Otro dia con casi pleno: Rafa, Nico, Ignacio, Fonso y yo. Enrique de Alameda nos había sugerido ir a Rascafría, pero nos pareció que habría demasiada nieve. Quedamos en Somosierra, donde según Nico no había nevado, pero al llegar había algo blanco y frío que cubría los caminos hasta la cintura, así que cambio de planes y al Pontón de La Oliva, una zona más bajita. Aparcamos junto a la granja del Pontón, bastantes ciclistas beteteros llegando, todos de nuestro tipo: mediana edad, tipo diésel, buen ambiente y buenos amigos. Iniciamos la subida por el camino de la Cueva del Reguerillo, estaba menos descarnado que otras veces. Bajada al cauce del Lozoya y sus hermosas alisedas, donde viven las vacas más relajadas del mundo, y según Nico, nutrias también. Tras pasar el derrumbe, la primera subida por el pinar, y se nos pegó un viejo montañero reconvertido a la bici: anorak, pantalones de monte, botas y mochila, todo muy descolorido, y una bici de Carrefour: qué sudada llevaba el pobre…. Tras breve duda, acometimos la tremenda subida al Collado Santo, pestosa donde las haya: larga, empinada, pegajosa, aquello no se acaba nunca. Son 850 mts de ascensión, pero parecen muchos más. Nico le tiene cogida la medida, los demás llegamos gracias al Sr. Molinillo. Bajada luego por el rebollar, y primer incidente: reventón en mi rueda, y ya íbamos con la hora pegada… Luego lo conocido, el pueblo del Atazar con su jodío repecho, la presa del pantano, y las últimas rampas hasta el poblado del embalse, hoy centro cultural. Llegada a casa hacia las 14 horas, al filo de lo admisible… Un dia agradable y fresco, con mucha niebla. Uno siempre vuelve de aquella zona silencioso y pensativo: cuánto espacio y qué poca gente…