Domingo 22 de abril. Aire sano de los puertos.
Ayer fué dia de pleno, de los de los viejos tiempos. Nos fallaron las nuevas incorporaciones, pero volvieron a aparecer los siete (magníficos), Nico, Ignacio, Fonso, Jose, Rafa, Diego y yo mismo, hacía meses que no nos reuníamos sin que fallara nadie. Cita tempranera en el pueblo segoviano de Collado Hermoso, ese pueblo con un nombre tan bonito que no parece nombre de pueblo viejo, parece que se lo haya puesto un promotor inmobiliario de estos horteras de ahora. La última vez que estuvimos allí fué el pasado otoño, un dia también de recordar porque nos trajimos la mochila llena de níscalos, y alguno, de setas de caballero. En el pasado visitábamos mucho esta zona, ahora hay gente a la que le parece muy lejos de Madrid, cómo se nota que nos vamos apoltronando. Hemos subido y bajado por casi todos los caminos de ese macizo montañoso varias veces, pero como se verá, si uno lleva un guía lo bastante atrevido e inconsciente siempre puede encontrar rutas nuevas. Normalmente salimos junto a la iglesia del pueblo y tiramos enseguida hacia el puerto, bordeando el río Viejo hasta el molino, y arriba por los pinares. Metidas en el robledal están las ruinas del antiguo monasterio cisterciense de Santa María de la Sierra, monumento gótico con arcos y un gran rosetón en la fachada, muy parecido al de Bonaval (y por desgracia igual de ruinoso). Hemos entrado a verlo varias veces, sorprende el buen estado de conservación de los arcos góticos y los capiteles. Parece que por fin alguien se ha decidido a restaurarlo, porque ahora está rodeado por vallas metálicas y el acceso está cerrado. Es ruta dura, con una subida inicial de al menos 500 mts., una bajada con llaneo y nuevo repecho de unos 300 mts hasta el Puerto de la Majadilla del Queso. Sin embargo parece que ir por lo conocido le da a alguien urticaria, así que esta vez salimos del pueblo en dirección contaria a la habitual para tomar los caminos por los que otras veces bajamos. De esta manera no hay bajada ni llaneo intermedio, es subida continua hasta el puerto y la subida media supera el 8%, dónde va a parar, mucho más diver. Esta primera subida directa y sin escalas se nos atragantó bastante, pero al final se llegó a la Majadilla del Queso, el puerto que marca la separación de vertientes, y donde normalmente iniciamos la bajada. Como el domingo pasado (Matallana) llegamos a casa con el control cerrado, esta vez había interés en no pasarse, pero ¿quién se acuerda del rodillo de amasar cuando tiene por delante más caminos sin explorar? Superamos la parte abierta de Majadilla y seguimos subiendo, esta vez hasta superar los 2.100 mts de altura, en los puertos. El dia abajo era caluroso, pero en estas alturas quedaban grandes manchas de nieve y corría un buen ventarrón. Nos sorprendió que los señores de las turbinas no hubieran sembrado el monte con unas cuantas, porque allí tiene pinta de hacer viento siempre. La zona alta estaba llena de nieve y de arroyos de deshielo, pero la hierba está amarilla, aún no se ha recuperado de los hielos. Allí himos fotos, miramos dentro de las cuevas de nieve y alguno metió en el arroyo los pies y la cámara, que necesitaba refresco. Nueva bifurcación y nueva decisión: lo conocido o lo desconocido. El Sherpa tiene un modo curioso de proponer los dilemas, dice: "podemos ir por aquí, que es un camino pateado, pedregoso y cuesta arriba, o por allá, que es nuevo, parece más verde y seguramente va cuesta abajo, pero en fin, vosotros elegís….". Cuando hace eso ya sabemos que la decisión está tomada, así que venga, a por lo desconocido. Se veía a lo lejos Peñalara aún completamente nevado y el entorno era completamente desconocido para nosotros, así que tras un rato de pedaleo tuvimos de nuevo el inevitable momento de pánico: perdidos en el monte, el camino giraba hacia Segovia en vez de hacia Madrid, y de nuevo era ya muy tarde. El Sherpa orientó su GPS interno y decidió que bajando cortaríamos la ruta de siempre. Nadie le creyó pero hubo que seguirle, y gracias a Dios tuvo razón. Ya orientados a la vista del pantano del Pirón, nueva parada para pinchazo de Jose, que últimamente tiene la negra. Negra tiene también la cadena con medio dedo de porquería que se le pega, quizá porque dice que engrasa con aceite de oliva virgen. Jose, sabemos que es cardiosaludable y tal, pero una cosa es freír huevos y otra hacer deporte… Ya por el bendito camino conocido y remontando la última dificultad montañosa, el puerto del Toyo Roto, la cadena de los huevos fritos se partió, y ya se fué a la porra el horario previsto. Los que no nos enteramos (Rafa Ignacio y yo) seguimos bajando hasta los coches, y volvimos a casa por los pelos. Los demás, ni se sabe. Jose queda oficialmente nombrado pupas del grupo, y no soltará el título hasta que pase seis meses sin un pinchazo, o hasta que otro atraviese una racha peor. En resumen, 30 kms de recorrido (pero nos parecieron muchos más por la variedad de paisajes y de incidentes) 1.000 mts de ascensión y un rato muy divertido por esas grandes alturas, completamente perdidos y respirando el sano aire de los puertos…
