Domingo 4 de marzo. Todos los paisajes.
La del domingo pasado fué una de esas rutas, mezcla de varias otras, que te dejan la impresión de haber estado en muchos sitios y de haber pasado mucho tiempo sobre la bici, de haber subido y bajado muchas veces y no haber hecho un camino concreto. Zonas bajas con caminos de pìedra suelta, monte bajo, pinar, bosque espeso, algo de nieve, camino, carretera, trocha… un poco de todo. Salimos de la estación de Cercedilla en dirección contraria a la habitual, es decir, no hacia el camino de la República, sino hacia los Campamentos. A los de Cercedilla los llaman "Parraos", pero el domingo faltaba nuestro Parrao de pro, que había elegido tierras de Almería para quemar la bici a solas. Cercedilla es un hermoso y rico pueblo de veraneo de madrileños, con tren, enormes chalets algo decadentes y muchas rutas para intentar. Vamos, lo tiene todo, salvo caminos horizontales: vayas donde vayas estás subiendo o bajando, y mucho. La ruta comienza con fuertes subidas en frío hasta el borde del pinar, vuelve a las vías del tren y luego emprende una larguísima y exigente subida por la ladera. Desde el camino se ve arriba de la montaña la campa donde termina la bajada del Collado de Marichiva, y está como mucho a tres kms. Extrañamente no hay un camino que una los dos lugares, y hacerlo campo a través es un calvario. Normalmente hacemos esta ruta bajando, así que ayer hubo tiempo para ver con calma el paisaje, que merece la pena: la zona está bastante pelada seguramente por antiguos incendios, porque los ejemplares de pino que quedan son inmensos. Tras pasar delante de la peña del Arcipreste se llega a la carretera que sube al Puerto del León (o en plural, nunca he sabido cómo es), un rato desagradable entre el tráfico. Esta vez decidimos enlazar con la ruta del Rio Moros directamente desde el puerto, para que no se diga que el Sherpa es el único que explora, y la experiencia fué divertida. Al saltar la valla Jose tuvo un percance, cayó a plomo desde arriba y se dejó en la alambrada el dedo del guante. Él, que es médico, dijo que casi pierde el pulpejo (grima horrible). En Río Moros caímos ya por camino conocido, la zona estaba verde y tan bonita como siempre, con montañas nevadas de fondo. Nuestro "Homo Flumimorensis" se encontraba tan en su elemento que perdió la orientación y hubo que esperarle durante un buen rato. Para llegar a Marichiva, el camino recién descubierto y que ya se está convirtiendo en un clásico para probar nuestro estado de forma: medimos rampas de hasta el 22%, con un firme pedregoso y suelto. Para pasar tramos así solo hacen falta fuerza y técnica, y de eso andamos sobrados, así que se subió de un tirón, o más o menos. Por último, y ya desde Marichiva, bajada directa a Cercedilla por la senda trialera, si se puede llamar así: a ratos no hay senda, y vas simplemente por enmedio de los pinos. Es una dura prueba para los brazos, y un riesgo cierto para las clavículas. En resumen, 35 kms con 950 mts de subida, todos los firmes, todos los caminos, todos los paisajes..
