Domingo 29 de julio. Sintiendo el verano.
Convocados a la gran ruta de despedida de la temporada acudimos Nico, Diego (no había F1), Jose y yo mismo, a cerrar el curso con nota en una ruta de las consideradas top del circuito, la de Montañas Nevadas, es decir, Escorial-Cruz de los Caídos-Jarosa-Puerto del León-Peguerinos-Puerto de Malagón-Escorial. Son en total 54 kms y 1.300 de ascensión, como digo una de las gordas. El responsable de la elección fué Jose, que llevaba mes y medio sin montar pero quería pasar las vacaciones sin remordimientos, con la sensación del deber cumplido. Anduvo sufriendo bastante pero al final cumplió como un campeón, y aún llegamos a casa en el tiempo de descuento.
El título del artículo viene a cuento del dia que tuvimos, seguramente uno de los más calurosos del año. Por Madrid rondaban los 40º, pero allí arriba no pasamos de los 30, lo cual es mucho para andar subiendo cuestas a pedal. Dicen que un beduino que encuentra un dátil puede sobrevivir tres dias, el primero come la piel, el segundo la pulpa y el tercero machaca el hueso y hace una sopa. Nosotros, occidentales glotones de agua y recursos duraríamos con un dátil quizá unos diez minutos, y todo este rollo viene porque el domingo quise por curiosidad medir la cantidad de agua que consumo en un dia caluroso. Llevé el camelback a tope, 2 litros largos. Rellené en fuentes por el camino digamos que otro litro y medio, y pese a que no paré de beber en toda la ruta al llegar a casa había perdido 1,5 kgs., que recuperé a base de beber toda la tarde, como otro litro y medio. En definitiva, consumí en un día 5 litros, aparte de lo que va con la comida. Y todo fué a evaporación, porque no fuí al baño ni una sola vez (ni al arbusto)… Pero es que subiendo por las cuestas notabas cómo el vapor te salía de la piel en nubes.
Comenzamos en el Tomillar como siempre, a las 8 ya hacía calor. Durante la subida a La Penosilla encontramos mucha gente del pueblo estirando las piernas, como haciendo el ejercicio del dia con la fresca mañanera para encerrarse luego en casa. Los turistas llegaron luego, esos sí se lo montan peor. Arriba de La Penosilla encontramos un tío trabajando con una gran excavadora muy extraña, de solo dos ruedas. No estaba destrozando el monte, al contrario, hacía agujeros para repoblar los pinos del incendio. El camino del Bogavante estaba allanado y lleno de polvo, pero al menos es bajada. Unos metros más allá cometimos nuestro primer delito del dia, saltando la valla del Patrimonio Nacional para colarnos en la zona de Cuelgamuros y pasar por detrás de la Cruz de los Caídos. En esa subida Jose tuvo avería, pero no era alejándrica, solo la cadena que saltaba de un piñón a otro. El otro truco Machaca para arreglar averías: si no sabes lo que pasa gira todos los tornillos un cuarto de vuelta. Si no lo arreglas, es que se te ha olvidado algún tornillo. Funcionó y pudimos seguir adelante.
Desembocamos en la subida de La Jarosa y seguimos penando, por suerte el camino va a la sombra como en un 80%. Llegamos a la zona de la portada del Blog, que no es donde cree Ignacio, sino mucho más arriba, unos 300 mts antes de llegar a la carretera del alto de la Mina. El pino emblemático sigue allí. Las últimas rampas de tierra son difíciles y yo me caí y tiré a Diego, pero lo hice con elegancia, haciendo un caballito. Ya en la carreterilla que une el puerto del León con Peguerinos tuvimos oportunidad de maldecir a Esperanza Aguirre (pasamos del amor al odio con mucha facilidad), que ha quitado la valla que cerraba este camino desde el puerto del León: era una peregrinación de coches levantando polvo y piedras. Ya en el collado de La Mina hicimos dos grupos y nos despedimos: los sobraos Nico y Diego siguieron para llegar pronto a casa, y Jose y yo fuimos más lento. Jose estuvo pensando darse la vuelta por la carretera (rajada tipo Rafa), pero le pudo el pundonor de completar ruta, así pasará un verano tranquilo con la satisfacción del deber cumplido.
La bajada del puerto de Malagón, que siempre me da mala espina con sus solisombras y baches traidores (allí dejé hace dos años parte de la piel), extrañamente tranquila, con muy pocos coches: el que no ha subido temprano está ya encerrado el Madrid con el aire acondicionado. Bajada larga y refrescante y llegamos al coche con buen horario, quizá no mucho después que los dos aventajados.
Así se cierra el curso 2006/2007, nos veremos en septiembre más morenos y seguramente más deprimidos, hasta entonces, buen verano a todos…


¿Qué puede ocurrir cuando Don Perdido y Don A Lo Mío hacen juntos una ruta? Claro, que acabe como el rosario de la aurora, por separado y sin la menor idea de dónde está el otro… Este domingo hubo debacle general, unos por sus pueblos, otros largos en el sofá viendo la tele, otros ni se sabe, que ni devuelven la llamada. Vamos, que el verano es muy malo y ya sabemos que es época valle en el entrenamiento del personal, pero que acudan a la cita solo dos ciclistas… Quedamos muy temprano frente al hotel de La Barranca, a las 8 ya estábamos allí, previendo el agobiante calor que luego sufrimos. La idea era tratar de hacer la famosa triple: Barranca-Calvario- Bola, un recorrido normalmente bueno para las calores porque va por bosque sombreado y con arroyitos y tal. Encontramos mucha gente durante todo el camino, a esta primera hora buenos montañeros y cantidad de corredores de maratón alpino (esos sí que están fatal, y no nosotros), a última hora y ya con todo el polvazo familias enteras con niños, perrito y nevera portátil llevada entre varios. Cuando vamos pocos parece que se impone más subir a buen ritmo y con la hora marcada, y así empezamos con muchas ganas. Se sabía que el rato perdido en paradas se iba a pagar luego en calores, así que subiemos hasta el alto de La Barranca en 38 minutos. Han rellenado los baches con una horrible mezcla de arena y guijarros, así que patinábamos hasta yendo sentados, pero todo parece poco cuando aún estás fresco. Un poquito de paisaje y bajada hasta el Ventorrillo para iniciar la subida del Calvario. El tramo sigue estando sombreado, pero no hay ni rastro de los arroyos del camino, y parece mentira, se sube en mejor equilibrio cuando hay agua y barro. Tras echar varias veces pie a tierra llegamos a Navacerrada aún temprano, comimos la manzana y arriba para la Bola. Han restaurado toda la subida, esta vez con un firme estupendo de hormigón rasposo y sin gota de polvo, la bici se agarra como sobre papel de lija. Aunque estábamos a 1.850 mts el sol ya pegaba de plano, y esta subida es la puntilla. Los peatones iban cortando las curvas por los caminitos y llegaban a la próxima más rápido que nosotros, resulta fastidioso. En la última curva antes de la cumbre han abierto un bareto con comidas superbaratas (huevos fritos con patatas 2,5 €), lo que no se es de dónde sacan el agua… Al fin llegué solo y con Rafa perdido y boqueando, tanto que creí que se daría la vuelta. El recorrido me había costado 2 horas y media. Aproveché para ver la parte de atrás de la instalación y hacer fotos de las antenas (a riesgo de que me detuviera la Guardia Civil), charlé con algún paseante y me dí un paseíto. Viendo que Rafa no había llegado pensé que se había dado la vuelta y me esperaba en el camino, o en el Puerto de Navacerrada. Hice lo que manda el manual, es decir, le llamé al móvil, pero claro, él había hecho lo que dice "su" manual, es decir, no llevarlo encima. Bajé preguntando a los ciclistas y nadie le había visto. Venía todo el club Mamoth, pero estaban bastante hechos polvo, salvo una chavala que iba la primera y les daba a todos sopas con honda. Llegada a Navacerrada y espera de 10 minutos, unas vueltas por el puerto, nada, ni rastro. Bajado por El Calvario, y viéndome sobrado, nueva subida a La Barranca. Ese fué mi error, la euforia inicial se me pasó rápido, terminé el agua, me resbalaba en el firme arenoso y a punto estuve de llegar empujando la bici. Por fin arriba inicié la bajada con muchísimo cuidado, familias enteras de domingueros acarreando su nevera, con los perros y los niños sueltos, vaya ganas de llegar al monte a las 12 horas a tragar polvo. Bajé hasta el coche y allí en una sombra estaba el Rafa. Además había violado la norma número uno, había llamado a casa. Todos los beteteros saben que el domingo por la mañana la familia y la montaña son dos mundos separados que no deben mezclarse, porque causas inquietud y no arreglas nada. Este hombre había pedido un móvil, había llamado a su mujer (no se sabe mi teléfono), ella a la mía y ya estaba todo el mundo con el mosqueo. En fin, abrí el coche y allí estaba el móvil de Rafa, cuidadosamente apagado y guardado en una bolsa. preguntándonos dónde habíamos estado descubrimos que habíamos andado como en camarote de los Hermanos Marx, el llegó a La Bola un rato después que yo y se puso a darle la vuelta, mientras yo salía para abajo, debimos estar juntos en el puerto pero cada uno por su lado, bajó por la carretera y me adelantó (yo estaba en el Calvario), y me perdió definitivamente en La Barranca, pues se fué por abajo. En fin, hicimos una ruta solitaria pero deportivamente dura, con muchísimo calor y como era de esperar, cada uno a su bola…