Domingo 25 de marzo. No hay ruta fácil.
Ayer decidimos volver a una zona que no habíamos visitado en tres o cuatro años, la de Valdemaqueda y el Río Cofio. Lo recordábamos como lugar de acceso complicado y rutas cortas y no muy exigentes, así que lo teníamos algo olvidado. Como queríamos volver a tiempo para ver ganar a Dani Pedrosa (a tiempo volvimos, pero no para eso), pensamos hacer allí una ruta fácil y llevadera. A las 8,30 y algo agilipollados por el cambio de hora nos vimos en la plaza del pueblo Nico, Jose, Fonso, Diego y yo mismo. La ruta de El País sale de allí y rodea el monte de Santa Catalina, pero pensamos introducir variante y subir hasta las antenas, para darle algo más de sustancia e investigar un poco. El entorno es original y distinto de lo que solemos hacer: montes de mediana altura de granito desgastado, mucho pino y enebro y caminos arenosos, buenos para irte de rueda delantera y darte una costalada. Como habiamos dormido una hora menos llevábamos los biorritmos alterados, lo que se traducía en marcheta floja y de tertulia, paradas frecuentes con cualquier excusa y poco ánimo competitivo, o sea, buen rollito. A unos dos kms de andar entre los pinares, primera sorpresa: el camino está cerrado por una valla que lo corta tranquilamente. A los lados, cercado de alambre de unos 2,5 mts de altura, es decir, paso imposible. No era una barrera para coches, ni una alambrada para vacas, no, era un portón de más de 2 metros, con pinchos arriba, el mensaje era muy claro: "aquí no pasa ni Dios". En el portón, pintado con spray a dos colores un cartel: "HIJO DE PUTA", lo que demostraba que no éramos los primeros frustrados. Esta valla no aparece ni en los mapas ni en la ruta del País, o sea que la han puesto recientemente, despreciando la servidumbre de paso histórica de la gente de Valdemaqueda y nuestra, que años atrás habíamos pasado al menos dos veces. Luego nos enteramos de que la finca pertenece a Orlando Sainz, el del tomate Orlando, y que él y los demás propietarios de la zona llegaron en 2001 a un acuerdo con el alcalde que les permitió cerrar los accesos a cambio de ceder una estrecha franja alrededor del pueblo. En fin, como no entendemos de política y somos buenos consumidores del tomate Orlando, nos sentimos con derecho a pasar, y saltamos por la alambrada con arte y riesgo, como se ve en las fotos. Un par de kilómetros más allá dejamos la ruta conocida y tiramos para arriba por la senda que lleva a las antenas. Es una subida en zig zag salvaje por entre los pinos, con muchísimo desnivel y que no se acaba nunca. Arriba del pinar el camino vuelve a salir de la finca por otra valla igual de imponente, pero esta no tiene candado, sino mucho alambre enrollado y hecho nudos. Los beteteros siempre llevan encima alicates, así que como dice la canción ¡a desalambrar!, rompimos y salimos, y lo dejamos cogido con solo un alambrito, por si alguien quería pasar. Catering en el camino y a por los últimos repechos hasta la cumbre, todo muy empinado. Se parece algo a Cabeza de la Parra, salvando la diferencia de altura: antenas de RTVE y Telefónica, buitres (leonados, no negros), y vista sobre toda la provincia, hasta las turbinas de El Espinar. Encontramos allí a un motero atípico, no un dominguero arrasabarrancos sino un tío de Valdemaqueda que subía con su motillo de 250 a darse una vuelta, o sea como Nico por su pueblo. Él estaba deseoso de dar información y nosotros de recibirla, así que pegamos la hebra y nos contó por dónde van los caminos y cómo era el lío del cierre de fincas. Además del del tomate, tienen allí latifundio Celso García y Manuel Marín (vaya con el socialista). Bajamos con él por el camino y le dejamos en una curva, porque iba a unos manantiales a buscar "corujas" (¿berros? ¿pamplinas?). Qué envidia, de no ser porque ya empezaba a apretar la hora me hubiera ido con él a aprenderme las famosas corujas. Siguiendo sus consejos volvimos a remontar la ladera por otros caminos (nuevas rampas rompepiernas), y ya saliendo por un caminito paralelo a la carretera llegamos al pueblo y a los coches. La vuelta a Madrid es lenta, porque esta carretera es la favorita de todo el que gusta pasar el domingo gastando gasolina: el club del 600 y el del 850, el del Mercedes clásico, el del Ferrari descapotable, y montón de moteros que no habían podido irse a Jerez. En fin, ruta corta pero muy dura: 19 kms y 750 mts de ascensión (ojo al porcentaje medio), y la conclusión ya sabida: no hay ruta fácil…
