Domingo 18 de febrero. Casi un dia duro.
En este falso invierno que estamos teniendo hay que subir muy alto y elegir bien la ruta para hacerte la ilusión de que sufres, al menos durante un rato. Eso nos pasó el domingo: en El Escorial el dia era claro, con una luz muy fuerte, y en cambio arriba en Abantos se veía el temporal de nieve, así que nada, a meternos en él. Fallaron algunos, unos por trabajo (¿pero quién es el pringao que trabaja en domingo?), otros por obligaciones familiares, y otros no se sabe porqué, entrenamientos secretos seguramente. Salimos como tantas veces de El Tomillar por la carreterilla que sube al puerto de Malagón. Después del tremendo incendio de hace unos años están terminando de retirar la madera muerta, pero se ve que el bosque se va recuperando, la ladera está llena de pinitos espontáneos. Si le dejan los especuladores volverá a ser lo que era, aunque lo tengan que ver nuestros nietos. La subida, por la variante de La Penosilla, que le hemos cogido querencia. No le llaman así por casualidad, es una cremallera de curvas que en 3 kms sube 300 mts, en un paisaje muy despejado (por desgracia, los grandes pinos se quemaron). Llegando al pinar no pudimos soportar más los reflectantes de la bici nueva de Rafa, y Jose se los extirpó sin anestesia. Quedó más digna. Al poco de pasar el Arboreto, llegando a la cota de 1.500 empezamos a ver nieve, y en el puerto de Malagón ya la cellisca lo borraba todo, por fin sufríamos. Perico Delgado decía que las últimas rampas del Malagón tienen magnetismo natural, la bici se queda pegada al asfalto. Como pudimos comprobar, lo que tienen en realidad son inclinaciones superiores al 15%, eso lo explica. Como el puerto no era apto para el catering nos desviamos hacia el pico de Abantos y comimos entre los pinos. Ya todos traemos manzanas Fuji, la de Jose resultó la más valorada (8/10). El tramo hasta el pico estaba barrido por el viento y la nieve, y ahí fuimos aguantando hasta llegar. El plan era tratar de bajar el cortafuegos hasta La Penosilla de nuevo, pero habíamos elegido un mal día para hacer exploraciones, porque no se veía nada. Intentamos por la derecha del pico hasta una caseta meteorológica donde la cosa se ponía ya fea de precipicio, así que dejamos las aventuras para otro día más claro, media vuelta. La bajada como siempre, muy larga y fría, te hace desear un caldito al llegar al coche, solo que los proveedores se habían olvidado el termo en casa. Total 28 kms y 810 de ascensión, nieve y frío arriba, casi un día duro.
