El domingo decidimos irnos al valle (al del Lozoya, claro), quedar allí los con viejos amigos, y de paso conocer a otros nuevos. Aunque nos faltaban Jose y Alfonso, del núcleo duro, en Alameda hay gente aficionada que se apunta, y así se vinieron Enrique de Alameda y Oscar (que sacó un par de horas de sus obligaciones familiares para subir con nosotros la Majada del Cojo), y también Félix con su impresionante Santacruz (este hombre ha mejorado muchísimo o nos engañó la otra vez). En lo alto encontramos a Fernando de Rascafría, que se apuntó también, con lo que hicimos uno de los pelotones más nutridos de la temporada: es un gusto ir a mogollón por los caminos, y más si el mogollón lleva más o menos el mismo nivel y las mismas ganas. Siendo al dia siguiente dia del padre queríamos una ruta corta para comer en familia, así que se eligió la llamada Majada del Cojo vieja, puerto de Morcuera y bajada por Las Presillas y El Paular, pero ya se sabe que cuando viene el Sherpa nunca nos atenemos a programa, y más habiendo gente del Valle dispuesta a enseñarte sitios: aprovechamos para conocer dos variantes fantásticas, la buitrera y el camino por los robledales junto al Lozoya: gracias Enrique, Oscar, Félix y Fernando por enseñárnoslos.

El comienzo a las 8,30 en la plaza de Alameda, con un dia espléndido y ya bien amanecido. Tras los saludos y abrazos salimos por el puente de piedra sobre el Lozoya, y ya llegando al río, primera sorpresa: se perdió el imperdible, es decir, nos llamó al móvil el Sherpa diciendo que dónde estábamos. Hubo que repescarlo, y el incidente quedará en su expediente (como yo soy el Perdido, nunca desaprovecho la ocasión para ver la paja en el ojo ajeno). El paisaje estaba precioso, como se puede ver en las fotos: las campas muy verdes, nieve en las montañas, muchas cigüeñas… La antigua Majada del Cojo es un camino estrecho y muy empinado que sube a la vista de Alameda por la mancha de robles (o mejor, de rebollos), a veces con suelo de hierba verde que da pena pisar, a veces con un suelo pedregoso que casi hace echar pie a tierra. A los 1.600 mts el roble pasa a ser pinar, y ya se une con otros caminos que llegan desde el valle. Al fin en los 1.800 se acaban los árboles y llegan las retamas, y un poco más arriba los prados alpinos. En esta ruta no se llega a las alturas de la roca pelada, por encima de los 2000 mts. Hicimos la comida en el refugio de Morcuera, que estaba lleno de coches. Enrique nos enseñó  el invento que se ha hecho, un guardabarros de metacrilato para la barra, que queda elegante a la par que discreto. Vamos a llamarle en adelante Enrique Manitas, está claro que se le da el bricobike. Tras comer y hacer algunas fotos echamos camino abajo siguiendo a Fernando, Enrique y Félix (Oscar nos dejó, que tenía a las niñas). A poco de bajar se toma un ancho camino a la izquierda, que en dos o tres kilómetros (sacrificados de cuesta, eso sí), te deja en una zona abierta desde la que se domina la cabecera del valle. Hay un comedero de buitres lleno de huesos, un pequeño refugio de traviesas y una vista fenomenal, que merece el desvío. Algunos nos tiramos ya entonces hacia abajo con las prisas del aperitivo, pero aún nos alcanzaron los demás, que habían subido más arriba y bajado por los cortafuegos.

Una vez pasada la zona de Las Presillas, que con el día espléndido estaba a reventar de coches y gente, tomamos junto al Lozoya para conocer la ruta alternativa por caminos hasta Alameda. Ya habíamos ido más o menos otras veces, pero esta vez pudimos aprendernos el camino directo, que por otra parte es precioso: robledal cerrado y praderas verdes y encharcadas. Finalmente se llegó a Alameda según horario previsto, con tiempo para volver a casa a cumplir con el dia del padre y a ver la fórmula 1 el que la tuviera grabada (sorpresa, ganó Raikkonen). Total, 32 kms y 850 mts de subida, un dia espléndido, lugares nuevos y sobre todo, nuevos amigos….