y me acordé de mi hijo, que me ha llenado la tarjeta de fotos con flash de un muñequito de plástico desde varios ángulos: él es un artista. A partir de aquí, el responsable gráfico es Juannillo.

Llegando ya arriba del puerto notamos un fuerte olor a jaula del zoo, y pocos metros más adelante vimos que el terreno estaba todo levantado por las hozadas de los jabalíes. La zona los tiene en abundancia, tanto que una vez hace dos años levantamos una piara como de 25 que se vinieron un rato gruñendo y corriendo por delante, por detrás y cruzando por enmedio, fué un rato de emoción y peligro. Una vez aquí elegimos el cortafuegos y ya fuimos por la cresta hasta Peña Quemada, donde paramos para comer. Alejandro marcó un hito más en la escalada de caterings originales, y sacó seis quesos frescos Burgo de Arias, uno para cada uno. Así se hacen amigos. No tenía en cambio platitos y cucharitas, así que tuvimos que comerlos hozando, como los jabalíes.

Un rato más juntos y enseguida le entraron a Rafa los agobios de volver al aperitivo, y yo me tuve que amoldar. porque iba en su coche. Allí les dejamos y cogimos la larga bajada, verdaderamente gozosa con el piso húmedo. En resumen nosotros unos 650 mts y 30 kms. Los demás se quedaron negociando sobre si bajar a Prádena de Segovia, con su famoso sabinar (opción dura, luego hay que volver a subir), o seguir hasta el monte Linera, que tiene solo algún repecho más. Decidieron lo segundo, que tras tanto tiempo parados no hay que tentar la suerte, y llegaron a los 38 kms y 750 mts.

En fin, esta fué más bien una etapa de transición, lo importante era reencontrarse y coger forma, para volver a salir en grupo nutrido, como en los viejos tiempos…

Bicicleta de Montaña17 September 2007

La conversión de SauloBueno, en esta época el paisaje está bastante seco, pero el título no es por eso, sino porque llevamos una racha en la que a duras penas conseguimos juntar tres ciclistas para mantener la actividad dominical. Primero hablábamos del núcleo duro (6 o 7), luego  hubo que hablar de núcleo granítico (4 o 5), y últimamente nos estamos quedando en el mismísimo diamante (2 o 3). Como sin duda volverán los buenos tiempos y volveremos a juntar a ocho o diez en una excursión de varios dias, recordaremos los domingos post-verano como la travesía del desierto.

Los auténticos beduinos, esos que encuentran placer en la sed y el sufrimiento, los que no se dejan ablandar por la cama, la piscina, las motos o los banquetes de boda, se volvieron a juntar el domingo para hacer una ruta inédita para el blog, no para los ciclistas, que la han hecho ya cienes de veces: la subida al chorro de San Mamés. Para los que no recuerden, es la ruta famosa por la anécdota de las gafas del Sherpa: se bajó al río a beber y las gafas se le cayeron y se fueron rio abajo. Otro hubiera renunciado a ellas y aprovechado para cambiar de modelo, pero él se remangó las canillas y se metió en el agua, y se tiró como media hora levantando piedras, hasta que halló un cristal. Le sacamos del rio y se vino, pero tenía el asunto en la cabeza, así que el sábado siguiente volvió a subirse la montaña en bici y a echarse a bucear, hasta que salió con el otro cristal y la montura. En fin, qué ejemplo, a nuestros abuelos les hubiera encantado, a nuestros hijos les parecería más bien que le falta un tornillo, los tiempos están cambiando y no es para mejor.

Salimos a eso de las 8,15 de Lozoya, desde el restaurante-pajar que hay a la salida y en el que te clavan. Nada más salir hice unas fotos del pantano fantasmal subido en un muro, pero los muros allí son de piedra redonda y sin argamasa, así que se deshizo encima de mis pies y me dejó el dedo grodo bien morado para toda la ruta. Traía idea de reconstruirlo a la vuelta, pero se me olvidó.

El camino va subiendo por todo un valle lateral al principal (el del Lozoya), y atraviesa dos pueblos, Navarredonda y San Mamés. Comienza con pastos abiertos, robledal y pinar, subiendo a la vista del pantano. Las primeras rampas son muy duras y te dejan ya caliente para el resto de la jornada. Estos pueblos están cada dia mejor cuidados y restaurados, mucho madrileño ha cogido allí una casita o pajar como segunda residencia. A esas horas tempraneras huele a hoguerita y desayuno y da gusto andar por ellos, así que nos metimos dentro y bajamos hasta el ayuntamiento. Se sale por las eras polvorientas (ahora) y se toma el camino que hace unas rampas en curva famosas, son una prueba de técnica y de pierna. Luego llegas a la fábrica de quesos de cabra artesanos, han puesto un corral con cabras lustrosas para que el turista las vea y se crea que la leche sale de allí.

En vez de subir directamente hasta La Horizontal seguimos a la derecha en dirección a Braojos, para buscar nuevos caminos. Fué buena idea porque encontramos uno bien fresco y sombrío que tira para arriba, siempre por bosque. El sol entraba por las copas y hacía extraños efectos, como el que se ve en la foto: también pudo ser un segundo intento de abducir a Ignacio, pero se ve que como esta vez iba acompañado los alienígenas se cortaron. Aunque íbamos a buen ritmo había tiempo para charlar, así que Ignacio sacó su formación clásica y nos contó la cosa de las Aporías de Zenón, un tema que bien explicado resulta entretenido. A media ladera encontramos unas vacas y el ganadero, que les estaba echando sal, nos orientó sobre cómo subir hasta el chorro por la nueva ruta.

Al llegar arriba, y como con las extensiones llevábamos ya buena paliza y mal horario, seguimos por la horizontal baja y renunciamos a seguir hasta la verdadera Horizontal, otro dia nos pillará con más ganas. Al final y con la variante tuvimos una buena ruta de 37 kms y 1030 mts de desnivel, suficiente para los beduinos que están haciendo la travesía del desierto… 

Bicicleta de Montaña10 September 2007

Destrozos ciclistasEsta vez sí que va en sentido literal, se reincorporaba al grupo Ignacio después de pasar su recuperación de un duro aterrizaje que tuvo durante las vacaciones, mientras bajaba del Collado de los Pastores en La Pedriza. Lo primero pues fué saludar y felicitar por verle recuperado, y examinar el casco y las mataduras ya cicatrizadas. Como se ve en la foto, tuvo que ser un auténtico hostión (perdón a los católicos, no se me ocurre palabra más apropiada). Lo curioso es que no recuerda el momento, tiene un paréntesis mental desde que se veía bajando tan tranquilo, hasta que se vió 5 kms y 20 minutos más abajo, con el cuerpo lleno de mataduras y el casco hecho polvo pero aún subido en la bici. En ese lapso de tiempo y distancia pudo pasar de todo: que se desmayó en marcha, o que la caida le produjo amnesia parcial, o que los extraterretres le abdujeron y le dieron una paliza para después devolverle con bici y todo. En fín, seguramente nunca se sabrá. Eso sí, el tema ha servido para que nuestras respectivas parejas nos riñan y nos recuerden que ya no somos unos chavales.

Salimos pues cuatro ciclistas, uno de ellos recién bendecido por cardiólogos y matasanos en general, y todos con la voluntad de hacer una ruta tranquila, no sobrepasarse y bajar con mucho cuidadín, que el vecino aún tenía las barbas peladas. Salida de Cercedilla a las 8,15 para subir la carretera de La República, Fuentelareina, extensión hasta la carreterita de Valsaín y vuelta otra vez. Al final fueron 42 kms y 960 mts de ascensión.

Como el ritmo era tranquilo, hubo tiempo para comentar muchas cosas, el trabajo, la familia y todo eso. Como a 2 kms del mirador de V.A. Nico y yo nos pusimos a rafear para ver quién coronaba antes, había que darle a aquello un poco de emoción. Todo el mundo bien hasta arriba, y también hasta el cruce de la calzada romana y la Fuente de la Reina. Los que íbamos controlando bajamos por el ramal de la izquierda que pasa varias fuentes y las ruinas del convento de Casarás, el que siempre se adelanta a lo loco se lo perdió. Como se ha dicho, ritmo bastante tranquilo y comida a menudo, en dos o tres sitios. Creo que ya he dicho alguna vez que esta zona está cuidadísima, los caminos limpios, los puentecitos y fuentes con la albañilería perfecta, muchos carteles por todos sitios explicando cualquier cosa que merezca la pena saber.

Gracias a uno de esos carteles reparamos, algo más allá de la Fuente de la Reina, en las ruinas de la que fué una gran Venta, poco más abajo del convento de Casarás. Hace unos siglos debió de estar aquello muy animado: la venta para pecar y en convento para arrepentirse. El largo y peligroso viaje entre Madrid y Segovia exigía hacer noche en el camino, y daba tiempo para todo.

La bajada a la otra vertiente se hizo por el ramal que sale a la derecha de la carretera de Valsaín, y que es camino de Santiago (más carteles). Subimos luego de nuevo por la carretera, admirando como siempre los grandes pinos, la zona es un ejemplo de explotación racional: siempre hay troncos preparados para recoger, pero el pinar siempre parece igual de espeso.

El camino de vuelta estaba muy concurrido: ciclistas, senderistas y vacas formaban de cuando en cuando un tapón dificil de pasar y había que ir a paso de tortuga y con mil ojos. Tanto es así que en el mirador  decidimos dejar la ruta principal y bajar a Cercedilla por un camino trialero nuevo para todos, menos para Nico el parrao, claro. El sendero es muy pino y pedregoso, lo hicimos despacito y con cuidado. Iba yo trabajando el manillar, gozando la suspensión, vamos, gustándome en la faena y pensando "no se puede hacer mejor", cuando oí detrás ¡POR LA IZQUIERDA VAMOS!, me tiré a los pinos y me pasaron tres bestias federados, que bajaban a mil jugándose la dentadura. En fin, cada uno según sus capacidades, sus ganas, y sus responsabilidades familiares.

Llegada por fin a los coches y despedidas, felicitando a Ignacio por haberse recuperado, física y mentalmente, de su aterrizaje duro…

Bicicleta de Montaña3 September 2007

Comida para BuitresNo es que alguien se haya caído en la bici y se haya hecho poco daño, el título viene porque se acabaron las vacaciones y después del parón nos reencontramos con la bici, entre otras muchas cosas menos agradables. La búsqueda entusiasta de voluntarios terminó con solo tres apuntados. Algunos siguen de vacaciones, reales o mentales, otros se sienten desentrenados (¿y cómo piensan arreglarlo?), Ignacio está con la revisión de los cincuentaytantosmil, otros por último siguen con la caraja del Camino, aún no se han recuperado. Pues eso, Nico Rafa y yo mismo quedamos para hacer la Hoya de San Blas, un aterrizaje suave para ir poniendo las piernas en forma después del parón veraniego. La elección de ruta no fué fácil, uno venía superentrenado y con ganas de marcha, otro quejoso y con dolor de rodilla, y a otro le daba igual, os dejo que pongáis nombre a cada uno. Luego, como siempre, salieron las variantes, y prolongamos hasta Collado Ventana por un camino que recorre las faldas de la Hoya y que sólo el Sherpa conocía. Como veréis, los paisajes son de los que piden ser puestos como fondo de pantalla.

A las 8,15 salió el menguado pelotón bordeando el camping de la Fresneda, que ya no es camping sino pastadero de vacas, ha debido quebrar y tiene dentro una familia de okupas. El día  era soleado pero no caluroso, olía a heno mojado, vamos, que estaba estupendo para la bici. Los caminos bastante secos y polvorientos pero ha debido llover algo este agosto, la ración de polvo a tragar no era excesiva. Cogimos la ruta en dirección contraria a la habitual, empezando la subida por la izquierda una vez pasado el vado donde Ignacio hizo aquella caída tan divertida. Esta vez en vez de mojarse se hubiera machacado las rodillas, porque el cauce estaba reseco y lleno de cantos. Bastantes moras maduras por los zarzales, Nico aprendía del oso y se las iba comiendo para tomar fuerzas, con las Gayubas no se atrevía, eso debe de saber fatal.

Como todo el mundo sabe, la subida es contínua y no demasiado matadora, salvo en los cuatro tramos de entrada al pinar que debió diseñar un caminero loco, por lo jodido de las rampas y el pésimo firme de piedras. Nadie echó pie a tierra, y se demostró que lo de la rodilla dolorida era bastante cuento, nadie se quedó atrás. Llegamos al collado holgados de tiempo y con ganas de más marcha, así que pese a las protestas de Rafa decidimos prolongar un poco por un camino que sale a la izquierda y que se adentra en la Hoya, y la recorre por la falda hasta llegar al límite con La Pedriza. Yo no había ido nunca, el paisaje es bonito y las rampas soportables, y prolonga esta ruta hasta hacerla bastante respetable. A mitad de camino Rafa se quedó a echar su ya tradicional siesta, y los demás seguimos hasta el Collado, que hace honor a su nombre con unas bonitas vistas sobre el valle, los pantanos y las formaciones de granito de la Pedriza. Hay allí un comedero de buitres que tenía una vaca reseca, no debía de estar apetitosa porque faltaban los comensales. En una praderita había un peculiar Puesto de Vigilancia Forestal que parecía pensado para todo menos para la vigilancia: campito de voleibol, cocinita, paellera y olla, mesa de comer con bancos… Vamos, que nos apuntábamos todos a unos atardeceres de vigilancia estresante alrededor de la hoguera y bajo las estrellas.

A la vuelta vimos que Rafa no nos había esperado y había seguido hasta el cruce, así que empezamos esa bajada pedregosa también con ganas de recuperar las sensaciones de hacer el cabra. Como resultado, pellizco en mi rueda delantera y reventón, para que el dia fuera completo. Pasaron unos elegantes en sus caballos y nos miraban desde arriba como con displicencia, ellos no se cansan ni tienen averías.

Por supuesto en la bajada perdimos a Rafa que se iba adelantando en todos los cruces, parece que ha vuelto con ganas de disputarme el título de Más Desorientado, le volvimos a encontrar en los coches adonde había llegado haciendo mucha carretera. Al final 41 kms y una subida de unos 800 mts (nos faltaban los del GPS), una ruta bastante exigente, para ser la del aterrizaje suave…