Bicicleta de Montaña26 March 2007

click para álbumAyer decidimos volver a una zona que no habíamos visitado en tres o cuatro años, la de Valdemaqueda y el Río Cofio. Lo recordábamos como lugar de acceso complicado y rutas cortas y no muy exigentes, así que lo teníamos algo olvidado. Como queríamos volver a tiempo para ver ganar a Dani Pedrosa (a tiempo volvimos, pero no para eso), pensamos hacer allí una ruta fácil y llevadera. A las 8,30 y algo agilipollados por el cambio de hora nos vimos en la plaza del pueblo Nico, Jose, Fonso, Diego y yo mismo. La ruta de El País sale de allí y rodea el monte de Santa Catalina, pero pensamos introducir variante y subir hasta las antenas, para darle algo más de sustancia e investigar un poco. El entorno es original y distinto de lo que solemos hacer: montes de mediana altura de granito desgastado, mucho pino y enebro y caminos arenosos, buenos para irte de rueda delantera y darte una costalada. Como habiamos dormido una hora menos llevábamos los biorritmos alterados, lo que se traducía en marcheta floja y de tertulia, paradas frecuentes con cualquier excusa y poco ánimo competitivo, o sea, buen rollito. A unos dos kms de andar entre los pinares, primera sorpresa: el camino está cerrado por una valla que lo corta tranquilamente. A los lados, cercado de alambre de unos 2,5 mts de altura, es decir, paso imposible. No era una barrera para coches, ni una alambrada para vacas, no, era un portón de más de 2 metros, con pinchos arriba, el mensaje era muy claro: "aquí no pasa ni Dios". En el portón, pintado con spray a dos colores un cartel: "HIJO DE PUTA", lo que demostraba que no éramos los primeros frustrados. Esta valla no aparece ni en los mapas ni en la ruta del País, o sea que la han puesto recientemente, despreciando la servidumbre de paso histórica de la gente de Valdemaqueda y nuestra, que años atrás habíamos pasado al menos dos veces. Luego nos enteramos de que la finca pertenece a Orlando Sainz, el del tomate Orlando, y que él y los demás propietarios de la zona llegaron en 2001 a un acuerdo con el alcalde que les permitió cerrar los accesos a cambio de ceder una estrecha franja alrededor del pueblo. En fin, como no entendemos de política y somos buenos consumidores del tomate Orlando, nos sentimos con derecho a pasar, y saltamos por la alambrada con arte y riesgo, como se ve en las fotos. Un par de kilómetros más allá dejamos la ruta conocida y tiramos para arriba por la senda que lleva a las antenas. Es una subida en zig zag salvaje por entre los pinos, con muchísimo desnivel y que no se acaba nunca. Arriba del pinar el camino vuelve a salir de la finca por otra valla igual de imponente, pero esta no tiene candado, sino mucho alambre enrollado y hecho nudos. Los beteteros siempre llevan encima alicates, así que como dice la canción ¡a desalambrar!, rompimos y salimos, y lo dejamos cogido con solo un alambrito, por si alguien quería pasar. Catering en el camino y a por los últimos repechos hasta la cumbre, todo muy empinado. Se parece algo a Cabeza de la Parra, salvando la diferencia de altura: antenas de RTVE y Telefónica, buitres (leonados, no negros), y vista sobre toda la provincia, hasta las turbinas de El Espinar. Encontramos allí a un motero atípico, no un dominguero arrasabarrancos sino un tío de Valdemaqueda que subía con su motillo de 250 a darse una vuelta, o sea como Nico por su pueblo. Él estaba deseoso de dar información y nosotros de recibirla, así que pegamos la hebra y nos contó por dónde van los caminos y cómo era el lío del cierre de fincas. Además del del tomate, tienen allí latifundio Celso García y Manuel Marín (vaya con el socialista). Bajamos con él por el camino y le dejamos en una curva, porque iba a unos manantiales a buscar "corujas" (¿berros? ¿pamplinas?). Qué envidia, de no ser porque ya empezaba a apretar la hora me hubiera ido con él a aprenderme las famosas corujas. Siguiendo sus consejos volvimos a remontar la ladera por otros caminos (nuevas rampas rompepiernas), y ya saliendo por un caminito paralelo a la carretera llegamos al pueblo y a los coches. La vuelta a Madrid es lenta, porque esta carretera es la favorita de todo el que gusta pasar el domingo gastando gasolina: el club del 600 y el del 850, el del Mercedes clásico, el del Ferrari descapotable, y montón de moteros que no habían podido irse a Jerez. En fin, ruta corta pero muy dura: 19 kms y 750 mts de ascensión (ojo al porcentaje medio), y la conclusión ya sabida: no hay ruta fácil… 

Bicicleta de Montaña20 March 2007

El domingo decidimos irnos al valle (al del Lozoya, claro), quedar allí los con viejos amigos, y de paso conocer a otros nuevos. Aunque nos faltaban Jose y Alfonso, del núcleo duro, en Alameda hay gente aficionada que se apunta, y así se vinieron Enrique de Alameda y Oscar (que sacó un par de horas de sus obligaciones familiares para subir con nosotros la Majada del Cojo), y también Félix con su impresionante Santacruz (este hombre ha mejorado muchísimo o nos engañó la otra vez). En lo alto encontramos a Fernando de Rascafría, que se apuntó también, con lo que hicimos uno de los pelotones más nutridos de la temporada: es un gusto ir a mogollón por los caminos, y más si el mogollón lleva más o menos el mismo nivel y las mismas ganas. Siendo al dia siguiente dia del padre queríamos una ruta corta para comer en familia, así que se eligió la llamada Majada del Cojo vieja, puerto de Morcuera y bajada por Las Presillas y El Paular, pero ya se sabe que cuando viene el Sherpa nunca nos atenemos a programa, y más habiendo gente del Valle dispuesta a enseñarte sitios: aprovechamos para conocer dos variantes fantásticas, la buitrera y el camino por los robledales junto al Lozoya: gracias Enrique, Oscar, Félix y Fernando por enseñárnoslos.

El comienzo a las 8,30 en la plaza de Alameda, con un dia espléndido y ya bien amanecido. Tras los saludos y abrazos salimos por el puente de piedra sobre el Lozoya, y ya llegando al río, primera sorpresa: se perdió el imperdible, es decir, nos llamó al móvil el Sherpa diciendo que dónde estábamos. Hubo que repescarlo, y el incidente quedará en su expediente (como yo soy el Perdido, nunca desaprovecho la ocasión para ver la paja en el ojo ajeno). El paisaje estaba precioso, como se puede ver en las fotos: las campas muy verdes, nieve en las montañas, muchas cigüeñas… La antigua Majada del Cojo es un camino estrecho y muy empinado que sube a la vista de Alameda por la mancha de robles (o mejor, de rebollos), a veces con suelo de hierba verde que da pena pisar, a veces con un suelo pedregoso que casi hace echar pie a tierra. A los 1.600 mts el roble pasa a ser pinar, y ya se une con otros caminos que llegan desde el valle. Al fin en los 1.800 se acaban los árboles y llegan las retamas, y un poco más arriba los prados alpinos. En esta ruta no se llega a las alturas de la roca pelada, por encima de los 2000 mts. Hicimos la comida en el refugio de Morcuera, que estaba lleno de coches. Enrique nos enseñó  el invento que se ha hecho, un guardabarros de metacrilato para la barra, que queda elegante a la par que discreto. Vamos a llamarle en adelante Enrique Manitas, está claro que se le da el bricobike. Tras comer y hacer algunas fotos echamos camino abajo siguiendo a Fernando, Enrique y Félix (Oscar nos dejó, que tenía a las niñas). A poco de bajar se toma un ancho camino a la izquierda, que en dos o tres kilómetros (sacrificados de cuesta, eso sí), te deja en una zona abierta desde la que se domina la cabecera del valle. Hay un comedero de buitres lleno de huesos, un pequeño refugio de traviesas y una vista fenomenal, que merece el desvío. Algunos nos tiramos ya entonces hacia abajo con las prisas del aperitivo, pero aún nos alcanzaron los demás, que habían subido más arriba y bajado por los cortafuegos.

Una vez pasada la zona de Las Presillas, que con el día espléndido estaba a reventar de coches y gente, tomamos junto al Lozoya para conocer la ruta alternativa por caminos hasta Alameda. Ya habíamos ido más o menos otras veces, pero esta vez pudimos aprendernos el camino directo, que por otra parte es precioso: robledal cerrado y praderas verdes y encharcadas. Finalmente se llegó a Alameda según horario previsto, con tiempo para volver a casa a cumplir con el dia del padre y a ver la fórmula 1 el que la tuviera grabada (sorpresa, ganó Raikkonen). Total, 32 kms y 850 mts de subida, un dia espléndido, lugares nuevos y sobre todo, nuevos amigos….

Bicicleta de Montaña12 March 2007

click para álbumEn esto de la bici de montaña a veces ocurre que tienes lugares malditos, a los que no puedes llegar por mucho que lo intentas: siempre pasa algo que te hace dar la vuelta cuando ya casi llegas. Nos pasó durante años con Puebla desde El Atazar (por nieve), o con Matallana (por barrizales). Nos pasaba también con Cabeza de la Parra, el pico que domina el pueblo de El Tiemblo, casi en tierras de Avila. Entre que está lejos de Madrid (más de 1 hora por la carretera de los pantanos) y que los alrededores son tan bonitos que te hacen parar a menudo, llegábamos al penúltimo collado con el tiempo justo, y nos dábamos la vuelta. En un par de ocasiones la nieve nos paró en el circo de montañas donde empieza la subida final, a menos de 3 kms de conseguirlo. El domingo pasado nos lo pusimos como objetivo y fuimos directos a ello desde abajo, y casi sin parar. El resultado mereció la pena, es una loma pelada y solitaria que domina buena parte de la provincia, con vista desde los pantanos de alrededor hasta los picos aún nevados de Guadarrama. La ruta empieza en El Tiemblo, junto a la gasolinera. Sale entre urbanizaciones y ya con fuertes rampas hacia la sierra, enseguida se puede ver el valle por el que se irá subiendo hasta el final. Los alrededores del pueblo están llenos de huertas y viñedo (es zona Cebreros), y pronto se entra en los pinares que cubren todo el monte. La especie aquí es pino resinero (pinus pinaster), que hace un bosque un tanto polvoriento y monótono, más feo que el de pino albar (pinus silvestris) que se ve en Guadarrama, pero al menos es bosque… La subida (ved el perfil en el link de la foto, gracias Diego), es contínua desde el primer momento, y en realidad es una de las peores del circuito: 950 mts acumulados en solo 14 kms. De cuando en cuando se ve por encima de los pinos el pico Cabeza de La Parra, arriba muy arriba… El dia era soleado y fresco, estupendo para la bici, y llevábamos buen ánimo, pero algunos andaban reservones (los de siempre), todo el mundo sabía lo que nos esperaba. Tras un buen rato de carreterilla empinada, y tras pasar varias majadas de cabras guardadas por unos preciosos mastines de lo más cariñosos (espero que con los ladrones de cabras lo sean menos), llegamos al cruce donde el camino principal se une con el desvío que toma ya francamente hacia arriba, una senda pedregosa y muy empinada entre el pinar. Hicimos alto para comer, pero a la hora de vover a coger la bici como que nadie se animaba. Dado el acojone hubiéramos hecho tertulia con café y copa, pero al final hubo que dejar el  remoloneo y coger las bicis. A partir de ahí ya no hay engaño, hay que apretar los dientes y mantener el equilibrio, porque las rampas superan el 20 % y casi no hay descanso. Ignacio, que es un ciclista muy mental, dice que el truco para no caerse es mirar al suelo y no hacia adelante, y comprobé personalmente que es cierto. También es bueno poner el culo en el pico del sillín, pero es para añadir peso en la rueda delantera, no para buscar estímulo ¡eh!. Tras pasar un bonito refugio con fuente que marca el fin del pinar se llega ya al terreno pelado de las grandes alturas, y el camino desemboca en el circo glaciar que marcó el fin de nuestros intentos anteriores. Esta vez no había nieve, íbamos con tiempo y encima habían hecho un camino al lado del cortafuegos por donde se subía antes, así que seguimos a por ello. Un rato de subibaja por la cresta, y ahí está el pico con su caseta meteorológica y su torre de guardabosques, pero madremía, defendido por una última cuesta de órdago. Aquí volvió a petar nuestro venerable Rafa, diciendo que tenía miedo de que le diera un tirón, claro, esos tendones no tienen ya veinte años ¡ni cuarenta!. En fin, queda claro que no tuvo tendones para llegar arriba. Los demás sí tuvimos, besamos el suelo y echamos mucho rato en ver el paisaje, que desde allí es espectacular. Se ve el pinar donde cría una de las últimas colonias de buitre negro (volaban por allí unos cuantos), y a los pies, o mejor 800 mts. más abajo, se ve el pueblo de El Tiemblo. Tras muchas fotos de grupo donde por desgracia faltaba uno, emprendimos la bajada, con ganas de hacer el cabra por los pedregales. Por cierto, para cabras, o mejor para cabrones, los imbéciles de la moto y el quad, que circulaban a mil por hora por los caminos del monte, atronaban el bosque y nos hacían tirarnos a la cuneta a los pobres ciclistas. La guardia civil andaba por allí al quite, a ver si caen unas buenas multas. De nuevo en la pradera de arriba, unos bajamos rápido, nos perdimos y tuvimos que tirar por cortafuegos de tierra (qué emoción), otros siguieron investigando y aún llegaron antes al coche. Quedan para la historia las fotos de grupo donde se nos ve a todos tan satisfechos, bueno, a todos menos a uno, que se lo comieron los buitres…

Bicicleta de Montaña5 March 2007

La del domingo pasado fué una de esas rutas, mezcla de varias otras, que te dejan la impresión de haber estado en muchos sitios y de haber pasado mucho tiempo sobre la bici, de haber subido y bajado muchas veces y no haber hecho un camino concreto. Zonas bajas con caminos de pìedra suelta, monte bajo, pinar, bosque espeso, algo de nieve, camino, carretera, trocha… un poco de todo. Salimos de la estación de Cercedilla en dirección contraria a la habitual, es decir, no hacia el camino de la República, sino hacia los Campamentos. A los de Cercedilla los llaman "Parraos", pero el domingo faltaba nuestro Parrao de pro, que había elegido tierras de Almería para quemar la bici a solas. Cercedilla es un hermoso y rico pueblo de veraneo de madrileños, con tren, enormes chalets algo decadentes y muchas rutas para intentar. Vamos, lo tiene todo, salvo caminos horizontales: vayas donde vayas estás subiendo o bajando, y mucho. La ruta comienza con fuertes subidas en frío hasta el borde del pinar, vuelve a las vías del tren y luego emprende una larguísima y exigente subida por la ladera. Desde el camino se ve arriba de la montaña la campa donde termina la bajada del Collado de Marichiva, y está como mucho a tres kms. Extrañamente no hay un camino que una los dos lugares, y hacerlo campo a través es un calvario. Normalmente hacemos esta ruta bajando, así que ayer hubo tiempo para ver con calma el paisaje, que merece la pena: la zona está bastante pelada seguramente por antiguos incendios, porque los ejemplares de pino que quedan son inmensos. Tras pasar delante de la peña del Arcipreste se llega a la carretera que sube al Puerto del León (o en plural, nunca he sabido cómo es), un rato desagradable entre el tráfico. Esta vez decidimos enlazar con la ruta del Rio Moros directamente desde el puerto, para que no se diga que el Sherpa es el único que explora, y la experiencia fué divertida. Al saltar la valla Jose tuvo un percance, cayó a plomo desde arriba y se dejó en la alambrada el dedo del guante. Él, que es médico, dijo que casi pierde el pulpejo (grima horrible). En Río Moros caímos ya por camino conocido, la zona estaba verde y tan bonita como siempre, con montañas nevadas de fondo. Nuestro "Homo Flumimorensis" se encontraba tan en su elemento que perdió la orientación y hubo que esperarle durante un buen rato. Para llegar a Marichiva, el camino recién descubierto y que ya se está convirtiendo en un clásico para probar nuestro estado de forma: medimos rampas de hasta el 22%, con un firme pedregoso y suelto. Para pasar tramos así solo hacen falta fuerza y técnica, y de eso andamos sobrados, así que se subió de un tirón, o más o menos. Por último, y ya desde Marichiva, bajada directa a Cercedilla por la senda trialera, si se puede llamar así: a ratos no hay senda, y vas simplemente por enmedio de los pinos. Es una dura prueba para los brazos, y un riesgo cierto para las clavículas. En resumen, 35 kms con 950 mts de subida, todos los firmes, todos los caminos, todos los paisajes..