Prietas las FilasConvocados a la gran ruta de despedida de la temporada acudimos Nico, Diego (no había F1), Jose y yo mismo, a cerrar el curso con nota en una ruta de las consideradas top del circuito, la de Montañas Nevadas, es decir, Escorial-Cruz de los Caídos-Jarosa-Puerto del León-Peguerinos-Puerto de Malagón-Escorial. Son en total 54 kms y 1.300 de ascensión, como digo una de las gordas. El responsable de la elección fué Jose, que llevaba mes y medio sin montar pero quería pasar las vacaciones sin remordimientos, con la sensación del deber cumplido. Anduvo sufriendo bastante pero al final cumplió como un campeón, y aún llegamos a casa en el tiempo de descuento.

El título del artículo viene a cuento del dia que tuvimos, seguramente uno de los más calurosos del año. Por Madrid rondaban los 40º, pero allí arriba no pasamos de los 30, lo cual es mucho para andar subiendo cuestas a pedal. Dicen que un beduino que encuentra un dátil puede sobrevivir tres dias, el primero come la piel, el segundo la pulpa y el tercero machaca el hueso y hace una sopa. Nosotros, occidentales glotones de agua y recursos duraríamos con un dátil quizá unos diez minutos, y todo este rollo viene porque el domingo quise por curiosidad medir la cantidad de agua que consumo en un dia caluroso. Llevé el camelback a tope, 2 litros largos. Rellené en fuentes por el camino digamos que otro litro y medio, y pese a que no paré de beber en toda la ruta al llegar a casa había perdido 1,5 kgs., que recuperé a base de beber toda la tarde, como otro litro y medio. En definitiva, consumí en un día 5 litros, aparte de lo que va con la comida. Y todo fué a evaporación, porque no fuí al baño ni una sola vez (ni al arbusto)… Pero es que subiendo por las cuestas notabas cómo el vapor te salía de la piel en nubes.

Comenzamos en el Tomillar como siempre, a las 8 ya hacía calor. Durante la subida a La Penosilla encontramos mucha gente del pueblo estirando las piernas, como haciendo el ejercicio del dia con la fresca mañanera para encerrarse luego en casa. Los turistas llegaron luego, esos sí se lo montan peor. Arriba de La Penosilla encontramos un tío trabajando con una gran excavadora muy extraña, de solo dos ruedas. No estaba destrozando el monte, al contrario, hacía agujeros para repoblar los pinos del incendio. El camino del Bogavante estaba allanado y lleno de polvo, pero al menos es bajada. Unos metros más allá cometimos nuestro primer delito del dia, saltando la valla del Patrimonio Nacional para colarnos en la zona de Cuelgamuros y pasar por detrás de la Cruz de los Caídos. En esa subida Jose tuvo avería, pero no era alejándrica, solo la cadena que saltaba de un piñón a otro. El otro truco Machaca para arreglar averías: si no sabes lo que pasa gira todos los tornillos un cuarto de vuelta. Si no lo arreglas, es que se te ha olvidado algún tornillo. Funcionó y pudimos seguir adelante.

Desembocamos en la subida de La Jarosa y seguimos penando, por suerte el camino va a la sombra como en un 80%. Llegamos a la zona de la portada del Blog, que no es donde cree Ignacio, sino mucho más arriba, unos 300 mts antes de llegar a la carretera del alto de la Mina. El pino emblemático sigue allí. Las últimas rampas de tierra son difíciles y yo me caí y tiré a Diego, pero lo hice con elegancia, haciendo un caballito. Ya en la carreterilla que une el puerto del León con Peguerinos tuvimos oportunidad de maldecir a Esperanza Aguirre (pasamos del amor al odio con mucha facilidad), que ha quitado la valla que cerraba este camino desde el puerto del León: era una peregrinación de coches levantando polvo y piedras. Ya en el collado de La Mina hicimos dos grupos y nos despedimos: los sobraos Nico y Diego siguieron para llegar pronto a casa, y Jose y yo fuimos más lento. Jose estuvo pensando darse la vuelta por la carretera (rajada tipo Rafa), pero le pudo el pundonor de completar ruta, así pasará un verano tranquilo con la satisfacción del deber cumplido.

La bajada del puerto de Malagón, que siempre me da mala espina con sus solisombras y baches traidores (allí dejé hace dos años parte de la piel), extrañamente tranquila, con muy pocos coches: el que no ha subido temprano está ya encerrado el Madrid con el aire acondicionado. Bajada larga y refrescante y llegamos al coche con buen horario, quizá no mucho después que los dos aventajados.

Así se cierra el curso 2006/2007, nos veremos en septiembre más morenos y seguramente más deprimidos, hasta entonces, buen verano a todos…