Bicicleta de Montaña30 July 2007

Prietas las FilasConvocados a la gran ruta de despedida de la temporada acudimos Nico, Diego (no había F1), Jose y yo mismo, a cerrar el curso con nota en una ruta de las consideradas top del circuito, la de Montañas Nevadas, es decir, Escorial-Cruz de los Caídos-Jarosa-Puerto del León-Peguerinos-Puerto de Malagón-Escorial. Son en total 54 kms y 1.300 de ascensión, como digo una de las gordas. El responsable de la elección fué Jose, que llevaba mes y medio sin montar pero quería pasar las vacaciones sin remordimientos, con la sensación del deber cumplido. Anduvo sufriendo bastante pero al final cumplió como un campeón, y aún llegamos a casa en el tiempo de descuento.

El título del artículo viene a cuento del dia que tuvimos, seguramente uno de los más calurosos del año. Por Madrid rondaban los 40º, pero allí arriba no pasamos de los 30, lo cual es mucho para andar subiendo cuestas a pedal. Dicen que un beduino que encuentra un dátil puede sobrevivir tres dias, el primero come la piel, el segundo la pulpa y el tercero machaca el hueso y hace una sopa. Nosotros, occidentales glotones de agua y recursos duraríamos con un dátil quizá unos diez minutos, y todo este rollo viene porque el domingo quise por curiosidad medir la cantidad de agua que consumo en un dia caluroso. Llevé el camelback a tope, 2 litros largos. Rellené en fuentes por el camino digamos que otro litro y medio, y pese a que no paré de beber en toda la ruta al llegar a casa había perdido 1,5 kgs., que recuperé a base de beber toda la tarde, como otro litro y medio. En definitiva, consumí en un día 5 litros, aparte de lo que va con la comida. Y todo fué a evaporación, porque no fuí al baño ni una sola vez (ni al arbusto)… Pero es que subiendo por las cuestas notabas cómo el vapor te salía de la piel en nubes.

Comenzamos en el Tomillar como siempre, a las 8 ya hacía calor. Durante la subida a La Penosilla encontramos mucha gente del pueblo estirando las piernas, como haciendo el ejercicio del dia con la fresca mañanera para encerrarse luego en casa. Los turistas llegaron luego, esos sí se lo montan peor. Arriba de La Penosilla encontramos un tío trabajando con una gran excavadora muy extraña, de solo dos ruedas. No estaba destrozando el monte, al contrario, hacía agujeros para repoblar los pinos del incendio. El camino del Bogavante estaba allanado y lleno de polvo, pero al menos es bajada. Unos metros más allá cometimos nuestro primer delito del dia, saltando la valla del Patrimonio Nacional para colarnos en la zona de Cuelgamuros y pasar por detrás de la Cruz de los Caídos. En esa subida Jose tuvo avería, pero no era alejándrica, solo la cadena que saltaba de un piñón a otro. El otro truco Machaca para arreglar averías: si no sabes lo que pasa gira todos los tornillos un cuarto de vuelta. Si no lo arreglas, es que se te ha olvidado algún tornillo. Funcionó y pudimos seguir adelante.

Desembocamos en la subida de La Jarosa y seguimos penando, por suerte el camino va a la sombra como en un 80%. Llegamos a la zona de la portada del Blog, que no es donde cree Ignacio, sino mucho más arriba, unos 300 mts antes de llegar a la carretera del alto de la Mina. El pino emblemático sigue allí. Las últimas rampas de tierra son difíciles y yo me caí y tiré a Diego, pero lo hice con elegancia, haciendo un caballito. Ya en la carreterilla que une el puerto del León con Peguerinos tuvimos oportunidad de maldecir a Esperanza Aguirre (pasamos del amor al odio con mucha facilidad), que ha quitado la valla que cerraba este camino desde el puerto del León: era una peregrinación de coches levantando polvo y piedras. Ya en el collado de La Mina hicimos dos grupos y nos despedimos: los sobraos Nico y Diego siguieron para llegar pronto a casa, y Jose y yo fuimos más lento. Jose estuvo pensando darse la vuelta por la carretera (rajada tipo Rafa), pero le pudo el pundonor de completar ruta, así pasará un verano tranquilo con la satisfacción del deber cumplido.

La bajada del puerto de Malagón, que siempre me da mala espina con sus solisombras y baches traidores (allí dejé hace dos años parte de la piel), extrañamente tranquila, con muy pocos coches: el que no ha subido temprano está ya encerrado el Madrid con el aire acondicionado. Bajada larga y refrescante y llegamos al coche con buen horario, quizá no mucho después que los dos aventajados.

Así se cierra el curso 2006/2007, nos veremos en septiembre más morenos y seguramente más deprimidos, hasta entonces, buen verano a todos…

Bicicleta de Montaña24 July 2007

Absorbidos por el espíritu del TejoLo primero de todo, felicidades a los Machacas preregrinos Ale y Juannillo y al peregrino pintor, que han logrado completar la ruta del norte con gran cansancio y dolor de culamen. Ayer estaban en Santiago y mañana estarán otra vez encadenados a la mesa de la ofi preguntándose si estuvieron de veras 9 dias sin bajarse de la bici o solo lo soñaron. Sic transit, pero yo no lo decía por eso, como luego se verá. 

Por nuestra parte, mantuvimos el pabellón en estos meses de estío ciclista, pocos se animan, algunos ni abren el blog, unos deben de estar flotando en el mar entre medusas, otros se han pasado a la moto, otro eligió la rajada salvaje para pasarse la mañana del domingo haciendo de dominguero, es decir, flotando en su piscina atracándose de cervezonas. Cuando llegue septiembre algunos no van a aprobar, que el rollo de bacon en la cintura se gana rápido y se pierde lento, o ya no se pierde nunca. En fin el nuevo curso va a tener  para algunos un comienzo muy cuesta arriba, y nunca mejor dicho.

Quedamos en Alameda Nico y yo con Ignacio, nosotros viajando allí en un solo coche (nos juntamos en Diversia), él allí como residente,  ya se ha mudado a sus pabellones de verano. Nos tenemos el valle del Lozoya más que pateado, pero el desafío era encontrar una ruta nueva o al menos poco conocida. Antes de nada decir que me perdí entrando al Diversia, porque si no lo digo alguien lo dirá por mí en su comentario. Como alquien me había echado el mal de ojo  tomé la salida a Alcobendas pueblo, todo ese nudo de la A1 está fatal. Pese a ello llegamos en tiempo marcado a Alameda, donde ya nos esperaba Ignacio piafando en su máquina. El comienzo es remontando el valle hasta superar El Paular, y luego arriba para la montaña. No subimos por la carretera, sino por la red de caminos que hay entre ella y el río Lozoya, hay muchos y muy variados, todos paralelos al río. Los campos de heno estaban segados, y por allí iba Ignacio saludando a sus vecinos, había varios paseando. Al hacer las primeras fotos, problema: la cámara se ha abierto y han caido las pilas, vuelta a atrás a buscarlas, promesa a San Antonio, al final las encuentra Nico, que no suele fallar.

Cruzamos de nuevo la carretera y atacamos la subida por el camino del Palero, muy bonito, con varios puentecillos sobre los arroyos y a veces bastante trialero. Sube continuo hasta las alturas y termina al pie de Peñalara, con malos firmes y peores rampas: Ignacio llegó a medir con el GPS desniveles del 26%. Ibamos cada uno a nuestra suerte sufriendo, yo notando en el cogote el aliento del Sherpa, así que por motivos obvios hay pocas fotos de esa subida: en cuanto me paraba, me dejaba atrás. En la zona más alta el aire se refresca y hay buenos ejemplares de acebos y abedules, lo que indica que siempre está fresco y húmedo. Al fin llegamos a las praderas bajo la laguna de Peñalara, y nos sentamos a comer. El circo glaciar se ve arriba, y se veía también bastante gente peregrinando para ver la famosa charca. Otra vez para abajo, por el camino trialero que bordea el arroyo de la Laguna Grande, donde tuvimos un encuentro con una vaca morocha que nos hizo lo que no nos había hecho ninguna: se pegó una arrancada fiera contra Ignacio, bufando y echando los pies por delante, vamos tenía una embestida innoble y rebrincada, así que apretamos pedal y salimos corriendo. Aunque no tenía cuernos, no por eso imponía menos.

Tras un rato subiendo por la carretera de Cotos salimos de nuevo a las pistas y llegamos al cruce con el caminito que lleva a lo alto del arroyo Barondillo, con su famosísima mancha de tejos relictos. Habíamos pasado por aquí otras veces, pero con los apretones del tiempo nunca habíamos subido, y esta vez sí que traíamos pensado verlos. Tras una subida como de 1 km se llega al fin del camino, se abandonan allí las bicis y se baja andando por el cauce, hasta encontrar los primeros ejemplares. El tejo, árbol sagrado de los druidas celtas, es propio de climas fríos y húmedos, y verlos tan al sur es una rareza. Su crecimiento es muy lento, así que estos enormes ejemplares deben de tener varios cientos de años, seguramente algunos son milenarios (ved las fotos, impresionantes). Da mucho respeto pensar que algunos ya estaban ahí en la edad media, seguramente en esos tiempos subir hasta aquí era una aventura peligrosa, habría osos y lobos, mientras que ahora echamos un ratito con las bicis de montaña y hala, a toquitear los pobres tejos. Afortunadamente la zona sigue siendo poco conocida y aún no hay ninguna senda turística asfaltada para llegar. El estado de conservación de los árboles es variable, los más viejos tienen mucha madera muerta y solo algunas zonas verdes, pero más abajo del arroyo se ven otros más jóvenes en buen estado, pese al clima tan inapropiado.

Nos despedimos con respeto e iniciamos ya la franca bajada, alguno demostraba con su velocidad que se tenía bien trillados estos caminos. El paso por las zonas recreativas de El Paular, como siempre a esas horas, conplicado, con mucha gente de excursión con nevera y tal. Llegamos a Alameda por otro caminito estrecho y nuevo (¿pero cuántos hay?), despedida de Ignacio, tal vez hasta septiembre, y al coche.

Al final buena ruta, de 47 kms y 960 de subida, que hubiera merecido la pena aunque solo hubiera sido por ver y tocar los tejos, que te enseñan una buena lección: eres un vulgar mamífero de corta vida, sic transit gloria mundi…

Bicicleta de Montaña16 July 2007

Un violinista-ciclistaAntes de todo, un saludo para los dos Machacas (Alejandro y Juannillo) que se están haciendo el Camino de Santiago por  la costa, y han tenido un comienzo duro. Podéis leer su abundante producción periodística en dos sitios: http://ultreia.blogsome.com/  y http://www.espacio23.com/. Hay que reconocer que ambos tienen buena pluma. 

De nuevo en esta época de escasez de ciclistas, manteniendo el tipo con los pocos que no están de vacaciones. En esta ocasión, Nico y yo mismo, elegimos otro recorrido fresco y sombreado pero largo y duro, el de San Rafael-Espinar-Pinares Llanos-Collado del Hornillo. Como ya dije yendo solo dos se va muy rápido y se charla bastante, aunque está claro que mola más ir en grupo. Aparcamos donde siempre, junto al río y ya fuera del pueblo, para coger la senda de los pinares que cruza el monte hacia el pueblo del Espinar. Hay allí aparcadas tres grandes máquinas de asfaltar, esperemos que no sea para la carreterilla que sube, que bastantes coches hay ya. Nico traía la bici recién sacada del taller, y ya se sabe que eso siempre da problemas hasta que los cables se adaptan, etc. Tuvo problemas toda la subida, con la cadena saltando de un piñón a otro. Tras varias pruebas afinando la ruedecilla, al final lo arreglamos al modo Machaca: pones el pie en la rueda, agarras el desviador y le pegas un tirón hacia afuera, siempre funciona.

Como siempre en esta ruta, el momento más penoso es la subida por la senda de La Dehesa hasta el nacimiento del arroyo del Boquerón, en esta ocasión el camino estaba más pedregoso que nunca, tanto que costaba mantenerse de pie incluso en los tramos llanos. Pequeño percance arriba cuando Nico pisó una piedra y se fué al suelo delante de mi rueda. Yo no llevaba las manos en los frenos y le pasé por encima de la pierna, el parte fué de rozaduras, sin huesos rotos.

Las eras estaban ya bien segadas, y vimos muchos pájaros, algunos raros: varios alcaudones y un águila perdicera. Como a los dos nos gusta la cosa de la naturaleza y los pajaritos pasamos un buen rato mira-este-mira-aquél. Muchas vacas por el camino, lo que permitió a los ciclistas hacer carreras muy vistosas y de mérito. La comida en el cruce de caminos más arriba de la subida de las casamatas de la guerra, allí hay muchísimo panorama para mirar, corría una brisita muy agradable y había mucho silencio, vamos, para pasarse allí el verano.  Nos saltamos la desviación a la dura subida de Cueva Valiente, que estaba en la hoja de ruta, pero había prisa por comer en casa así que la dejamos para mejor ocasión. El pantanete a tope de agua, y muchos caminantes llegando desde el camping de Peguerinos.

Un rato más allá, comenzando a subir El Hornillo nos sorprendió oir música en el pinar, creímos que era uno más de los domingueros con transistor, pero al acercarnos vemos con sorpresa que era un ciclista-violinista, o al revés. Nos contó que está en el camping, y para no molestar se acerca con la bici al bosque y ensaya allí. Le pedimos un solo y nos tocó una pieza celta que daban ganas de echarse a bailar, realmente el tío tenía mucho nivel. Refrescados con el recital gratuíto (no pasó la gorra), afrontamos el último puerto, que realmente se atraganta.

La bajada a San Rafael cada uno por su lado, Nico por el camino ciclable y yo por el GR, que tiene unos piedrones de miedo, pero nada se resiste a mi estupenda suspensión delantera. Al final, una de las buenas con 47 kms y 1.000 mts de subida. En bici por la montaña se ve gente pa tó, pero nunca hubiéramos pensado que llegaríamos a escuchar un recital de violín…

Bicicleta de Montaña9 July 2007

a mi bola por La Bola¿Qué puede ocurrir cuando Don Perdido y Don A Lo Mío hacen juntos una ruta? Claro, que acabe como el rosario de la aurora, por separado y sin la menor idea de dónde está el otro… Este domingo hubo debacle general, unos por sus pueblos, otros largos en el sofá viendo la tele, otros ni se sabe, que ni devuelven la llamada. Vamos, que el verano es muy malo y ya sabemos que es época valle en el entrenamiento del personal, pero que acudan a la cita solo dos ciclistas… Quedamos muy temprano frente al hotel de La Barranca, a las 8 ya estábamos allí, previendo el agobiante calor que luego sufrimos. La idea era tratar de hacer la famosa triple: Barranca-Calvario- Bola, un recorrido normalmente bueno para las calores porque va por bosque sombreado y con arroyitos y tal. Encontramos mucha gente durante todo el camino, a esta primera hora buenos montañeros y cantidad de corredores de maratón alpino (esos sí que están fatal, y no nosotros), a última hora y ya con todo el polvazo familias enteras con niños, perrito y nevera portátil llevada entre varios. Cuando vamos pocos parece que se impone más subir a buen ritmo y con la hora marcada, y así empezamos con muchas ganas. Se sabía que el rato perdido en paradas se iba a pagar luego en calores, así que subiemos hasta el alto de La Barranca en 38 minutos. Han rellenado los baches con una horrible mezcla de arena y guijarros, así que patinábamos hasta yendo sentados, pero todo parece poco cuando aún estás fresco. Un poquito de paisaje y bajada hasta el Ventorrillo para iniciar la subida del Calvario. El tramo sigue estando sombreado, pero no hay ni rastro de los arroyos del camino, y parece mentira, se sube en mejor equilibrio cuando hay agua y barro. Tras echar varias veces pie a tierra llegamos a Navacerrada aún temprano, comimos la manzana y arriba para la Bola. Han restaurado toda la subida, esta vez con un firme estupendo de hormigón rasposo y sin gota de polvo, la bici se agarra como sobre papel de lija. Aunque estábamos a 1.850 mts el sol ya pegaba de plano, y esta subida es la puntilla. Los peatones iban cortando las curvas por los caminitos y llegaban a la próxima más rápido que nosotros, resulta fastidioso. En la última curva antes de la cumbre han abierto un bareto con comidas superbaratas (huevos fritos con patatas 2,5 €), lo que no se es de dónde sacan el agua… Al fin llegué solo y con Rafa perdido y boqueando, tanto que creí que se daría la vuelta. El recorrido me había costado 2 horas y media. Aproveché para ver la parte de atrás de la instalación y hacer fotos de las antenas (a riesgo de que me detuviera la Guardia Civil), charlé con algún paseante y me dí un paseíto. Viendo que Rafa no había llegado pensé que se había dado la vuelta y me esperaba en el camino, o en el Puerto de Navacerrada. Hice lo que manda el manual, es decir, le llamé al móvil, pero claro, él había hecho lo que dice "su" manual, es decir, no llevarlo encima. Bajé preguntando a los ciclistas y nadie le había visto. Venía todo el club Mamoth, pero estaban bastante hechos polvo, salvo una chavala que iba la primera y les daba a todos sopas con honda. Llegada a Navacerrada y espera de 10 minutos, unas vueltas por el puerto, nada, ni rastro. Bajado por El Calvario, y viéndome sobrado, nueva subida a La Barranca. Ese fué mi error, la euforia inicial se me pasó rápido, terminé el agua, me resbalaba en el firme arenoso y a punto estuve de llegar empujando la bici. Por fin arriba inicié la bajada con muchísimo cuidado, familias enteras de domingueros acarreando su nevera, con los perros y los niños sueltos, vaya ganas de llegar al monte a las 12 horas a tragar polvo. Bajé hasta el coche y allí en una sombra estaba el Rafa. Además había violado la norma número uno, había llamado a casa. Todos los beteteros saben que el domingo por la mañana la familia y la montaña son dos mundos separados que no deben mezclarse, porque causas inquietud y no arreglas nada. Este hombre había pedido un móvil, había llamado a su mujer (no se sabe mi teléfono), ella a la mía y ya estaba todo el mundo con el mosqueo. En fin, abrí el coche y allí estaba el móvil de Rafa, cuidadosamente apagado y guardado en una bolsa. preguntándonos dónde habíamos estado descubrimos que habíamos andado como en camarote de los Hermanos Marx, el llegó a La Bola un rato después que yo y se puso a darle la vuelta, mientras yo salía para abajo, debimos estar juntos en el puerto pero cada uno por su lado, bajó por la carretera y me adelantó (yo estaba en el Calvario), y me perdió definitivamente en La Barranca, pues se fué por abajo. En fin, hicimos una ruta solitaria pero deportivamente dura, con muchísimo calor y como era de esperar, cada uno a su bola…