Bicicleta de Montaña29 June 2009

Camino de PaularTras un largo período sin montar en bici volvemos a la ruta dominical, ya metidos en pleno verano. En esta ocasión, con asistencia abundante de Machacas: Nico, Rafa, Diego, Ignacio, Miguel Angel y yo mismo, más la incoporación de otro grupo que conoció Nico en uno de sus entrenamientos solitarios por el monte, los Picanucas, que fueron cuatro esta vez: Jota, Antonio I, Antonio II y Armando. Juntos hacíamos un gran grupo, pero la verdad es que duramos juntos muy poco tiempo, como luego se verá. Por el momento tendremos con ellos otra fusión amistosa, como tuvimos en su dia con los Joses, después quizá el destino lleve a cada grupo por su lado, como parece que suele pasar en esto del BTT. La cosa es conocer gente, medirse y pasarlo bien.

La ruta, un vagabundeo por el valle del Lozoya, se planeó con tres niveles distintos, según objetivos y condición física: ruta, digamos, central, para niveles medios: salida de Miraflores, subida a Morcuera, bajada a Alameda, subida por la Majada del Cojo, y Miraflores de nuevo. Otra con extensión super para gente muy en forma que piensa irse a hacer la Transpirenaica: la misma pero con un +/- 40% más de subidas y distancias. Tercera variante, para gente reservona: la primera pero con truquitos de ahora-me-adelanto, ahora-me-voy por-el-atajo, ahora-os-espero-en-el-refugio. En fin, que entre que había muchas posibilidades y que no conocíamos los niveles y costumbres del otro grupo, el dia acabó siendo un poco el camarote de los hermanos Marx, ahora ibas con uno, ahora te encontrabas a cuatro, yo por el atajo y tú por el río, yo me voy que tengo prisa. Creo que hubo un momento en que había un betetero en cualquier zona del valle que miraras. A esto se unió el que, coincidiendo justo con nuestra ruta, había organizada una prueba de cross a caballo, todo el tiempo estuvimos cruzándonos con jinetes al trote, apartándonos y dejando pasar con cuidado de no asustar a tan estupendos animales.

A todo esto se unió la baja condición física del que escribe, que tras dos meses de fingir que se entrena y pasarse las horas en el sofá pagó con creces y catástrofe dominical. Hace tres meses recuerdo que estaba que me salía, pero desde entonces alguna lesión, el palizón de los 101 (sin continuidad) y mucho de placeres hedonistas me han dejado como en los peores tiempos. Vamos, que en la Majada del CPelea de Lagartijasojo tuve que bajarme hasta tres veces de la bici solo porque no podía más. Enseñanza del día: alcanzar una condición física buena viene a costar un año de entrenamiento constante y paciente, perderla por completo viene a costar dos meses de abandono y cervecitas. ¿Te parece injusto? pues es lo que hay. Y enseñanza dos: cuando estás cuesta abajo en tu rodada te parece que aunque no entrenes mucho siempre mantendrás un nivel medio satisfactorio, que para eso eres un tío habituado al deporte. No te engañes, es mentira también.

Lo cierto es que la prueba, hasta en su variante mediana, era de las duras, 60 kms y algo más de 1.500 de subida, con un dia de mucho calor y unos firmes muy malos de piedra suelta. Empezamos nosotros en Miraflores, como siempre, y admiramos la camiseta nueva de Rafa, bien ajustadita para marcar su también reciente cinturón de la felicidad, tío, o te quitas el cinturón o la camiseta, ambos son incompatibles. Subimos hasta la Fuente del Cura y allí estaban los Picas a medio vestir, saludos y presentaciones y hala cuesta arriba. Largo puerto pero aún con fuelle, llegamos en grupos hasta lo alto. Hice allí foto a dos lagartijas trabadas en un mordisco, no se si era un técnica (poco romántica) para rendir a la hembra, o una pelea de machos. En todo caso, se aprecia que una tiene la cola intacta, mientras que la mordedora la ha tenido que regenerar, sin duda es peleona.Un peligro en el monte

Refugio de La Morcuera y bajada al valle, todo aún muy verde pero ya los arroyos casi secos, aquí empieza a faltar la lluvia. Nos encontramos en el camino con Enrique el Manitas, que fuera Machaca durante unos meses y está intentando recuperar la forma. Pasamos la zona recreativa de Las Presillas, un sitio estupendo con praderas de hierba, sombra, piscina fluvial natural y chiringuitos, pero a las 10,30 ya tenía mucha gente, habrá que verlo a las 13 hs.. Entrada por los pueblos del valle con cuidado por los cruces constantes con los caballos de carreras en estas veredas estrechas, y llegada a Alameda, como siempre muchos buitres allí, negros y leonados. Larga e interminable subida por el robledal que va paralelo a la Majada del Cojo y que para algunos fué la puntilla del dia, paso por el refugio y despedida de los que seguían ruta hasta el puerto de Canencia. Nosotros nos volvimos al puerto de Morcuera y desde allí bajada rápida por la carretera. Pero qué curioso, cuando estás verdaderamente jodido no disfrutas ni las bajadas, cada minuto en la bici molesta, sea cuesta arriba o cuesta abajo.

Despedida en los coches y fervientes propósitos de la enmienda, por mi parte voy a iniciar la operación bikini, gimnasio, piscina, bici, cero cervezas, mucha ensalada, en fin, a ver si aún podemos salvar algo antes del verano. Pues nada, a ver si nos seguimos viendo con estos Picanucas, que están bien en forma…

Buceo y Pesca Submarina, Frikis de la Naturaleza16 June 2009

Estupendo puente el que me he tirado en Asturias, la familia liada con los exámenes se ha quedado en Madrid y yo como un señor he cogido el coche, lo he cargado con los trebejos de buceo y pesca de río (hasta el motor de la zodiac metí) y me he pasado los cuatro dias dedicado solo al disfrute, que total son dos dias y no hay que amargarse. Tenía ganas de dar unos aletazos y de andar el río, así que como encima anunciaron buen tiempo y mar calmada no me lo pensé y me fuí para el norte. Primera agradable sorpresa: ya está abierta casi toda la nueva Autovía de la Meseta, salvo un tramo de 39 kms en Palencia, con lo que el tiempo total desde mi casa a Unquera ha quedado reducido a algo más de tres horas y media, un paseíto oyendo la radio. Este verano la terminarán, así que subirse para arriba va a dar mucha menos pereza.

Tenía además ganas de probar la nueva cámara Canon Powershot 10 bajo el agua, y ver si es capaz de hacer buenas fotos sin apoyo de flash externo o de complicados aparatos de iluminación submarina. Así salieron las cosas:

Una buena pescaJueves 14: día de mar calmado, casi como un plato, el agua muy clara y la marea baja, sólo al final empezando a subir. Estas son las peores condiciones para la pescasub, la visibilidad es estupenda y los colores fuertes, pero el pescado ya se ha retirado de la costa tras comer en la marea alta, y además te ve llegar a kilómetros. No me animé a arrastrar la zodiac, así que salí de peatón por la playa, con la boya de buceo obligatoria. Es la primera vez que pesco tan temprano en el año, así que iba emocionado pensando que habría grandes bandos de lubinas invernales poco maleadas todavía. Estuve en el agua casi cuatro horas, dí toda la vuelta al Castro de La Franca y luego por la costa hasta el final de Santiuste, y vi poco pescado. Bastantes pintos y serranos (lábridos), y bastantes sarguitos. El sargo común es un pez gregario y curioso que se te acerca confiado mientras es pequeño, cuando crece se vuelve desconfiado y huidizo, los gordos hay que buscarlos en las cuevas o acecharlos en la marea alta en la espuma. Tiré a dos sargos normalitos, un sargo breado (sargus cervinus), un pinto gordo que se puso especialmente provocador, un salmonete a mucha distancia, y solo al final, una presa de las buenas: en una cueva formada en un derrumbe me asomé y vi fugazmente un buen sargo, que desapareció por el fondo. Tuve que entrar con cuidado casi todo el cuerpo (tengo alergia al pinchazo del erizo de mar), y lo ví allí, se había metido detrás de una roca suelta y disimulaba. Tiro fácil en un cuerpo tan grande y plano, y tras bastante pelea por desenredarlo de los recovecos de roca, a la boya con él. Buen resultado del día, incluso demasiado para dos personas, porque me pongo como tarea limpiar yo mismo todo el pescado y comerlo, así te autoregulas, que darle al gatillo es demasiado fácil y divertido. Ví también algún buen centollo, pero está prohibido cogerlos buceando, no merece la pena el riesgo.

Viernes 15: Estuve enGusano tubícola la duda de si dedicarme al fusil o a la cámara de fotos, pero tras pensar un rato opté por lo primero, aún no había satisfecho el ansia predadora. Probé esta vez por la derecha de la playa, en la zona de los Viveros, pero el dia estaba decepcionante para la pesca: agua muy clara y parada, solo vi dos salmonetes que merecieran el tiro, y los dos se desgarraron y escaparon. En cambio estuve viendo desde el principio estupendos motivos de foto: gusanos tubícolas, actinias, un raro pececito naranja con una mancha blanca que parecía un pez payaso (pero en el cantábrico no hay peces payaso, y no estaba asociado a una actinia), un pequeño gobio que limpiaba aplicadamente la entrada de una grieta arenosa. Como se supone que este pez suele asociarse con un crustáceo, miré dentro de la grieta y no había bogavante, sino una gran tembladera o torpedo (una raya eléctrica), que me miraba con los ojillos juntos. Seguí viendo cero peces disparables y muchos motivos de foto, más tembladeras, un raro erizo de mar de púas cortas y puntitos morado fosforito, estrellas de mar… Total que me decidí, salí del agua, fuí hasta el coche, dejé el fusil y tomé la cámara.

Empecé haciendo algunas buenas de gusanos tubícolas y pude ver con gusto que la cámara hace muy buenos primeros planos incluso con pobre iluminación (en cambio con el flash no quedan muy bien), sin embargo, ya no encontré los motivos de antes. De repente pasó lo que tenía que pasar: en el fondo de una cueva me esperaba unSargo breado provocador gran sargo breado, más de un kilo, allí estaba tan tranquilo y confiado posando de frente y de perfil y ofreciéndome el flanco para el disparo… de la cámara. Subí a por aire dos o tres veces y allí seguía, esto no es normal, el breado es algo más confiado que el sargo común, pero nunca tanto como este. En cierto momento me cabreé y le hice gestos para que huyera, pero en vez de hacerlo se puso chulo, levantó la aleta dorsal y se puso de lado enseñándome su librea de rayas, casi estuve por tirarle la cámara. Al fin se cansó del juego y se fué nadando despacito.

Esto me trae un pensamiento: mi abuelo, que era cazador, siempre decía que las palomas torcaces distinguen perfectamente cuándo llevas escopeta y cuándo no, se posan lejos, levantan la cabecita enterándose, y si ven el palito negro salen huyendo, si no lo ven son capaces de venirte a comer a la mano. Tal vez sea algo exagerado (como casi todas las cosas que decía mi abuelo), pero este sargo breado parecía saber que sin el fusil yo era un ser inofensivo.

Seguí dando vueltas por allí y mirando, me pareció que la vegetación del fondo (vamos, las algas), son diferentes que en agosto, supongo que tienen su ciclo como las plantas de tierra. No había laminarias, ni esas algas marrones con vegigacytoseiras para flotar (fucus), y en cambio había unas llamativas matas de color del turquesa al verde, que no recuerdo haber visto otras veces. Veo que se llaman cytoseira, buena ocasión para documentarse sobre el tema Algas del Cantábrico. En esto de la fotografía de naturaleza submarina me parece que es lo mismo que en tierra: es fácil hacer sujetos estáticos, como plantas o algas, pero muy difícil hacer una buena de un pez, a ningún animal le gusta sentirse enfocado de cerca por el objetivo de la cámara, un ojo fijo sobre tí es una señal universal de amenaza.

Sábado 16: esperando gentío en la playa opté esta vez por bajar al mar por los acantilados caminando desde la carretera (qué dificil es andar por las rocas cortantes calzado sólo con escarpines). En el borde del mar pude ver que este año hay bastante percebe, se ve que el SEPRONA lo tiene de momento bastante vigilado, y persigue a los piratas esquilmadores. me tiré en zona batida con mi boya, y nada más entrar tiré a un sargo en una grieta estrecha, y oh, desgracia, la varilla, que era nueva, se quedó completamente doblada por la inserción del aletín. Sin herramientas para arreglarla ni repuesto seguí aleteando por allí, en la espeLubina y sargoranza de poder pinchar algo con tan mala herramienta. Llegué a la zona de grandes lajas que hay más allá y empecé a sumergirme, allí los fondos son relativamente grandes (sobre 15 mts), y abajo del todo hay grandes piedrones que un dia debieron de caer desde el acantilado. Me quedé a la espera sobre uno de ellos, y por fin ocurrió lo que ocurre siempre en los vídeos de pescasub, se acercó un bando de lubinas terciadillas que me rodearon con curiosidad a distancia de disparo. Apuntar rápido y pumba, la más gorda pinchada con mi retorcido arpón. Pero ahí se acabó mi suerte, el siguiente tiro dió en roca y partió la flecha, con lo que tuve que dejar la pesca y volver al coche con el escaso botín. Allí tenía repuestos, pero me dió pereza volver a bajar el acantilado, así que terminó mi día y mi puente.

He incluido en la primera foto un vínculo al álbum de las fotos que saqué. Me pareció que la cámara hace unas estupendas fotos bajo el mar, tendré ocasión de seguir probándola este verano, pero tengo que buscar el modo de llevarla encima durante la pesca para poder optar: a tí foto, a tí arponazo. Ya se que la diferencia de trato parece demasiado dura, pero así es el ciclo de la vida bajo el proceloso océano…

Bicicleta de Montaña15 June 2009

El tramo imposibleA dónde va a ser, al Rio Moros, claro. Nos quedamos solos Ignacio, Rafa y yo, y aunque los Joses nos habían dicho que ellos harían la gran ruta Las Rozas-Segovia con vuelta en tren, nosotros últimamente estamos limitándonos a los sitios cercanos que nos permiten volver pronto a casa y fichar casi antes de que la familia se levante. No se si los Joses cumplieron al final su objetivo porque el dia estuvo amenazante, pero nosotros repasamos el post de esa ruta Las Rozas-Segovia y recordamos que son 75 kms con vuelta a eso de las 16 horas, demasiado para los tiempos que corren. Así que le preguntamos a Rafa dónde quería ir, y salió Rio Moros, claro.

No me hallaba yo muy católico, el miércoles había ido al gimnasio, donde hacía más de un mes que no pisaba, y me encontré con que mi varonil clase de Lift-Training había sido sustituída por una nueva de "GAP Brasileño" (Glúteo-Abdomen-Pierna), impartida por una brasileña (nada del otro mundo). A los hombres no nos suelen preocupar demasiado nuestros glúteos porque normalmente van tapados, salvo al que sí le preocupan, y en ese caso, huye de su compañía. Quiero decir que era claramente una clase de tías, pero ya que estaba allí no quise perder la hora y me puse a hacer sentadillas como un poseso, con el resultado de pillar unas agujetas históricas, una semana después aún me duran. Yo creía que las perdería a los diez minutos de pedalear, pero qué va, me acompañaron toda la ruta, era como eso que dicen bocadillo del futbolista, pero no tan fuerte: como si te estuvieran dando con un martillito en todo el muslo a cada pedalada. Unas agujetas bien pilladas no se quitan con nada, ni con aspirina ni con ibuprofeno, es solo cuestión de aguantar.

Pues allí salimos los tres desde la vertiente norte del Alto del León, Rafa estrenando sus regalos de cumpleaños, las gafas Decathlon que se oscurecen y el saco ese de poner en el manillar, más contento que niño con zapatos nuevos. Había llovido por la noche y el ambiente estaba fresco, Rio Moros siempre es zona muy fría. Encontramos la portilla abierta, creo que por primera vez en la vida, y fuimos pedaleando hasta el cruce de caminos donde empieza la subida, saltamos la valla y hale, a darle. Todo muy verde y algún corzo por entre los pinos. Llegados finalmente arriba, Rafa, que iba delante, rehusó (como los caballos de salto) ante el desvío que sube a Marichiva y siguió hasta el arroyo creyendo que no nos íbamos a dar cuenta, pero qué va, Ignacio y yo traíamos ganas de probarnos en el tramo imposible, es la verdadera medida de la condición física para el ciclista madrileño. Para prepararnos comimos en el arroyo, Rafa traía delicias turcas, esta vezAlucinando en el Moros de dátil prensado con almendra y cobertura de azúcar glass, la boca se pone dulce solo de escucharlo, un buen ejercicio para las mandíbulas. Retrocedimos pues un poco y subimos la primera rampa, el firme estaba húmedo y con buen agarre, si no la subimos hoy sin echar pie a tierra no lo haremos ya nunca. Al final más o menos lo de siempre, una o dos caídas inevitables y algún empujón de bici, y llegamos todos arriba con el corazón saliéndose por la boca.

Media vuelta y para abajo, emprendemos la larga y divertida bajada por la derecha de los pantanos y llegamos al puente sobre el verdadero río Moros, allí Rafa no pudo más y se sintió realmente en su sitio, como se ve en la foto. Dejamos la subida de la izquierda que te lleva de nuevo hasta la cabecera y que tomamos cuando estamos con ganas de endurecer el día (hoy no), y seguimos hasta el prado abierto del refugio, a ver ese enorme árbol que simepre creímos un abedul, pero que ahora visto de cerca y ya con hojas resulta ser un tilo. Alguien plantó varios de ellos y construyó una pequeña casita con tejado de pizarra para hacer un rincón agradable para estar, ahora está como para fotos de calendario. Nos dimos unas vueltas mirando al suelEl refugio del tiloo y pillamos unos puñados de senderuelas y algunos champiñones de prado, yo los comí por la noche, estaban buenos pero alguno sabía a vaca, demasiadas de ellas dando vueltas por allí y abonando el prado.

Una vez arriba y de nuevo al otro lado de la valla nos sentíamos poco cansados y con cierto complejo de culpa por el día tan tranquilo, así que el último tramo de subibaja hasta el coche lo hicimos muy picados y a toda velocidad, los tres alternando en la cabeza como la última vuelta de Rossi y Lorenzo en Montmeló. Nos cruzamos con un grupo como de treinta ciclistas muy domingueros (ellos y ellas), la ropa de chándal de felpa, los cascos en la coronilla y los sillines muy bajos.

En fin, esta ruta con todas sus variantes puede llegar a los 1.100 mts, pero no creo que el domingo hiciéramos más de 750. Vamos, un rato para pasear y ver el Río Moros, que siempre merece una visita, aunque algunos no estén de acuerdo…

Dame un Consejo1 June 2009

Tal como comenté me pongo a escribir un poco sobre el tema, muy motivado tras la experiencia con mi última cámara digital, que ha durado algo menos de cuatro meses. No voy a hacer una comparativa, porque no he probado todas las marcas, pero si os cuento la impresión que me ha dado cada una de las que he tenido: HP, Pentax, Werlisa y Fuji, y otras dos más que he probado.

Como previo que vale para todas, hay que reconocer que las cámaras digitales son una maravilla. Permiten hacer fotos casi profesionales, son muy pequeñas y ligeras, te dejan pasar a un ordenador y visualizar de inmediato, las fotos son gratis, todo son ventajas, sobre todo si lo comparas con lo de antes: grandes cámaras reflex muy pesadas, comprar carrete y revelarlo luego, economizar fotos y luego encima la sorpresa de recoger el sobre: la mitad están desenfocadas. La cámara digital ha cambiado mi vida:  llevo casi siempre una encima y puedes hacer fotos inesperadas, puedes sacarla rápidamente (la cámara) y hacer fotos desde la bici sin pararte, tiras 200 fotos de una ruta y luego te quedas con treinta, ¡y no hay gasto!. Pero hay un gran inconveniente: son delicadísimas, la humedad, el polvo y el frío las matan, y no digamos si les das un golpecito. Leyendo por ahí los foros veo que cualquier buen aficionado ha gastado ya por lo menos tres o cuatro cámaras, qué derroche, ¿quién no tiene por casa una sólida reflex de hace quince años en perfecto estado de uso?.

Como digo, he tenido cuatro cámaras (hasta ahora): tengo muy buen recuerdo de la HP, un ladrillo sólido y resistente que aún funciona, el software era facil y amigable, y el servicio técnico espléndido: se me rompió el boton de apretar y me dieron otra nueva. Se mojaba por dentro a veces, pero la ponías al sol y resucitaba. La Pentax, algo complicada de manejar (demasiados modos de exposición), murió en Asturias un día de húmeda niebla. Aún estaba en garantía, pero no cubren daños de humedad, golpes ni polvo en el objetivo. Ah!, Media Market te hace firmar una leonina cláusula que te compromete a pagar el estudio de presupuesto si decides no arreglar la cámara, y eso ocurre siempre, porque el arreglo vale siempre un 80% del precio de una cámara nueva (ni más ni menos). Yo no lo pagué y se la quedaron ellos. La tercera fué una Werlisa con enorme pantalla de 3" (andaba ya con la presbicia), y me ha dado un resultado  mejor: a base de mantenerla siempre en la funda y cuidarla como a una hija ha durado dos años, pero ya anda con resfríos y humedades interiores, a veces no arranca y no te puedes fiar. Eso sí, tiraba las fotos más bonitas de entre las que he tenido, aún la usé hace quince dias para el post de Ronda. Y por último, la Fuji, una cámara con una espectacular óptica que se despliega al encenderla. La óptica de calidad debe de haber bajado mucho de precio, porque antes eso era lo que diferenciaba a las cámaras buenas de las malas, y ahora todas la tienen. Pues bien, ha resultado tan delicada como parecía, se ha fastidiado a los tres meses. Gracias a Dios fuí previsor y le suscribí la garantía extendida de MM (29€), me la han arreglado bien y gratis, pero ahora tengo miedo de llevarla por ahí…

Me he propuesto pues buscar una cámara superdura que pueda aguantar el rollo del ciclismo de montaña, que yo creía que no era deporte extremo, pero parece que sí. Tiene que aguantar la humedad (niebla y lluvia, no inmersión), polvo y temperaturas bajo cero. Golpes no es necesario, no la andas tirando por ahí, y si te caes de la bici lo de menos es la cámara. He chateado bastante buscando otras experiencias, y he llegado a dos conclusiones: Primera, que hay un montón de gente dedicada a deportes extremos, a tirarse en paracaídas, a bajar por cañones, a remar en piraguas por el mar y cosas peores, y gastan un montón de dinero en irse a islas paradisíacas a practicar sus dolorosas aficiones. Es decir, primera conclusión: hay mucha gente que se lo monta mejor que yo. Segunda, que en este momento solo hay cuatro cámaras digitales conseguibles que puedan aguantar el golpe directo, la inmersión bajo el agua, Ladrillo Vivitarel polvo y el frío extremo:

Vivitar 6200W (también la fabrican Starblitz, Sealife, Werlisa Pentax no antichoquey otras marcas): un ladrillo forrado de goma con grandes botones que tiene una pinta estupenda, muy barata (89 €) pero muy limitada en cuanto a definición y luminosidad.

Pentax Optio W60: Sumergible a 3 mts, pero no resiste golpes, y parece algo más delicada que las otras.

Olympus Tough 8000, y todas las de serie Tough ("Duras"): auténtica escafandra cuadrada con tornillos, parece muy dura y tiene las últimas prestaciones. En contra, dicen que las fotos de interior sin flash salen algo granuladas, y no usa tarjetas SD (aunque sí micro SD, con adaptador). Lleva ya unos cuantos meses en el mercado y la gente sBatiscafo Olympusolo comenta cosas buenas, salvo el tema de interiores.

Canon Powershot D10: la última en aparecer, supermodeSubmarino Canonrna y muy vistosa, parece un pequeño submarino azul. Yo la acabo de ver y me parece algo grande, aunque es bonita. De precio, similar a la Olympus, es decir, cara.

Bueno, dicho y hecho, he comprado la Olympus (mejor dicho, me la han regalado) y me la he llevado al monte. Primera impresión: dura, resistente y algo pesada, pero las fotos me han decepcionado: pobres de color y con mala definición cuando disparas en marcha. Además las fotos en que hay sol y sombra salen bastante quemadas, quizá todo esto se deba a su óptica tan pequeñita. Luego además están las "manías de Olympus": la tarjeta XD que no aceptan los ordenadores, y unos sistemas de funcionamiento propios a los que no me voy a acostumbrar (por ejemplo, no pone las selecciones a cero cuando la apagas y enciendes, con lo que puedes estar tirando fotos en macro sin darte cuenta. Total, que la he devuelto, y me he traído la Canon.

Primeras impresiones, las fotos salen muy ricas de color en interior sin flash (casi un poco increíbles), y tiene un modo "Auto" que se encarga de todo (pero de todo, todo) estupendo para vagos o despistados como yo: detecta incluso cuando se necesita macro, y lo pone y quita ella sola. Por contra sigo pensando que es algo grande, y otro problema, el flash está escondido detrás de esa especie de ojo de buey, con lo que en las fotos con macro y flash puedes dejar media escena a oscuras. El aspecto externo es sin duda discutible, vamos, que es cantosísima, pero a mí me gusta. Este fin de semana la he probado en todo tipo de escenas y tengo más impresiones: las fotos de interiores son espectaculares, lo que parece raro en una cámara para bucear. Tiene un modo de exposición especial para vegetación que realza las fotos de bosque y plantas, parece que estés en la jungla. El visor es muy luminoso, lo que a veces te llega a engañar: las fotos se ven más bonitas en él de lo que han quedado en realidad. Puedes elegir el tamaño de fotos al hacerlas, hasta con un modo panorámico. Por contra, tampoco resuelve demasiado bien los exteriores de sol y sombra (algo quemadas), ni las fotos en movimiento. Por último, tiene una "ayuda de stich" que es estupenda para hacer esas fotos unidas de un gran paisaje (si te gusta hacerlas). No la he probado bajo el agua, eso quedará para este verano, a lo mejor me paso a los pescasub ecológicos. En definitiva, me quedo con esta, estoy satisfecho con la compra (mejor dicho, repito, con el regalo…).

Bicicleta de Montaña, Setas25 May 2009

Chorro de San MamésDespués de nuestra dura prueba de la semana pasada y ya convertidos en duros cientouneros nos planteamos volver a la rutina dominical de las rutas por la sierra madrileña. Yo pensaba entre mí que después del exceso cualquier cosa que nos propusiéramos me iba  resultar sencillita, vamos, que hacer los 101 supone subir un escalón sin retorno en tu condición física y que luego una ruta dominical se iba a hacer con la gorra, pero qué va, esto sigue siendo tan difícil como antes.

Para volver con buen pie elegimos una de las del Valle de Lozoya, la subida a San Mamés. Se vinieron Ignacio, que estaba en su casita de Alameda y le pillaba cerca, Rafa, que va recuperando la forma tras los catarros recurrentes, Nico y yo mismo. Varios correos durante la semana nos habían avisado de que la gente está liada, sea con el trabajo (¡hay gente que trabaja el domingo!), sea con la familia, o sea con otras obligaciones. De todos modos cuatro no está mal, para lo que tenemos últimamente.

A las 6,15 me levanté, desayuné y me vestí de deporte, al ponerme la camiseta azul recién lavada noté picores varios y le dí la vuelta, y allí había como dos docenas de esas bolitas ganchudas que se pegan a la ropa, amores o arrancamoños les llaman, lo que me trajo de inmediato el recuerdo de mí mismo miserablemente tendido bajo el olivo entre los cardos. No cabe duda de que estas plantas usan un sistema de propagación exitoso, aquí habían enviado sus semillas a más de 700 kms Arrancamoños andalucesde distancia. Las arranqué y me vestí de nuevo, hala a recoger a Rafa. De comida aún me quedaban en la mochila cinco de las seis barritas Isostar de choco coco que compré en los 101, lo que me hizo recordar también que no pude ni tragar una. Entre nosotros, son mucho mejores las de Hero.

Nos encontramos en el restaurante-pajar de Lozoya y salimos con tiempo fresquillo y suelo húmedo, había llovido fuerte el dia anterior, el pantano estaba a tope y todo muy húmedo y verde. Comenzamos las subidas por el robledal ya bien brotado, charlando más o menos de nuestras cosas y oliendo el aire. Pasamos el pueblo de Navaredonda, nadie por las calles, luego el de San Mamés, nadie tampoco. De allí hasta la granja de cabras se va por carretera, pero el Sherpa llevaba aprendido el camino por pistas de tierra, ¿quién puede preferir pisar el duro y llano asfalto antes que las estupendas pistas embarradas y llenas de guijarros? Nosotros no, no hay color. Llegamos efectivamente a la granja "Santo Mamede", una explotación de cabras donde venden todo tipo de productos artesanales, queso fresco de cabra, huevos de corral, miel, allí estaba la señora en su mesita y nos saludó efusiva, pero no podíamos cargarnos con cosas pesadas y frágiles, si no ya me hubiera apetecido una docena de huevos, a juzgar por lo felices que parecen las gallinas sin duda deben de estar buenísimos.

Ya han florecido las peonías rojas, qué bonitas, parece una flor excesivamente grande y vistosa para estar por el monte, la naturaleza suele ser más discreta si no es el hombre quien la fuerza. Hicimos unas fotos para recuerdo, estas flores enseguida pierden los pétalos, apenas duran quince días. Tras ese rato de subibaja duro se enfila ya la verdadera subida por el valle hacia los pinares, allá se distingue la catarata que llaman el chorro de San Mamés, muy vistosa y por ahora con bastante agua. Por primera vez quisimos verla de cerca, así que dejamos las bicis junto a la pista y nos metimos por un camino de andar, tras un rato de pisar pinos y saltar arroyos llegamos aPeonías la cola de agua, donde hicimos fotos.

Ibamos discutiendo si San Mamés y Santo Mamede son también el Santu Medé de los asturianos, lo que le valió a Ignacio para arrancarse a cantar El Pericote: "Alameda alamé, Pericote rompió un pié, y después que lu rompió, lu llevó a Santu Medé…". Por aquellos valles de prados verdes y arroyos quedaba de los más propio, faltaba solo el pandero. Al saltar un regato hice mi primera foto subacuática (que no submarina) con la cámara nueva (Olimpus Tough 8000), no salió muy allá, pero al menos no fué la última foto de la cámara, como auguraba algún agorero.

Seguimos la subida hasta la cabecera, arriba aún unas manchas de nieve, pero no llegaremos a pisarla, están muy alto. Yo iba mirando distraídamente las cunetas por costumbre, y de repente algo me saltó al ojo, una especie de boina marrón llena de rayas blancas, paramos y cavando alrededor vimos que, en efecto, era un gran Boletus Aestivalis, hallazgo estupendo y nuevo para mí, nunca había encontrado boletus en primavera, y esta especie solo la conocía por fotos. Mirando un poco más encontamos otros dos o Boletus Aestivalistres, y entonces como siempre me cegó la codicia y me metí por el pinar, me tuvieron que sacar de allí. A partir de entonces el descenso con un ojo en los baches y el otro en los terraplenes, Nico tenía el ojo bien pillado y encontró otros dos o tres grupos de ellos, recién brotados y con un aspecto estupendo.

Ya en pleno descenso paramos para ver el pueblo de Canencia al otro lado del valle, y el comienzo del camino que lleva al Sabinar de Lozoya, es otro lugar de interés que nos interesa, pero hay que caminar bastante rato así que otro dia será. Llegamos al coche e hicimos el reparto, esa misma tarde los preparé y comí, me dieron la impresión de ser algo más insípidos que B. Edulis, así que Nico ha cortado los suyos en láminas para secar, eso les da mucho aroma.

Aunque no llegamos a subir a la horizontal (porque el dia se puso setero), salieron sus buenos 35 kms y 900 mts de ascensión y cada metro costó lo suyo, contra lo previsto no hemos vuelto de Ronda convertidos en Supermán, pero los domingos me siguen gustando…

Bicicleta de Montaña20 May 2009

¿Quién inventó este horror?

Ganas tenía ya de escribir esta crónica, porque el hecho de estar aquí dándole a la tecla implica que ha pasado ya el duro trago de la prueba, los 101 kms de Ronda. Como previo adelantar ya que tanto Nico como yo logramos terminarla, y como previo también decir que en mi vida he pasado más agobio, más cansancio, más calor, más deshidratación, he tragado más polvo, ni he estado tan cerca de tirar la bici a la porra y quedarme bajo un árbol con los pies en alto. Aparte de eso, todo muy positivo.

Tras un nulo entrenamiento por mi parte en los últimos quince días por viajes de trabajo, quedamos en Ronda el dia anterior a la prueba Luisa, su marido Nico, Silvia, su marido yo mismo, y dos amigoMarea naranjas María y Antonio. Teníamos habitación reservada en el Hotel Maestranza, que está a unos pasos de la línea de salida en la Alameda, qué descanso terminar y ducharte en tu propio cuarto, y qué ideal para vivir desde dentro el ambientazo que se forma (gracias a Jose Luis "Boris", que entre sus doscientas mil obligaciones encontró tiempo para hacernos las reservas y ocuparse de nuestra propia intendencia). Ya podíamos ver que la cosa iba a ser sonada porque desde La Mancha veníamos viendo muchos coches con bicis dentro, y en la recta que entra a Ronda desde el pueblo anterior estaba parada la caravana de coches de deportistas, muchos carteles provisionales indicando a todos lados: "salida", "concentración", "cena de la pasta", prohibidos aparcar en todo el trazado, en fin, una gran movida. El viaje hasta allí por las llanuras manchegas y por los montes andaluces, un poco pesado, nos pilló la feria del caballo de Osuna y tuvimos que recorrer todo el pueblo tras un trailer de borregos (apestoso), y luego detrás de los caballistas y las rocieras en alegre desfile. Yo además había empezado el viaje solo dos horas después de aterrizar en Madrid, así que con esa excusa me libré de conducir y me llevó mi mujer.

Aparcamos en el garage del hotel en todo el centro, otra ventaja, y salimos todos a cenar algo, ver el ambiente y echar un ojo a Ronda. La Alameda, o sea el parque central, estaba tomada por la organización, vaya movida, legionarios por todos lados, tiendas de campaña para comedores y cocinas, para servicio médico, para ventas de recuerdos, tiendas de marcas de ropa deportiva o de bebidas energéticas, vehículos militares, un servicio de animación con comentarista y música, todo de maravilla. El éxito de ventas de esta edición, una camiseta de correr blanca que lleva detras un mensaje en letras pseudochinas: "Los últimos sus muráis". La noche además estaba estupenda así que hicimos mucho rato deambulando por allí y recogiendo los dorsales y demás. Nico y yo recogimos la famosa "cena de la pasta", una bandeja con ensalada campera y gran ración de macarrones con carne y tomate, qué rico, yo quiero ser legionario para comer siempre este rancho. Como era mucho con las dos bandejas cenamos los seis, tomamos unos helados por allí y nos subimos a la cama temprano, a las ocho se desayuna.

Café para las fuerzasDesayuno puntual y abundante, luego todo será poco, montar las bicis y marcharnos para la salida en el estadio de Ronda recorriendo a la inversa lo que luego será el comienzo de la prueba por las calles peatonales, cuánta gente en bicis o corriendo, con bastones o sin ellos, unos cachondos vestidos de romanos, y ya todos en mogollón bajando hacia el estadio para entrar y coger buen lugar en la salida. Aquí primera prueba de habilidad, hay una entrada privilegiada para los que han comprado el maillot de la prueba y otra para la purrela, yo lo quería (este año es muy bonito), pero se habían terminado, así que compartimos el de Nico: yo me había puesto la mitad de abajo y él la mitad de arriba, pero no coló, el legionario de la entrada tenía instrucciones estrictas de parar a los listos. Al fin después de porfiar un rato vino un sargento y dió orden de dejarnos pasar, así da gusto, el mundo militar tiene sus ventajas. Nos metieron por un pasillo de vallas que nos llevaba directamente a la primera línea de la salida adelantando al enorme mogollón de ciclistas que no tenían nuestro maillot: lo siento amigo, déjanos pasar, otro año te tocará a tí, se bueno y te dejaré jugar con mi llavero. En resumen: nuestro grupo negro y naranja tenía unos quinientos corredores y detrás estaban el resto de mortales, unos tresmil más. El palco estaba justo encima y allí llegaron nuestras parejas, nos tiraron muchas fotos, nos preguntaron si nos habíamos puesto crema y si íbamos bien abrigados y todas esas cosas. La previsión era de día nublado, pero ya se estaba viendo que el cielo estaba bien azul y el dia sería de calorazo. Aliviando

La espera se iba prolongando y los zumos del desayuno y los nervios iban haciendo su efecto, así que algunos empezaron a buscar algún lugar donde desalojar el líquido, esa esquina es buen sitio, justo encima de la instalación eléctrica provisional. Pequeños discursitos, paseos y fotos de estandartes y de la cabra, mucho comentario del espíker y al fin los vivas reglamentarios, enorme bocinazo y hala, todos a pedalear como locos para pillar sitio en el pelotón. Los fieras federados los primeros dando codazos y metiendo rueda, nosotros más tranquilos tratando al menos de salvar el equilibrio, una caída en esta barahúnda sería mu mala. Subida de nuevo por las calles peatonales con mucha gente aplaudiendo y al fin salida de Ronda y llegada al punto de neutralización, donde nos tuvieron casi media hora de pie sobre la bici hasta que llegara todo el mundo. Unos aprovecharon para evacuar lo que no habían hecho en la línea de salida, los más listillos para ir por las cunetas con la bici en alto a ganar unas posiciones. Al fin un nuevo bocinazo y empieza la carrera de verdad, los 101 kilómetros, que Dios reparta suerte.

El grupo se empieza a estirar y poco a poco los de maillots de colores se empiezan a entreverar con los negronaranjas, vamos, que unos adelantan y otros atrasan según ganas y condición física. Primeros kilómetros de carretera y luego se entra en las pistas de tierra que ya serían la mayoría en la ruta, Dios qué polvareda, todos por enmedio del grupo masticando y respirando albero, guiándote casi en algunos tramos por el ruido de los de delante. Entramos en los olivares por sendas muy peligrosas de subibaja curvas y mal firme de piedrones y regueras, y empezamos a ver las primeras caídas, este se ha machacado un costado, aquél un codo, nada grave hasta el kilómetro 25 en que un A los olivaresgrupo rodea a uno de los fieras primeros, sangra a lo bruto por ambas narices, tiene golpes por la cara y todo un costado del maillot rasgado, y además está desorientado y se queja ay ay, crucemos los dedos y que no nos toque, al poco nos cruzamos con la ambulancia de la Legión, menos mal. También vemos ya bastante gente a los lados arreglando pinchazos, inflando ruedas o con averías, las piedras del firme son muy malas, que no nos toque tampoco, pero si nos ha de tocar algo malo mejor esto.

Nico y yo tratamos de ir juntos pero es difícil, yo suelo empezar muy fuerte y él en cambio guardando, ya se sabe que es muy guardón. Le espero unas cuantas veces y al final decidimos que cada uno a su ritmo, ya nos veremos en el camino, como los arrieros. Según lo acordado vamos despreciando los primeros puntos de avituallamiento para ir ganando posiciones, llevamos mucha agua y barritas en la espalda y mucha fuerza fresca en las piernas. Pasamos el curcuito Ascari, una pista de carreras privada construida enmedio de los olivares, según nos dijeron este año se le daba una vuelta, pero no es así, hay tres coches tipo Le Mans echando carreritas. Nosotros pasamos por al lado y llegamos al primer punto de sellado del Pasaporte Legionario, con qué fuerza y marcialidad ponen el sello estos chicos, casi me dislocan la muñeca. Como es un rollo ir sacándolo de la mochila, opto por meterlo en la pernera del culotte, no creo que pase nada. Entreveo a Nico rellenando agua en una cisterna militar y luego se pierde en la marea de maillots negro naranjas.

Nueva larga bajada de carretera y entramos en el primero de los pueblos de la ruta, donde nos vNeutralización de Arriateuelven a neutralizar para el paso de la carretera. Allí encuentro de nuevo a Nico y escucho los comentarios de los veteranos, plano en mano. Un supercachas nos da su impresión: vienen unas subidas malas, pero donde de veras se decide la carrera es en el "pesho" del kilómetro 80, la subida a la ermita, según dice esa pone a cada uno en su sitio y decide quién va a ganar, si la subes es muy probable que llegues. De nuevo arrancamos y bajamos en grupo por las calles del pueblo llenas de gente que aplaude, ¿señora, qué pueblo es este?, Arriate, ¡pues viva Arriate!, ¡y vivan los corredores!, tras el baño de multitudes volvemos al campo y comenzamos la subida del puerto de Salinas, remontar casi 400 metros en cinco kilómetros de duras rampas del 9%, el calor ya aprieta y seguimos tragando polvo, las sonrisas empiezan a aflojar y la gente se pone seria, como triste. Llego arriba sin ver a Nico, que va delante, está claro que ha dejado de guardar para empezar a gastar, y por ahora hemos despreciado todos los avituallamientos. La mochila de agua empieza a estar flaca, bebo a traguitos cortos  casi solo para quitar el polvo de la boca, pero el cuerpo me empieza a decir que los traguitos cortos no van a bastar, que allí lo que hace falta son litros y litros.

Afortunadamente la cosa termina y hacemos nueva larga bajada para llegar al río y entramos por las calles bajas en Setenil de las Bodegas, vaya pueblo bonito y sorprendente, está construido a lo largo de la garganta del río, las casas pegadas a los lados bajo los bordes del desfiladero, la mayoría no necesitan tejado. Los de Setenil no se han limitado a aprovechar las cuevas naturalesPenosa subida, donde hace falta un parking han profundizado más en el muro con martillo neumático, viven bajo la montaña y no tienen miedo. Los bares de la avenida principal tienen las terrazas bajo la roca y a esta hora están llenos de gente tomando la cervecita en este frescor, nos dan grandes ovaciones y los ruidos rebotan en la cueva y salen como un clamor tremendo, nosotros hinchamos pecho y apretamos pedal, momento de gloria que por desgracia no va a durar. A la salida del pueblo nuevo avituallamiento y allí está Nico con las mujeres y amigos que han venido a darnos ánimos, rápidamente me mete unos plátanos en la boca que trago con un vaso de cocacola, un legionario me rellena el camelback con una manguera, un poco de crema para el sol en el cogote, unos ánimos y a la bici de nuevo. 

A partir de ese momento ya pierdo a Nico y no le veré más hasta el final, empieza la agonía en solitario con la subida al tercer puerto del dia, la Sierra de Las Cumbres, que para mí fué la puntilla: otros 400 metros de ascensión por camino polvoriento de olivar, con el sol en el casco y temperatura de casi 35º. Me bajé y empecé a empujar como casi todos los demás, la fuerza y el entusiasmo se me fueron con el sudor y me tumbé a la sombra de un olivo a intentar recuperar algo. Volví penosamente a la bici y me di cuenta que por mala que fuera la cuesta iba mejor subido y girando los pies que andando, así que zombi y en plena pájara recorrí los últimos kilómetros de aquél calvario hasta llegar al nuevo avituallamiento de la cumbre, donde tiré la bici por allí y me eché en un verde y ameno (como decían los antiguos) prado bajo las encinas. Durante un buen rato consideré seriamente la posibilidad de abandonar, no por falta de ánimo, es que no me veía capaz de hacer los 45 kms que faltaban, no tenía fuerzas ni para pasar cinco más, y encima faltaba el famoso "pesho" que me tLegía vocerasenía acojonado, como a todos. 

Cuando recuperé algo el sentío me acerqué al camión y vacié en un momento como diez vasos de agua y Aquarius de naranja y limón, lo echaba todo dentro sin mirar el color, y me puse a comer cuartos de naranja sistemáticamente, no se, pudieron caer seis naranjas en un momento. En mi oreja tronaba el legionario más voceras de todo el tercio "¡solo dos vasos por barba!", "¡tirar los desperdicios a la basura, que parece mentira cómo tenemos esto!", ahí he puesto la foto, nos podía transferir un poco de la energía que le sobraba, en vez de derrocharla de esa manera (observad también los ojos del de amarillo, parece un zombi o un santo de yeso). Intenté comer una barrita pero no pude tragar el bocado y la tiré, y volví a mi prado decidido a no levantarme hasta sentirme bien. Mientras tanto me acerco a sellar el pasaporte y ¡horror!, con el sudor y el goteo del Camelback se ha mojado, la página de sellos se ha pegado y solo con paciencia de cirujano logro abrirlo poco a poco sin perder las marcas ni borrarlas demasiado, menos mal, hubiera estado bien llegar hasta aquí para que no contara.

Al lado tenía a una familia completa de señoras y niños todos sobrados de peso, diciendo ¿dónde estará Manué?, ¡quiyo, ve al camino a ver si llega Manué!, y al final llegó Manué, un pobre al que yo había adelantado a mitad de subida, arrastraba la bici con su camiseta de los bomberos, una estampa penosa. ¿Manué, cómo estás? Muy mal, voy a abandonar, ¿Y PA ESO NOS HAS HECHO VENIR HASTA RONDA? ¡PUES VAYA GÜEVOS!, yo miraba alucinando el broncazo que le estaba cayendo a aquél pobre hombre, que al final se puso a cuatro patas y empezó a vomitar a gritos, y cayó desmayado sobre el propio vómito. Pues bien, no solo no le ayudaron, sino que el crío gorderas se puso a reirse de su padre, le divertía la escena. Manué, cambia de familia, estos no te merecen.

De repente empecé a encontrarme mejoSubida a la ermitar, el líquido llegaba a las células y me rehidrataba, así que decidí cambiar de táctica, me quité la camiseta de manga larga que llevaba por el sol y me puse una corta de algodón, me quité los guantes, cargué el camel a tope decidido a beber mucho y a tragos largos, y me eché a la bici otra vez, al salir adelanté a Manué que ya estaba más recuperado y de pie rodeado de su familia, y me tiré monte abajo, que sea lo que Dios quiera. A partir de ese momento todo fué mejor y baja baja llegamos al tramo de carretera que nos llevaba al cuartel de la Legión, todo muy barrido, ajardinado y pintadito, el tiempo del soldado debe ser aprovechado. Allí dentro, junto a los comedores, un viejo sargento gritaba "¡en este avituallamiento hay comida caliente, camas para descansar y masajistas!", ¡Qué cabrón, quién se resiste!, con enorme esfuerzo me salí de la hilera que iba directa adentro y seguí hasta salir.

Por la carretera se divisaba ya a lo lejos el famoso "pesho", la subida Montejaque o la ermita, como decían los Martes y 13 "no puedo creer ello", a lo lejos una pista casi vertical que subía por los campos y luego por la serranía y se perdía entre dos riscos, muy lejos y muy arriba. A estas alturas ya íbamos mezclados con los marchadores duathletas, y en el tramPal coche escobao de carretera coincidíamos con los ciclistas que ya bajaban del desvío, hace una especie de lazo, en la cara se les veía que lo que nos esperaba no era bueno. Con desarrollo facilito empecé a subir aquella pared en fila india con otros muchos, pero a diferencia de lo que me había pasado antes ya iba adelantando gente, en vez de al revés. En las últimas rampas hubo que echar de nuevo pie a tierra y hasta empujar la bici con las dos manos, alguno tenía en ese momento su bajón, como este de la foto, que parece listo para el coche escoba. Las ermitas suelen estar construidas en lo alto, eso es lo que da mérito a la excursión del peregrino y le hace ganarse el perdón de los pecados, pero el que llegue a lo alto de esta merece la indulgencia plenaria y vitalicia, son 300 metros en menos de 3 km, por un camino de veras vertical.

Llegada arriba, un poco de brisita de las alturas y bajada por el camino principal, una cremallera de cemento en zig zag que se domina toda desde arriba, bajar con un pie en tierra y algunos andando, por si acaso. A mitad de la rampa empezamos a oir jaleo, mProcesión ciclistaúsica y griterío, y vemos que la pista está copada por la procesión de la virgen, que la bajan al pueblo. Como no se puede pasar los ciclistas se unen al festejo, señora, ¿cómo se llama esta virgen? la virgen de La Carihuela, ¡pues viva la Virgen de la Carihuela! ¡y vivan los ciclistas!. Los costaleros se apartaron a descansar un poco y aprovechamos para adelantarnos en la bici y pasar por el tunel de gente, la banda municipal tocando pasodobles, aplausos, otro momento de gloria. Salimos de Benaoján, kilómetro 90, ya se huele el final, por una estrechísima vereda junto al río todos en fila y pensando ya en la última dificultad, la que llaman Cuesta del Cachondeo que remonta todo el Tajo de Ronda, yo me paré un rato y me senté al lado del río para comer algo y recuperar fuerzas y ya por la carretera  en pequeños grupos avistamos Ronda, la meta, qué cerca pero joder qué alto.

Justo bajo el tajo cruzamos el río en una zona muy arbolada, muy verde y fresca, ruido de agua corriente y ruiseñores cantando, había allí algunas casas bajas con viejas sentadas en el jardín entre sus rosales, gran sitio para pasar la jubilación. Al fin se enfilan las rampas de subida a la ciudad, ahora es cuestión de no bajarse y pedalear con mucho desarrollo porque el cuerpo no da más, pero la entrada tiene que ser digna y subido en la burra, no penosa y empujando. Una última curva a izquierdas y por fin la avenida principal porticada, mucha gente aplaudiendo, pasar delante del hotel y torcer para entrar en el parque y allí est¡La meta!aba todo, el pasillo de legionarios, la cabra al fondo con los cuernos dorados, que la ví como si fuera un ciervo blanco de los cielos, el espíquer comentando cada llegada, una guapas chicas pasando el chip del pasaporte por el lector y regalándote luego un rico Powerade, que me supo a gloria. También estaba toda la familia a un lado, pero no nos vimos, la cabo de un rato me encontraron  y nos dimos muchos abrazos, allí estaba un insultante Nico recién duchado y fresco como si saliera de su propio sofá, menos mal que me dijeron que media hora antes estaba tan sudado y baboso como yo.

Dejé la bici en un aparcamiento muy bien organizado hasta el dia siguiente, recogí diploma, camiseta, sudadera, medalla y demás obsequios, subí a ducharme y luego nos fuimos a un estupendo restaurante que hace balcón sobre el tajo, allí cenamos de maravilla y bebimos mucha cerveza, más de cien metros por debajo de nosotros veíamos el inicio de la cuesta, muchos ciclistas comenzando su último via crucis, y cuando nos levantamos para volver al hotel allí seguían llegando, un rosario de luciérnagas por el camino con sus linternas de cabeza, daba cargo de conciencia cenar tan a gusto cuando otros sufrían tanto. En el momento en que entrábamos al hotel paramos para ver y aplaudir al primer corredor, rodeado por montones de motos de policía y guardia civil con las sirenas a tope, la gente lo llevaba en volandas y él llegaba Corredores en la nochehaciendo el  uno con el índice, qué momento de gloria, ese sí que se lo había ganado. La noche fué cayendo y el goteo de ciclistas y corredores siguió, pero siempre hubo alguien para aplaudir.

Al dia siguiente y ya bien desayunados salimos a la calle principal y ahí sí que ya era el rato épico, aún había gente aplaudiendo a los corredores que llegaban después de 24 horas de carrera, unos arrastrando los pies, otros llevados entre dos, las mujeres todas llorando cuando oían los aplausos, ellas son mucho más sentidas. Nos acercamos a la Alameda a ver la retirada del impresionante montaje, muchos legionarios tragando polvo y manejando lonas, cartones y hierros sin guante ninguno, un Inspector de Trabajo se pondría las botas aquí de meter multas a los mandos. Las tiendas de los podólogos y los masajistas aún a tope de clientes, venga tiritas y reventar de ampollas, los masajistas Logística Legionariaestaban algo quejosos porque eran estudiantes voluntarios, habían masajeado una media de 50 sufridores cada uno, Pies sufridospero nadie se había acordado de su cena. 

En resumen, larguísma ruta de 101 kilómetros teóricos y 107 reales, ascensión acumulada de 2.300 mts (este sí que es record absoluto), un calor de muerte que llegó a los 35º en algún momento, suelo seco y polvoriento y dolor, mucho dolor. Mi tiempo 7hs 44min, Nico 7hs 08 min, me lleva la ventaja de los entrenamientos por Almería. Ganador absoluto de bicis el Triki Beltrán, profesional recién retirado, del ganador de marchadores no se el nombre pero era pequeño, flaquito y renegrido, con coleta, y me daba envidia. Gran experiencia de turismo y de deporte, meritorio esfuerzo de la Legión que despliega allí un operativo impresionante (la Legión le cae bien a todo el mundo y en buena parte es por cosas como esta), una experiencia para repetir el año que viene, cuando hayamos descansado las piernas lo bastante. Por ahora volveremos a las rutas habituales de los domingos, pero con una diferencia: ¡ya semos legionarios!.

Bicicleta de Montaña4 May 2009

Entre las  últimas nieves

Ahora sí que sí, ya no va a nevar más durante este curso, se nos ha venido encima el calor y podemos ir metiendo en naftalina los pantalones largos, las chaquetas gordas y los guantes térmicos, digamos que no lo vamos a sentir demasiado, por este año ya está más que bien.

El domingo pasado tuvimos buena afluencia y hasta caras nuevas, por un lado cara nueva de Iñaki de Oñate, compañero de atletismo de Miguel Angel y habitual duathleta (ya no basta con atletas, ahora lo son por partida doble), por otro una cara no nueva, pero como si lo seriese, la de Juannillo Cantador que ha vuelto por sus fueros como un verdadero Contador, casi ni le conocíamos después de tanto tiempo.

Iñaki resultó como parecía, un tío muy entrenado y de otro nivel, como Miguel Angel, cuando aprietan de verdad en un tramo duro y pedregoso tratar de seguirlos es como intentar quitarle al balón a Iniesta, una desesperación. El club de atletismo de Majadahonda está resultando una buena cantera para la bici, siempre que logremos mantenernos al nivel. Como era día de la madre teníamoMapa de rutas que volver pronto a casa para darles el regalito y festejarlas, como véis nos curramos mucho esto de la tolerancia dominical. En consecuencia tuvimos que elegir ruta cercana, pero como también queríamos algo muy duro para probar a los nuevos nos decidimos por la Triple Imposible, Barranca+Calvario+Bola, esta última solo si no había nieve y andábamos bien de tiempo y fuerzas. Salimos pues de la rotonda del Meño Colgante (entrada trasera al pueblo de Navacerrada), y empezamos a formar grupitos según fuerzas y ganas, buen tiempo, el dia amenazando ya calor, quién diría que hace una semana estábamos a 0º.

Afrontamos agrupados la subida a La Barranca y solo en las últimas rampas, que son de arena suelta y con un porcentaje del 22% se empezaron a descolgar algunos, pero allí nadie se quería quedar tirado. Parada en el mirador para hacer la primera comida de varias, y de inmediato a bajar hasta la carretera del puerto, en esta parte la pista está muy suelta y las curvas son muy malas, hay que concentrarse mucho para no salirse y no patinar. Un ratito de carretera hasta el Ventorrillo y ya tomamos la subida del Calvario, que estaba estupenda: no bajaban arroyos y el suelo tenía ese punto justo de humedad que sujeta las piedras, haciendo memoria creo que es la segunda vez en casi veinte subidas que logro hacerla toda sin echar pie a tierra. Dicen que este tramo exige técnica, pero yo creo que es más bien cuestión de pura fuerza: hay tres tramos de arroyo pedregoso con un 25% de desnivel, si te pillan justito de fuerzas vas la límite del equilibrio y rezando, en cuanto tocas una piedra te vas al suelo, pero si en cambio vas sobrado subes pedaleando como un jabato, las piedras vuelan a los lados y te comes la cuesta. Los nuevos no la habían hecho nunca, y sin embargo llegaron arriba perfectamente, y pudieron comprobar que este tramo lo tenemos en la cabeza, pero no es por pique, es que es un desafío personal.

Una vez allí terminamos de coronar el puerto y ni nos paramos a pensar si seguíamos, gracias al buen tPisando la última nieveono general íbamos muy bien de tiempo y algunos parecían aún muy hambrientos de ejercicio, así que enfilamos las primeras rampas de la subida a La Bola, esa sí que es una prueba para el muslo y para el ánimo, esta cinta de cemento empieza con una inclinación superior al 25%, la bici se levanta de delante y tú bajas la cabeza: no mirar, no pensar, solo dar vueltas a los pies y a ver si se acaba. Rafa no llegó a empezar, Juan nos gritó que nos esperaba allí (bastante había hecho para tanto tiempo de inactividad), y los demás seguimos dando molinillo. Iñaki tenía problemas con el cambio, no entraban los piñones grandes, pero no le supuso problema, siguió a base de pata dura con un desarrollo doble que el nuestro, para cuando salimos de las primeras curvas le vimos allá en lo alto, una manchita naranja ya casi coronando. Cuando solo nos quedaba una zeta para entrar en la recta de las antenas, la sorpresa: ni gota de nieve hasta entonces y de repente un casquete macizo de casi cuatro metros de profundidad cubría toda la cumbre y bloqueaba el camino. Allí nos bajamos y echamos las fotos pisando la nieve, arriba se me ve yendo de lado a lado para superar la última rampa por ese pasillo blanco tan llamativo. Mientras estábamos en esto bajó el quitanieves y empezó a despejar el camino, pero ya nos pillaba tarde así que empezamos el descenso, qué rampas, son peores cuando las bajas que cuando las subes, si te descuidas sales por encima del manillar o haces la curva recta y ya sigues monte abajo los 1000 metros hasta el valle.

QuitanievesMiguel, que aún no nos conoce, iba con remordimiento de haber dejado tirados a Rafa y Juan, así que se llevó un alegrón cuando los vió sentados como señores en la terraza de la Venta Arias, no habían pedido un cervezón por vergüenza torera, pero debieron estar a punto. Desde allí nos tiramos ya por la carretera a buena velocidad hasta llegar a los coches, tres horas para subir y diez minutos para bajar, así de injusta es la vida. La ruta completa no supera los 30 kms, pero tiene casi 1.400 de ascensión, con un poco de aritmética se ve que los porcentajes son tremendos. Creo que es el primer dia en que verdaderamente llegamos a pasar calor, y además nos despedimos de la nieve hasta el invierno que viene, que este ya nos has hecho sufrir bastante.

PS: la nueva cámara, que no tiene ni cuatro meses, ha petado por el autoenfoque, las fotos son lamentables y no las enlazo, os ahorraré un mareo. Como ya llevo gastadas cuatro en seis años creo que me siento autorizado para escribir un post en "Dame un Consejo" sobre cámaras digitales, a ver si me animo. Aunque creo que no diré nada bueno de ninguna…  

Bicicleta de Montaña27 April 2009

Metiendo la pataVisto que el domingo no conseguimos voluntarios para sufrir, aprovechamos Nico y yo para ir ultimando (él) o comenzando (yo) nuestra preparación para la terrible Ruta Legionaria de los 101 kms, que tendrá lugar el sábado 18 en Ronda. Finalmente ya estamos apuntados y con el hotel relativamente apalabrado así que allí apareceremos con nuestras mujeres, nosotros a sufrir en la bici, ellas a pasear entre los legionarios, que ambas son de familia militar y les va mucho la marcha. Si logramos sobrevivir nos pondremos una medalla y nos haremos muchas fotos con la cabra, va a quedar un artículo de lo más caqui.

Como ya digo, el domingo éramos solos, así que nos pusimos duros objetivos, dos rutas enlazadas en una con salida en El Escorial, subida al puerto de Malagón, bajada al pueblo de Robledondo, pantano de Peguerinos, subida al Refugio de la Cueva, Malagón de nuevo y Escorial. El anuncio del tiempo era muy malo, así que ropa de entretiempo, pero la mochila con chaquetas y chubasqueros. Comenzamos de nuevo en El Tomillar, y van nosecuantas este año, para arriba a buen ritmo pero charlando mucho, cuando uno está fresco se puede permitir el lujo de pedalear y hablar sin por ello perder el resuello. Sol y buen tiempo pese a los agoreros, temperatura de unos 7º y ganas de empujar. Mi bici está fallando de nuevo en los cambios, la maneta del desviador no actúa y tengo que cambiar tirando del cable con los dedos, a ver si el mecánico da con ello de una vez antes del 18, porque ya son bastantes los 101 kms como para hacerlos con ese hándicap.

No hago fotos de momento, he hecho cientos de esta subida, me dedico más bien a mantener el silencioso pique con el compañero, es divertido y te ayuda a superarte. En las primeras rampas de arriba, que son muy duras, hay otro betetero que ha partido la cadena y está dedicado al bricolage, saludos y oferta solidaria de ayuda, pero el hombre sabe lo que hace y tiene de todo. Llegamos al puerto y también como tantas veces lo encontamos repleto de niebla, la temperatura baja de sopetón a los 0º y la humedad sube, hay que parar y echarse encima las chaquetas y los chubasqueros. Los pinos están espolvoreados de nieve de anoche, caray qué año, si estamos entrando en mayo y no se ha cansado aún de nevar. Hace un mes en un día exactamente igual nos dimos la vuelta y renunciamos a conocer la bajada a Robledondo, esta vez seguimos, el paisaje (o lo poco que vemos de él) es de tojo y retamas bajas, es decir, pelado. Paramos a comer algo junto a un muro abrigado, según el cartel es monte privado y se nota, los pinos caídos con el gran ventarrón de hace un par de meses siguen allí, y seguirán hasta que el dueño tenga unos euros para hacer la limpia.

Para comer tengo esta vez barritas de choco-coco, qué buen descubrimiento, a mis hijos no les gusta el coco así que ya no me pasa lo de ir el domingo a llenar la mochila y encontrar las barritas saqueadas, llegué a pensar en comprar un cofre con llave, como Rafa. Claro que yo metería las barritas, él mete el wisky, las anchoas de Santoña, los mantecados y sus otros tesoros. Volvemos a montar y seguimos el descenso, Catch&FreeDios que frío hace de repente, los guantes de entretiempo no valen para esto y las manos vuelven a ser de madera, y además el frío te pilla ya sin la actitud mental necesaria, es Mayo y tienes ya la cabeza en la piscina y el bañador. Por fin llegamos a Robledondo, pueblito perdido en la niebla, efectivamente hundido en un valle estrecho con muchos robles, aquí debe dar el sol muy pocas horas al dia. Hay varios carteles a la entrada y cada uno va a lo suyo, Nico consulta los carteles de mapas y rutas y yo los de pájaros y mamíferos. Como estamos ateridos le ofrezco entrar al pueblo y tomar un café, invito yo, pero rechaza la posibilidad, creo que le parece signo de flojería.

Salimos por la que el cartel llama "ruta de los arroyos", remontando La Aceña (hay en efecto un gran molino de agua restaurado), abandonamos la carreterita y seguimos por un bonito arroyo acotado de pesca (de los de soltar las truchas), que en teoría debe ser el que viene de la presa del pantano de Peguerinos. La pendiente es muy fuerte y el piso lleno de piedrones, así que tenemos reventón y parada, qué tortura quitarse los guantes para ponerse a cambiar la cámara, pero el ejercicio de mover la bomba me hace entrar en reacción, ni que decir tiene que muevo el pistón con mucho más entusiasmo del necesario. Más remonte y más subida y entramos en un valle solitario, muy estrecho y con grandes canchales, qué bonito, parece que estemos en Gredos y estamos al lado de Madrid. El camino sigue por el único espacio libre, por el mismo cauce del río, hay que cruzarlo cuatro o cinco veces, en una de ellas da Nico con una piedra y mete los pies en el agua, en el siguiente me trabo yo en el lodo y hago lo propio. Sorprendentemente el agua helada parece calentarnos los pies, será por la reacción.

Gyromitra esculentaLlegamos finalmente al pie de presa (Jose Vecino dice que estuvo un tiempo en ella por motivos profesionales) y subimos por las rampas de servicio hasta arriba, seguidos de cerca por el jeep del vigilante jurado, creo que más que sospechas lo que tiene son ganas de conversación. Cruzamos y a partir de ahí vamos por la senda que bordea el pantano, este terreno ya no es nuevo, vamos a parar para quitar ropa y comer más barritas. Yo me pierdo por el pinar y por fin encuentro las primeras setas del año, varias grandes Gyromitras, muy buenas para comer si desprecias tu vida (hay que cocerlas bien, y aún así..).

A partir de ahí viene la segunda gran subida del dia, pero qué curioso, como voy mirando a las cunetas y pensando en las setas ni me entero de lo dura que es y llego hasta arriba sin esfuerzo. Contra lo que nos temíamos ya no hay niebla, ya no hace frío, algunos rayos de sol caen sobre la carretera y levantan nubes de vapor, así que todo el frío que temíamos pasar en la bajada al Escorial se queda en nada, va uno de maravilla y disfrutando del sol. Nos mezclamos con un grupo del Club Guadarrama que nos adelanta y llegamos al coche, montamos y a la vuelta (como a la ida), Nico me deja en una rotonda de Las Rozas desde donde voy en bici hasta casa, justo a tiempo, cae una gran llovida y yo la veo desde detrás del cristal sorbiendo mi rica crema de calabacines, qué reconfortante después de los fríos pasados.

En definitiva, 44 kms y 1.300 de subida, un buen entrenamiento para nuestra próxima graduación como duros legionarios, esa será de 101 kms, mariquita el que abandone…

PS. De repente el blog ha pasado de 170 visitas a 330, record absoluto, y veo por la estadística que han sido en su mayoría ávidos seteros buscando información sobre el codiciado perrechico, pues nada, que haya suerte…

Bicicleta de Montaña20 April 2009

Hacia la NevadaRuta completamente nueva la que hicimos el domingo, al menos para el grupo en pleno, algunos habían ya recorrido estos sitios más o menos. Afluencia alta para lo que tenemos últimamente, Nico, Rafa, Ignacio, Miguel Angel y yo mismo, cinco es un buen número, sobre todo si tienen un nivel similar. De nuevo nevadas la semana pasada, y ya vamos a entrar en mayo, así que mucha nieve por encima de los 1.700, se imponía buscar un recorrido prudente sin grandes alturas. Con lo pateada que tenemos ya la provincia de Madrid y limítrofes, aún parece que hay lugar para las rutas nuevas, así que se planificó salir de Valsaín y marchar por el lado segoviano de la sierra (en vez del madrileño como la otra vez), llegar al pantano de Revenga, intentar subir el puerto del Pasapán, con pocas esperanzas a la vista de la nevada, y volver. Tras la mala semana de lluvia y temporal el domingo nos dió un respiro y tuvimos prácticamente de todo, pero más bien soleado y fresco, todo el suelo muy mojado, agradable para la bici.

Salida con el amanecer a través de las calles del pueblo, rico olor a pan, buenos dias señora, buenos dias señor, muchas praderas verdes y muchos caballos y vacas por allí. Varios almacenes de maderas con montones bien clasificados: rama de pino para leña, tronco para tabla, tea para hogueras, grandes tocones de robles que nunca debieron ser cortados. Comienzo de la subida hacia la Cruz de La Gallega y la Fuente de la Reina, pero enseguida torcer hacia la derecha, para tomar el ramal segoviano. Primeros repechos duros por una carreterita de montaña, y en una pradera vemos un grupo de buitres desayunando algo, ni siquiera se asustan. El paisaje es de pradera y encinar, al fondo pinar espeso, y más al fondo la sierra y el pico Montón de Trigo, todo blanco de nieve. Estas praderas tienen una pinta inmejorable para la senderuela y la seta de cardo, pero aún es pronto, no hay ninguna.

Presa Romana OriginalEntramos en el pinar y unos 2 kms más allá atravesamos el arroyo de Las Acebedas, que luego se transforma en el Rio Frío, y buscamos el sendero que según Nico, que se ha documentado, lleva a un sitio histórico, al alaguía o azud del Acueducto de Segovia, es decir, el punto donde toma el agua. El sendero no es ciclable y hay que empujar, pero el paisaje compensa con creces. La caminata se va alargando y no hay azud, se oye algún murmullo (¿de quién?), no estamos acostumbrados a empujar, pero al fin llegamos al sitio, el río se bifurca y se desvía a unos canales de piedra y varias presas, todo está muy sombrío y musgoso, el sitio respira historia. Al parecer hay un tramo romano y varias obras posteriores de varias épocas y no supimos distinguir qué era qué, pero ahora Miguel Angel lo ha investigado, va foto. Hay también un laberinto de presas y esclusas y que según sabemos ahora es un decantador de arenas. Despues de hacer muchas fotos seguimos por la senda que va sobre la canalización y la bici de ignacio resbala sobre una de las arquetas, no puede sacar el pie de la cala y cae a plomo sobre cadera y rodilla con todo muy torcido, menos mal que el ejercicio nos mantiene los huesos duros, porque pudo ser malo. La maneta le ha dado en la ingle una especie de cornada baja, pero el pronóstico es solo reservaSeñal de Acueductodo, no hay afectación de la hombría.

Vamos siguiendo las pintadas amarillas que marcan el acueducto, y que tras mucho pasar por pedreras y jarales nos dejan en un amplio prado a la vista del pantano de Revenga, por un lado, y de la Cañada Real Soriana por otro, a lo lejos se apunta ese zigzag ancho y verde que va subiendo la loma hasta llegar a los prados de los puertos, vaya paisaje para quedarte allí. Como un tropel de ovejas que olfatean el frescor de los prados nos tiramos monte abajo, pasamos varios arroyos y llegamos a la cola del pantano, hay bastantes pescadores pasando una estupenda mañana y empezando a preparar la hoguerita de las chuletas. Pasamos el rio de salida, remontamos, y tras mucho subir llegamos a los prados de montaña que se veían desde lejos, son como brPuesta de Anfibioañas asturianas. En un regato hay algo que parece un cordón, pero que resulta ser la puesta de un anfibio, probablemente un sapo corredor. Paramos a comer con estupenda vista y sentados en un peñón de "gneis glandular" (se nota que ahora tenemos geólogo de plantilla), y ya por buen camino vamos bordeando el pinar buscando una buena entrada para atacar la montaña y tratar de subir el Pasapán, que se divisa arriba a reventar de nieve. Probamos un camino ancho abierto entre los pinos, es tan recto y empinado que parece cortafuegos. Con porcentajes del 9 al 13% y sin una curva ni un llaneo vamos poniendo a prueba la capacidad de sufrimiento, la cabeza baja y el pedaleo al 80% de resistencia, hay que pensar en otra cosa y dejar que las piernas trabajen solas. Llegamos al fin a lo alto del camino, ya con nieve en las cunetas, pero vemos que no va a haber tiempo para intentar lo imposible, el paso del puerto lleno de nieve, así que decidimos hacer la vuelta por la carretera y lo más rápido posible. Por la pista principal descendemos lo ascendido y llegamos a la carretera de Segovia a la altura de Revenga, el pueblo con más asadores por kilómetro cuadrado, luego largo tramo de carretera que sube y baja, a mí me gusta el asfalto para poner a prueba la potencia con mucho desarrollo, y el relevo.

Finalmente a Valsaín de nuevo, no hay tiempo ni para comprar ese pan que tan bien olía. Han sido 45 kms y 950 de desnivel, una ruta completamente nueva y unas cuantas curiosidades históricas para aprender, que no todo va a ser cultivar el cuerpo…

Bicicleta de Montaña13 April 2009

Un descanso junto al mar

Aprovechando los dias de pasión nos hemos ido a Almería, a la zona de Vera, el sitio donde Rafa añora pasar su jubilación cuando le llegue, me refiero a la jubilación laboral, que la ciclística ya sabemos que le está llegando. Aprovechando los tirados precios que la crisis está imponiendo en la costa nos hemos pillado un apartotel con pensión completa, cinco noches por 150 euros, con este precio quién piensa en comprarse una casa por allí, no amortizas en la vida. Rafa tiene aquí casita cerca del mar y sus amigos también, hacen el Lobby de Puerto Rey, y Nico tampoco anda muy lejos, en Velez Rubio. Aunque ya hay bastantes urbanizaciones y hoteles aún puedes encontrar kilómetros de costa virgen, así que este año echamos al coche las bicis desmontadas y salimos a hacer ruta por la carreterilla de la costa entre Puerto Rey y San Juan de los Terreros. Yo ando con prevenciones porque el lunes santo me pegó el tirón de espalda en el gimnasio y ando un poco dobladillo, en postura Chiquito de la Calzada, veremos cómo aguanta el cuerpo ¡no puedorrr!.

Hace ya años que la Semana Santa se viene estropeando sistemáticamente, con Franco esto no pasaba, seguramente porque la gente se dedicaba más a la procesión y menos al bikini, sin duda el de arriba está mosca y nos manda la borrasca. Sin embargo el jueves salió un dia espléndido de sol, así que mientras la familia se bajaba a la playa nosotros montamos las bicis y tomamos ruta, un poco con la duda de qué uniforme llevar, el dia estaba despejado pero fresco, así que yo mantuve las galas invernales y Rafa se atrevió con la manga corta. Estrené las gafas Specialized que se oscurecen con el sol, me tenían mosca porque en las salidas de Madrid seguían claras, pero con el sol almeriense se pusieron negras enseguida, parezco La Martirio. Son estupendas, para olvidarte de que llevas gafas.

Comienzo de la ruta ¡qué lujo! en todo el paseo marítimo, amplio y solitario a esas horas, parecíamos dos vagos por Palm Beach, vamos pasando urbanizaciones (ZP tiene chalet aquí), y dejamos atrás la zona naturista no sin advertir algunos badajos mañaneros, no es que nos interesen, es que te chocan por la falta de costumbre. Recorremos un carril bici o lo que queda de él con los accesos que han ido haciendo a las zonas de chalets y fincas agrícolas, siempre con la Sierra Almagrera al fondo, acaba la zona de pueblo y subimos el primer cuestón, que termina en una torre de vigilancia antigua con un cartel que dice "Playa de La Invencible", supongo que aquí delante fué el tremendo temporal que nos dejó maltrechos y listos para el repaso del inglés. Al poco se pasa por una pequeña factoría química (fué un emprendedor ingeniero de ella el que empezó a urbanizar y se trajo a todos sus amigos belgas a jubilarse aquí), y se llega al primer pueblo del camino, Villaricos, aldea de pescadores camino de convertirse también en sitio de veraneantes.

El agua invita

El pretendido desierto almeriense ha pasado un invierno histórico de lluvias, está verde y lleno de flores y color. Desde este punto ya no hay más casas y la carreterita va bordeando costa virgen, solo muy de cuando en cuando el chalecito de algún espabilado que ha vallado el dominio público para hacerse su lugar en todo el borde del mar, si las cosas funcionan en este país es de esperar que pronto se lo derriben. Huele a azahar y a incienso, y no es que haya una procesión cerca, es que alguna de las plantas que se crían por aquí debe dar ese olor. Disfrutando del sol, las vistas y el olfato vamos haciendo kilometros, solo nos falta la música de Verano Azul, nanariananiano, ninanianoninaniáaaa.

En las ensenadas hay antiguas ruinas de embarcaderos y de actividad minera, largos túneles que bajan de la montaña al mar, chimeneas de aireación, depósitos y tolvas. Leo por ahí que las explotaciones eran de galena argentífera, del siglo XIX. Como el dia está estupendo, mucha gente ha sacado el barquito a la mar, y en las calas hay varias zodiacs con gente buceando, si es que ya todo está inventado… Paramos en algunos miradores a sacar fotos de la costa, con el agua muy clara. Comemos en una de las playas, yo he sacado del desayuno algunos plátanos y paquetes de galletas (prohibido, prohibido), y veo con desgana que son María, y encima de régimen, es como comer cartón.

Hay más pequeñas urbanizaciones de costa, primero en Cuevas de Almanzora y luego en Pulpí, y se han formado varias lagunas de lluvia con pájaros raros, fochas, agachadizas y cigüeñuelas. Callistemon CitrinusTiramos esta foto a un arbusto de flor, juro que no he subido la temperatura de color: yo sostengo que es Callistemon, Rafa que es un Metrosideros, casi da lo mismo porque son primos hermanos, pero juzgad. http://www.arbolesornamentales.com/Myrtaceae.htm.

Abandonamos la carretera y entramos en caminitos de costa, y vamos haciendo el tramo final por los arenales que hay entre Pulpí y San Juan, frente a la isla de Los Terreros, todo muy despoblado salvo por las caravanas que aparecen desperdigadas, ya se sabe que donde haya una playa salvaje habrá un grupo de jóvenes alemanes con un gran furgón destartalado, qué improductivos, qué inconscientes, qué envidia me dan siempre. Muchas palmeras creciendo salvajes, parece que aún no las ha pillado el escarabajo barrenador ese que vino de Polinesia, y que se está cargando las palmeras de Andalucía, entre otras, la del jardín de Rafa. http://articulos.infojardin.com/palmeras/plaga-palmera-picudo-rojo.htm.

Como ya se hace tarde nos damos la vuelta y ya todo por la carretera nos lanzamos al subibaja hasta llegar a la playa de la que salimos, donde rematamos con un helador baño marino, la espalda va de maravilla, si es que ya se sabe que el cuerpo se cura con guerra, no con molicie… Han sido 44 kms, y unos 300 de ascensión, demasiada carretera y poco camino, pero buen clima y bonitos paisajes, de vez en cuando conviene cambiar de aires…