Concurso de recortesSegún Ignacio, una ruta con menos de 800 mts de subida no merece ser publicada, así que daremos los datos enseguida, para poder olvidarlo y pasar a cosas más serias: 35 kms de recorrido y 550 mts de ascensión. Nos reunimos todos en el Puerto del León para empezar la famosa ruta de Rio Moros, pese a la oposición de algunos, a los que este recorrido produce sarpullido mental. No venían ni los novatos (Juan estaba malo y Ale pues venga, pues también), ni Rafa (con una inespecífica "infección bucal y de garganta"), ni Enrique, al que la caída le borró del mapa y del espacio virtual, nunca hemos sabido más de él… Y la primera pregunta es obvia: tíos, se supone que la cosa del ciclismo es para estar fuertes y sanos, no para lo contrario. Si resulta que uno coge los mismos males que todo el mundo, más nos valía pasar los domingos bebiendo y fumando y lo demás, ¿no?. En cambio sí que se presentó Eduardo, que salió de capilla brevemente para distraerse un poco. En la lista de bodas ha puesto una buena bici de montaña, a ver si tiene suerte y se la traen en vez de la vajilla de porcelana inglesa, que le dará más uso. Río Moros es un recorrido de aliño, que en circunstancias normales resulta facilito, cualquiera de nosotros podría hacerlo con los ojos cerrados, tantas veces nos lo hemos pateado. Yo sostengo, contra el cachondeo general, que hecho completo y con sus tres variantes (subida a Marichiva, variante a la derecha del pantano y subida en diagonal abajo del río), tiene un desnivel acumulado superior a los 1.100 mts, pero nadie me cree, ni hay muchas posibilidades de comprobarlo. El recorrido tuvo mucha agua, no paró de llover en todo el trayecto. Todo muy verde, claro, y con bastantes corzos por aquí y por allá. Teníamos cierto riesgo, porque la parte principal del recorrido se cierra al paso a partir de junio, por si los incendios, y ya nos pasó una vez que el forestal estaba apostado en la valla y nos echó para atrás, aún reconociendo que los ciclistas no encendemos fuegos ni hacemos paellas, como otros. Esta vez, a las 8,45 de la mañana y lloviendo, había pocas probabilidades de encontar forestal alguno en medio del monte, así que pudimos completar sin incidentes. Encontramos el bosque de pinos muy aclarado y huellas de actividad forestal por todos lados, se ve que este año toca explotar. La subida a Marichiva por la pista imposible se nos hizo a algunos más imposible que nunca, de hecho yo confieso que eché al final pie a tierra por el simple gusto de hacerlo, porque me jorobaba castigarme. Arriba de Marichiva, en vez de bajar a Cercedilla como querían algunos nos dimos la vuelta y volvimos a bajar a los pantanos, para terminar el recorrido circular y probar las variantes. Parece mentira, habremos hecho este recorrido más de 15 veces, y todavía se encuentran rincones nuevos: esta vez nos equivocamos de camino y acabamos al pie de la presa alta, junto a los aliviaderos, un sitio que no conocíamos. Al volver a arrancar Diego tuvo una avería muy similar a la de Alejandro del otro dia, digo similar por que también la causó por apretar los pedales a lo bruto cuando la bici no iba. Diego debe su mote (Tronchacadenas) a que en una época le dió por partir la cadena a base de dar pedal cuando el pedal no iba, pero esta vez la cadena resistió y lo que se llevó por delante fué la roldana y la pata del desviador, vamos, que tuvo una avería alejándrica. Hace falta ser bruto, y sobre todo, estar en forma… Ahora bien, esas demostraciones salen caras en taller, sobre todo si uno usa material de primera, con fibra de carbono y esas cosas. Pues eso, la avería inesperada nos privó de hacer la variante gorda, y fuimos todos en grupito por la salida normal del parque haciendo una de las rutas más ridículas que se recuerdan. Bueno, pasando a cosas interesantes, qué bien lo del Madrid, ¿no?. Dios, mío, qué vergüenza, y que tenga yo que publicar esto…