click para álbumEn esto de la bici de montaña a veces ocurre que tienes lugares malditos, a los que no puedes llegar por mucho que lo intentas: siempre pasa algo que te hace dar la vuelta cuando ya casi llegas. Nos pasó durante años con Puebla desde El Atazar (por nieve), o con Matallana (por barrizales). Nos pasaba también con Cabeza de la Parra, el pico que domina el pueblo de El Tiemblo, casi en tierras de Avila. Entre que está lejos de Madrid (más de 1 hora por la carretera de los pantanos) y que los alrededores son tan bonitos que te hacen parar a menudo, llegábamos al penúltimo collado con el tiempo justo, y nos dábamos la vuelta. En un par de ocasiones la nieve nos paró en el circo de montañas donde empieza la subida final, a menos de 3 kms de conseguirlo. El domingo pasado nos lo pusimos como objetivo y fuimos directos a ello desde abajo, y casi sin parar. El resultado mereció la pena, es una loma pelada y solitaria que domina buena parte de la provincia, con vista desde los pantanos de alrededor hasta los picos aún nevados de Guadarrama. La ruta empieza en El Tiemblo, junto a la gasolinera. Sale entre urbanizaciones y ya con fuertes rampas hacia la sierra, enseguida se puede ver el valle por el que se irá subiendo hasta el final. Los alrededores del pueblo están llenos de huertas y viñedo (es zona Cebreros), y pronto se entra en los pinares que cubren todo el monte. La especie aquí es pino resinero (pinus pinaster), que hace un bosque un tanto polvoriento y monótono, más feo que el de pino albar (pinus silvestris) que se ve en Guadarrama, pero al menos es bosque… La subida (ved el perfil en el link de la foto, gracias Diego), es contínua desde el primer momento, y en realidad es una de las peores del circuito: 950 mts acumulados en solo 14 kms. De cuando en cuando se ve por encima de los pinos el pico Cabeza de La Parra, arriba muy arriba… El dia era soleado y fresco, estupendo para la bici, y llevábamos buen ánimo, pero algunos andaban reservones (los de siempre), todo el mundo sabía lo que nos esperaba. Tras un buen rato de carreterilla empinada, y tras pasar varias majadas de cabras guardadas por unos preciosos mastines de lo más cariñosos (espero que con los ladrones de cabras lo sean menos), llegamos al cruce donde el camino principal se une con el desvío que toma ya francamente hacia arriba, una senda pedregosa y muy empinada entre el pinar. Hicimos alto para comer, pero a la hora de vover a coger la bici como que nadie se animaba. Dado el acojone hubiéramos hecho tertulia con café y copa, pero al final hubo que dejar el  remoloneo y coger las bicis. A partir de ahí ya no hay engaño, hay que apretar los dientes y mantener el equilibrio, porque las rampas superan el 20 % y casi no hay descanso. Ignacio, que es un ciclista muy mental, dice que el truco para no caerse es mirar al suelo y no hacia adelante, y comprobé personalmente que es cierto. También es bueno poner el culo en el pico del sillín, pero es para añadir peso en la rueda delantera, no para buscar estímulo ¡eh!. Tras pasar un bonito refugio con fuente que marca el fin del pinar se llega ya al terreno pelado de las grandes alturas, y el camino desemboca en el circo glaciar que marcó el fin de nuestros intentos anteriores. Esta vez no había nieve, íbamos con tiempo y encima habían hecho un camino al lado del cortafuegos por donde se subía antes, así que seguimos a por ello. Un rato de subibaja por la cresta, y ahí está el pico con su caseta meteorológica y su torre de guardabosques, pero madremía, defendido por una última cuesta de órdago. Aquí volvió a petar nuestro venerable Rafa, diciendo que tenía miedo de que le diera un tirón, claro, esos tendones no tienen ya veinte años ¡ni cuarenta!. En fin, queda claro que no tuvo tendones para llegar arriba. Los demás sí tuvimos, besamos el suelo y echamos mucho rato en ver el paisaje, que desde allí es espectacular. Se ve el pinar donde cría una de las últimas colonias de buitre negro (volaban por allí unos cuantos), y a los pies, o mejor 800 mts. más abajo, se ve el pueblo de El Tiemblo. Tras muchas fotos de grupo donde por desgracia faltaba uno, emprendimos la bajada, con ganas de hacer el cabra por los pedregales. Por cierto, para cabras, o mejor para cabrones, los imbéciles de la moto y el quad, que circulaban a mil por hora por los caminos del monte, atronaban el bosque y nos hacían tirarnos a la cuneta a los pobres ciclistas. La guardia civil andaba por allí al quite, a ver si caen unas buenas multas. De nuevo en la pradera de arriba, unos bajamos rápido, nos perdimos y tuvimos que tirar por cortafuegos de tierra (qué emoción), otros siguieron investigando y aún llegaron antes al coche. Quedan para la historia las fotos de grupo donde se nos ve a todos tan satisfechos, bueno, a todos menos a uno, que se lo comieron los buitres…