Domingo 22 de julio. Sic transit gloria mundi.
Lo primero de todo, felicidades a los Machacas preregrinos Ale y Juannillo y al peregrino pintor, que han logrado completar la ruta del norte con gran cansancio y dolor de culamen. Ayer estaban en Santiago y mañana estarán otra vez encadenados a la mesa de la ofi preguntándose si estuvieron de veras 9 dias sin bajarse de la bici o solo lo soñaron. Sic transit, pero yo no lo decía por eso, como luego se verá.
Por nuestra parte, mantuvimos el pabellón en estos meses de estío ciclista, pocos se animan, algunos ni abren el blog, unos deben de estar flotando en el mar entre medusas, otros se han pasado a la moto, otro eligió la rajada salvaje para pasarse la mañana del domingo haciendo de dominguero, es decir, flotando en su piscina atracándose de cervezonas. Cuando llegue septiembre algunos no van a aprobar, que el rollo de bacon en la cintura se gana rápido y se pierde lento, o ya no se pierde nunca. En fin el nuevo curso va a tener para algunos un comienzo muy cuesta arriba, y nunca mejor dicho.
Quedamos en Alameda Nico y yo con Ignacio, nosotros viajando allí en un solo coche (nos juntamos en Diversia), él allí como residente, ya se ha mudado a sus pabellones de verano. Nos tenemos el valle del Lozoya más que pateado, pero el desafío era encontrar una ruta nueva o al menos poco conocida. Antes de nada decir que me perdí entrando al Diversia, porque si no lo digo alguien lo dirá por mí en su comentario. Como alquien me había echado el mal de ojo tomé la salida a Alcobendas pueblo, todo ese nudo de la A1 está fatal. Pese a ello llegamos en tiempo marcado a Alameda, donde ya nos esperaba Ignacio piafando en su máquina. El comienzo es remontando el valle hasta superar El Paular, y luego arriba para la montaña. No subimos por la carretera, sino por la red de caminos que hay entre ella y el río Lozoya, hay muchos y muy variados, todos paralelos al río. Los campos de heno estaban segados, y por allí iba Ignacio saludando a sus vecinos, había varios paseando. Al hacer las primeras fotos, problema: la cámara se ha abierto y han caido las pilas, vuelta a atrás a buscarlas, promesa a San Antonio, al final las encuentra Nico, que no suele fallar.
Cruzamos de nuevo la carretera y atacamos la subida por el camino del Palero, muy bonito, con varios puentecillos sobre los arroyos y a veces bastante trialero. Sube continuo hasta las alturas y termina al pie de Peñalara, con malos firmes y peores rampas: Ignacio llegó a medir con el GPS desniveles del 26%. Ibamos cada uno a nuestra suerte sufriendo, yo notando en el cogote el aliento del Sherpa, así que por motivos obvios hay pocas fotos de esa subida: en cuanto me paraba, me dejaba atrás. En la zona más alta el aire se refresca y hay buenos ejemplares de acebos y abedules, lo que indica que siempre está fresco y húmedo. Al fin llegamos a las praderas bajo la laguna de Peñalara, y nos sentamos a comer. El circo glaciar se ve arriba, y se veía también bastante gente peregrinando para ver la famosa charca. Otra vez para abajo, por el camino trialero que bordea el arroyo de la Laguna Grande, donde tuvimos un encuentro con una vaca morocha que nos hizo lo que no nos había hecho ninguna: se pegó una arrancada fiera contra Ignacio, bufando y echando los pies por delante, vamos tenía una embestida innoble y rebrincada, así que apretamos pedal y salimos corriendo. Aunque no tenía cuernos, no por eso imponía menos.
Tras un rato subiendo por la carretera de Cotos salimos de nuevo a las pistas y llegamos al cruce con el caminito que lleva a lo alto del arroyo Barondillo, con su famosísima mancha de tejos relictos. Habíamos pasado por aquí otras veces, pero con los apretones del tiempo nunca habíamos subido, y esta vez sí que traíamos pensado verlos. Tras una subida como de 1 km se llega al fin del camino, se abandonan allí las bicis y se baja andando por el cauce, hasta encontrar los primeros ejemplares. El tejo, árbol sagrado de los druidas celtas, es propio de climas fríos y húmedos, y verlos tan al sur es una rareza. Su crecimiento es muy lento, así que estos enormes ejemplares deben de tener varios cientos de años, seguramente algunos son milenarios (ved las fotos, impresionantes). Da mucho respeto pensar que algunos ya estaban ahí en la edad media, seguramente en esos tiempos subir hasta aquí era una aventura peligrosa, habría osos y lobos, mientras que ahora echamos un ratito con las bicis de montaña y hala, a toquitear los pobres tejos. Afortunadamente la zona sigue siendo poco conocida y aún no hay ninguna senda turística asfaltada para llegar. El estado de conservación de los árboles es variable, los más viejos tienen mucha madera muerta y solo algunas zonas verdes, pero más abajo del arroyo se ven otros más jóvenes en buen estado, pese al clima tan inapropiado.
Nos despedimos con respeto e iniciamos ya la franca bajada, alguno demostraba con su velocidad que se tenía bien trillados estos caminos. El paso por las zonas recreativas de El Paular, como siempre a esas horas, conplicado, con mucha gente de excursión con nevera y tal. Llegamos a Alameda por otro caminito estrecho y nuevo (¿pero cuántos hay?), despedida de Ignacio, tal vez hasta septiembre, y al coche.
Al final buena ruta, de 47 kms y 960 de subida, que hubiera merecido la pena aunque solo hubiera sido por ver y tocar los tejos, que te enseñan una buena lección: eres un vulgar mamífero de corta vida, sic transit gloria mundi…

Lo del sic transit ese viene a significar “no somos na, y en calzoncillos, menos”, ¿no?
Ya me quedan menos blogs por leer, arf, arf :oD
Un abrazo!
Comment by Ale — 24 July 2007 @ 7:44 pm