a mi bola por La Bola¿Qué puede ocurrir cuando Don Perdido y Don A Lo Mío hacen juntos una ruta? Claro, que acabe como el rosario de la aurora, por separado y sin la menor idea de dónde está el otro… Este domingo hubo debacle general, unos por sus pueblos, otros largos en el sofá viendo la tele, otros ni se sabe, que ni devuelven la llamada. Vamos, que el verano es muy malo y ya sabemos que es época valle en el entrenamiento del personal, pero que acudan a la cita solo dos ciclistas… Quedamos muy temprano frente al hotel de La Barranca, a las 8 ya estábamos allí, previendo el agobiante calor que luego sufrimos. La idea era tratar de hacer la famosa triple: Barranca-Calvario- Bola, un recorrido normalmente bueno para las calores porque va por bosque sombreado y con arroyitos y tal. Encontramos mucha gente durante todo el camino, a esta primera hora buenos montañeros y cantidad de corredores de maratón alpino (esos sí que están fatal, y no nosotros), a última hora y ya con todo el polvazo familias enteras con niños, perrito y nevera portátil llevada entre varios. Cuando vamos pocos parece que se impone más subir a buen ritmo y con la hora marcada, y así empezamos con muchas ganas. Se sabía que el rato perdido en paradas se iba a pagar luego en calores, así que subiemos hasta el alto de La Barranca en 38 minutos. Han rellenado los baches con una horrible mezcla de arena y guijarros, así que patinábamos hasta yendo sentados, pero todo parece poco cuando aún estás fresco. Un poquito de paisaje y bajada hasta el Ventorrillo para iniciar la subida del Calvario. El tramo sigue estando sombreado, pero no hay ni rastro de los arroyos del camino, y parece mentira, se sube en mejor equilibrio cuando hay agua y barro. Tras echar varias veces pie a tierra llegamos a Navacerrada aún temprano, comimos la manzana y arriba para la Bola. Han restaurado toda la subida, esta vez con un firme estupendo de hormigón rasposo y sin gota de polvo, la bici se agarra como sobre papel de lija. Aunque estábamos a 1.850 mts el sol ya pegaba de plano, y esta subida es la puntilla. Los peatones iban cortando las curvas por los caminitos y llegaban a la próxima más rápido que nosotros, resulta fastidioso. En la última curva antes de la cumbre han abierto un bareto con comidas superbaratas (huevos fritos con patatas 2,5 €), lo que no se es de dónde sacan el agua… Al fin llegué solo y con Rafa perdido y boqueando, tanto que creí que se daría la vuelta. El recorrido me había costado 2 horas y media. Aproveché para ver la parte de atrás de la instalación y hacer fotos de las antenas (a riesgo de que me detuviera la Guardia Civil), charlé con algún paseante y me dí un paseíto. Viendo que Rafa no había llegado pensé que se había dado la vuelta y me esperaba en el camino, o en el Puerto de Navacerrada. Hice lo que manda el manual, es decir, le llamé al móvil, pero claro, él había hecho lo que dice "su" manual, es decir, no llevarlo encima. Bajé preguntando a los ciclistas y nadie le había visto. Venía todo el club Mamoth, pero estaban bastante hechos polvo, salvo una chavala que iba la primera y les daba a todos sopas con honda. Llegada a Navacerrada y espera de 10 minutos, unas vueltas por el puerto, nada, ni rastro. Bajado por El Calvario, y viéndome sobrado, nueva subida a La Barranca. Ese fué mi error, la euforia inicial se me pasó rápido, terminé el agua, me resbalaba en el firme arenoso y a punto estuve de llegar empujando la bici. Por fin arriba inicié la bajada con muchísimo cuidado, familias enteras de domingueros acarreando su nevera, con los perros y los niños sueltos, vaya ganas de llegar al monte a las 12 horas a tragar polvo. Bajé hasta el coche y allí en una sombra estaba el Rafa. Además había violado la norma número uno, había llamado a casa. Todos los beteteros saben que el domingo por la mañana la familia y la montaña son dos mundos separados que no deben mezclarse, porque causas inquietud y no arreglas nada. Este hombre había pedido un móvil, había llamado a su mujer (no se sabe mi teléfono), ella a la mía y ya estaba todo el mundo con el mosqueo. En fin, abrí el coche y allí estaba el móvil de Rafa, cuidadosamente apagado y guardado en una bolsa. preguntándonos dónde habíamos estado descubrimos que habíamos andado como en camarote de los Hermanos Marx, el llegó a La Bola un rato después que yo y se puso a darle la vuelta, mientras yo salía para abajo, debimos estar juntos en el puerto pero cada uno por su lado, bajó por la carretera y me adelantó (yo estaba en el Calvario), y me perdió definitivamente en La Barranca, pues se fué por abajo. En fin, hicimos una ruta solitaria pero deportivamente dura, con muchísimo calor y como era de esperar, cada uno a su bola…