Transándalus VII. LA CAROLINA-MARMOLEJO

Aquí estamos de nuevo retomando la Transandalus en bici de montaña donde la dejamos el año pasado, bueno, donde la dejó Nico, porque Miguel y yo nos volvimos al tercer dia por motivos de trabajo (después de hacer las dos etapas de Almería), y Juan Manuel se volvió algo después por otros motivos. Vamos, que cada uno lleva su programación y sus etapas, y esto de hacer la gran ruta a golpes y arreones según disponemos de tiempo y ganas resulta algo raro y desordenado. Lo mejor es no relacionar lo uno con lo otro y tomarse estas aventuras como días de bici con amigos por sitios apetecibles, sin afán de co
mpletar nada.
El viaje bien, como siempre que vas en grupo con buenos amiguetes: muchas ganas de charla, buen rollo y expectación por la que se nos venía encima. Llegada a La Carolina y entrada en el antaño glorioso Hotel NH Perdiz (cuatro estrellas), hogaño un hotelón raro y desangelado, un tanto decrépito y falto de actualización e inversiones. Casi vacío por dentro, sus paredes adornadas de trofeos y sus salones con eco recuerdan aún las tertulias de muchos cazadores alegres que con el purazo y el coñá en la mano fantasmeaban con los compañeros “le pegué un tiro así”, “tenía unos cuernos así”, “cayó de panza y rodó patas arriba”. El hotel como digo es un conjunto de edificios bajos con grandes pasillos y pequeñas habitaciones, y con una distribución muy rara. Resulta llamativo el artesonado del techo, construido con cientos de vigas vistas de sabinas seguramente centenarias p
uestas allí sin desbastar, como otro trofeo de caza: no nos gustó, seguramente hacían en vida un inmenso y venerable bosque, y además toda aquella corteza retorcida a la vista y sin tratar no parecía nada higiénica.
Eso sí, al día siguiente nos trataron estupendamente en el desayuno: como era muy tem
prano no había bufé así que nos dijeron que podíamos pedir “todo lo de la carta”, y así lo hicimos: dos huevos con jamón, fruta, un inmenso zumo recién exprimido, café, bollería, tostadas de mollete con aceite y tomate rallado, magdalenas… A duras penas nos levantamos de la mesa, con la barriga tan llena no sabíamos si empezar ruta o meternos en la furgo y volvernos para Madrid. Al final nos decidimos por lo primero, armamos las bicis, nos hicimos las fotos de partida frente a la recepción, dejamos la furgoneta en el parking del hotel con la ropa sobrante dentro, y hasta pronto, te veremos de nuevo dentro de tres días si todo va bien y nada pasa.
La del alba sería pues cuando los cuatro ciclistas enfilaron por el ancho paseo hacia el centro del pueblo, comienzo oficial del camino. Nos íbamos cruzando con todos los Carolineros (¿o Cariolingios?) que empezaban su jornada de día de diario: brigadas de jardineros podando los árboles, niños yendo a la escuela de la manita
, un paseante de perrajo que nos ladró y se nos tiró a los tobillos, un buen grupo de amas de casa vestidas de “chándar” que salían a caminar a paso atlético y en animada charla. Paramos un momento a ver la iglesia y salimos a las eras de atrás, primeras pistas de tierra, primeras duras rampas de subida, primeros olivares, y primer pinchazo, mi rueda trasera, no llevábamos media hora y empezaban los líos, he de adelantar ya que en este viaje la mecánica me ha jugado malas pasadas, seguramente no tiene nada que ver con el lamentable estado en que llevaba la bici.Nos ponemos a arreglarlo y Nico me echa la bronca por lo viejas que llevo las cubiertas, qué exagerado, solo tenían un par de zonas desgastadas por donde se veían las tripillas de la cámara, habrá que buscar más adelante alguna tienda de bicis para comprar otra.
El camino entra ya en zona de serranía, lomas suaves y muy verdes cubiertas de espesos encinares, por todos lados cosas que ver: r
ecuas de lustrosos caballos de monta, toros de lidia, rebaños de ovejas recién paridas (cientos de corderitos, yo diría que tocaban a dos por oveja), el paraíso ciclista para circular relajado y mirándolo todo. Entramos en una finca cerrada con muchos carteles de “CUIDADO, GANADO BRAVO”, a la puerta hay unos mayorales que nos preguntan si hemos traído la muleta, que para ciclar por allí es imprescindible. Nos cuentan también que la ruta parece estar de moda, porque todos los días pasan unos cuantos ciclistas, y vienen de todas partes.En efecto el campo está lleno de reses bravas, vaquillas, terneros, bueyes y torazos, cada uno en sus grupos separados: los peques en el campo con las mamás vigilando cerca, los torazos negros ya separados por camadas de seis u ocho en cercados, esperando quizá la oportunidad de empitonar al tío que se ponga un poco chulo. En cualquier caso todos tenían un sello especial que apreciamos de inmedi
ato: no se trata de ganado lento y cachazudo criado para dar carne o leche, sino bichos nerviosos y activos que no paran un momento y que van a todos sitios corriendo, saltando por las laderas, ligeros como ciervos. Como dicen los taurinos, un ganado con muchos pies.Seguimos por las pistas abriendo y cerrando portillas, o saltándolas, pasando muchos carteles de aviso de todo tipo de peligros, de las reses bravas, de zona de seguridad para montería, nada nos asusta. El paisaje de encinas se va transformando en paisaje de olivares, se empieza a ver más gente, algunos grandes cortijos y la ermita del Cristo del Camino, “EGO SUM VIA”, y al final entramos en Baños de la Encina, primer pueblo de ruta. Baños es un pueblo muy monumental con su iglesia mudéjar, su gran alcazaba en el monte, y su casa del pueblo indicada con grandes letras rojas, irreductibles. Preguntamos por un taller de bicis para lo de mi cámara, pero aunque se reúne mucha gente amable para indicarnos parece que el único taller es de tractores, no es lo mismo.
Salida por el pantano de Rumbla, indicaciones de GR y de Camino de Santiago, m
ás olivos y más cortijos, algunos inmensos, pintados y cuidados y llenos de palmeras, otros abandonados y en ruina. Cada poco rato aparecen las instalaciones de una almazara de moler aceitunas, a veces aislada en medio del campo. Aquí las aceitunas las hay a toneladas, sin embargo están todas paradas y no huele a molienda, ya ha pasado la temporada. Al rato encontramos un caminante con ganas de palique, viene desde Portugal haciendo su propio camino, un rato de charla e intercambio de experiencias, él también tiene blog, ya intercambiaremos crónica y fotos.
Emprendemos las duras subidas que nos llevarán al parque del Gorgojil, zona de cría del lince ibérico y donde hay un centro reproductor, el terreno aquí está más salvaje, aunque sigue habiendo mucho ganado. Ya rugen las tripas, así que nos llev
amos una alegría cuando llegamos a Andújar y vamos mirando posibles sitios para comer. Antes, parada en una tienda de bicis donde me venden por fin una cubierta trasera nueva, para que dejen de meterse conmigo y evitemos averías. Parada en el bar “El Turis”, las raciones más baratas de España, carne de monte en salsa (aquí llaman así a un plato de carne negra de jabalí, de ciervo o de lo que sea, con salsa de azafrán, muy rico), carrilleras, ensaladilla, tostadas con tomate y bacalao, todo con varias cervezas, sacamos la tripa de mal año y nos quedamos dormitando un poco. El bar es también de lo más ruidoso de España, todo el mundo grita, y en la megatele Homer Simpson no logra hacerse entender, aunque también lo tienen al 100% de volumen. En general aquí en Andalucía a todo el mundo le gusta el ruido, ruido es alegría.
os, así que decidimos alargar ruta y liarnos con el desvío y la tremenda subida a la ermita de la Virgen de la Cabeza (la "Cuesta del Reventón"), es justo lo que apetece con la barriga llena y a la hora de la siesta. Vamos siguiendo las indicaciones para romeros y carretas, y al final pillamos un caminejo casi imposible para los pies, cuanto más para las ruedas: jarales, pedregales, pasos a veces esculpidos como un estrecho canalito en las lajas de piedra, y todo con unos porcentajes tremendos. Monta y desmonta, empuja, suda, maldice, se te pone un humos de perros, al menos a mí, esto no es ciclable para casi nadie, salvo para Miguel que está en forma, apretando los dientes pasa por todo y arrasa con los matorrales y las piedras sin bajarse. Finalmente llegamos a lo alto, hay una ermita, pero no es la que buscamos, esta es la de San Ginés y la nuestra se ve a lo lejos en lo más alto de las montañas, separada por un profundo valle. 
Agradecemos mucho la oportunidad de seguir fortaleciendo las piernas, bajamos hasta el río y llegamos a una amplia explanada de hierba verde y encinas, el “Lugar Nuevo”, allí es donde se aparcan las carretas para bailar sevillanas y montar la juerguilla, y de allí parte la nueva subida, esta completamente peatonal e imposible para las bicis. Con nuestra cruz (con ruedas) a cuestas, iniciamos nuestro calvario hacia arriba por el Cordel de los Molinos, una cartel nos dice “DISFRUTA DEL CAMINO”, y nosotros no podemos disfrutar ya más, de tanto que hemos disfrutado.

Ahora entramos en una zona muy agreste del camino, muchas encinas y aspecto de serranía de la de Curro Jiménez, al poco nos empezamos a cruzar con recuas de mulas y caballos, en unas va gente joven bien vestida de montero o de corto, en otras van guías, y otras llevan amplios serones repletos de pertrechos, comida, s
acos de dormir, damajuanas y botellas, nos paramos y pegamos la hebra y nos cuentan que son romeros que vienen con diversas empresas desde Cardeña en una ruta de tres días, lo venden en internet como una experiencia y mucha gente se apunta.
acamos la conclusión de que esta romería organizada es una buena excusa para pasarse unos días de gran juerga y buen ambiente, con la bebida a caño libre, el deporte lo va haciendo la montura.Salimos de los bosques y emprendemos los últimos kilómetros, ahora ya es franca bajada, delante tenemos un precioso atardecer anaranjado, nos vamos parando a hacer fotos y al final la oscuridad nos pilla, el cruce por el puente del Guadalquivir lo hacemos casi a tientas, estamos en las afueras de Marmolejo, nuestro destino, vaya palizón que llevamos en las piernas, 126 k
ilómetros y 2.350 metros de ascensión acumulada, malos firmes, mucho rato empujando y momentos de verdadera hartura de pelear con los caminos, y mañana tocará otro tanto, y pasado más… Bueno, pensemos solo en la cena y en la camita, eso es lo próximo.La dormida en el Hostal Plaza, que como su nombre indica está en una placita recogida, agradable y llena de terracitas, bien las habitaciones, dejamos las bicis en el pasillo, nos duchamos y bajamos a cenar a una de las terrazas, nos lo hemos ganado, más cervezas y más carne de monte, viva el tapeo que es lo español y lo que está mas bueno.
Y así se acaba la crónica del primer día, gran palizón bastante inesperado y no queda nada como quien dice, a dormir que mañana hay que madrugar y seguir contando la segunda etapa…



La idea era empezar en La Serna, Braojos o cualquiera de esos pueblos de la sierra norte alrededor de la A1 y cerca de Somosierra, en toda esa zona en el límite de la Sierra del Rincón, que ha sido declara Reserva de la Biosfera por la Unesco. Suponíamos que pillaríamos un dia claro y agradable con un poco de nieve en el suelo para ciclar divertido, pero ya según llegábamos a La Cabrera vimos a lo lejos que la montaña estaba envuelta en un espeso nubarrón muy blanco, señal de que estaba nevando. Una breve negociación para pensar si cambiábamos la ruta por otra más baja cerca de Buitrago, pero no hubo rajada, decidimos meternos en plena nube y tratar de sobrevivir.
que te dejan helado, y es un alivio meterse en el bosque, aunque esté mucho más alto y lleno de nieve. El termómetro iba bajando y bajando hasta llegar a los -4º, pero a nosotros nos parecía que cada vez hacía mejor temperatura. Las cuestas son empinadas y duras, pero las agradecemos.
Ahí vino la propuesta de Nico de “alargar” la ruta hasta La Acebeda por caminos, en realidad se equivocó de verbo y quiso decir “duplicar”, porque le hicimos caso y empezamos a subir nuevas pistas hacia el norte y aquello no se acababa nunca. Rampas de hasta el 22%, suelo arcilloso y sobre todo unas rachas de viento de cara que te tiraban para atrás, una combinación ideal para hacer hombres duros, venga a subir y bajar y aquello no tenía fin. Nueva llegada a las alturas de nieve espesa y de nuevo a empujar y a bajar patinando por la nieve, no habíamos tenido bastante castigo y queríamos ración doble.
caldo caliente y solo le faltó decirnos lo de “sí, pa tus morros”. Pillamos lo único que había, un tinto y un pincho de tortilla que nos supo a gloria, y volvimos a salir a la ventisca. A partir de ahí ya bajada continua por la vía de servicio, ningún frío, el vinito te calentaba bien en el cuerpo, nuestros abuelos ya lo sabían, hay que estudiar la sustitución del Camelback por una bota de vino de las de toda la vida.
Buenas a todos, sigo con la bici averiada y sin poder salir, parece que por fin este finde sí que la tendré, así que volverá a haber crónicas beteteras. Mientras tanto voy a comentar una cosa que me tiene algo sorprendido, a ver si a vosotros os pasa, y es la siguiente: de un tiempo a esta parte (un año o así) están invadiendo mi correo electrónico diario muchas empresas virtuales con páginas muy atractivas y bien elaboradas que pretenden (y lo están consiguiendo), hacerse con mi poder de compra. La mayoría no recuerdo haberlas buscado, un dia llega el correo ofreciéndome el enganche y yo, que no se decir que no, digo "pues bueno", y ya estoy también en esa rueda.
La gente de mi quinta anda ya rondando los cincuenta, con los hijos crecidos y casi ya independientes, y con cierta estabilidad económica. Noto yo que a estas edades la gente bulle, y dado cómo están la salud y el tema económico hay inquietud por hacer cosas antes de que nos den los achaques o venga la maldita crisis y se lo lleve todo. Llega el momento de empezar a hacer recuento y pensar cuáles de las cosas que siempre quisiste hacer has conseguido ya, y cuáles te faltan todavía, y se me ha ocurrido reunirlas en una lista. La idea no es por supuesto original (casi ninguna lo es), aparece en la película “Ahora o Nunca” con Jack Nicholson y Morgan Freeman, pero el intento es más discreto, ellos tenían pasta sin límites para derrochar y unos sueños mucho más locos, pero, por otro lado, a ellos les quedaba mucho menos tiempo, al menos eso espero. No me refiero a grandes proyectos vitales como “ser feliz” o “tener mucho dinero” o “vivir cien años”, (mejor no hacer mucho recuento de todo eso), sino a esos planes inocentes y alcanzables que siempre te hicieron tilín. Ahí van los míos:
Este es mi calzado informal, en principio para el verano, desde hace algún tiempo ya casi para todo el año. Los zuecos originales Crocs, maravilloso invento, han sido sableados por los chinos que ya los sacan en cien variables, de colores, de formas y de estilos. Comodísimos, frescos, anatómicos, silenciosos, se pueden usar con la tirita esa subida o bajada, de ambas maneras se sujetan muy bien al pie. Son frescos en verano y en invierno se pueden llevar con calcetines blancos que se ven a través de los agujeros, ande yo caliente, aunque para este uso mejor te limitas a tenerlos como zapatillas de casa. Valen para conducir y
se lavan con un manguerazo, no cansan el pie aunque camines mucho, todo ventajas. 
a bordo y dos cervecitas heladas. En cambio los intermediarios, pueden pediros hasta 100 € por lo mismo. Confirmé por el móvil con uno que tenía excursión montada para el lunes, apurando un poco el tiempo de volver a puerto y coger el avión de vuelta a Madrid, y me puse a soñar con grandes peces, bueno, grandes relativamente, porque ya vi que ahora estamos fuera de temporada para casi todos los grandes: marlines, petos, y atunes solo se pescan aquí de junio a noviembre, pero bueno, algo caería.Desgraciadamente el domingo por la noche me llamó al móvil el capitán del barco (qué honor) y me dijo que había prealerta de temporal y que se suspendía la salida. Dado que al final el lunes ha salido soleado, radiante y azulísimo me he quedado con la duda: ¿exageración de los meteorólogos o es que no había pescadores suficientes? nunca lo sabré.
Llegamos aleteando a la bocana de la playa, y allí a desinflar los chalecos y abajo. Por el borde del malecón vamos bajando y mirando, el fondo es arenoso, pero de una arena volcánica gruesa y pesada, no es limo, puedes mover las aletas sin enturbiar. Llegados abajo, ¡qué sorpresa!: hay salmonetes, pero no unos cuantos, hay cientos, miles de salmonetes de tamaño respetable, agrupados flanco con flanco cubren el fondo hasta el punto de que en algunas zonas no se ve la arena. Nunca había visto tanto pescado junto, y menos de estos: en el pescasub del norte se los ve normalmente en parejas (casi siempre uno grande con uno pequeño, quizá hembra y macho) o en pequeños grupos, y son un encuentro afortunado, porque se dejan tirar y son un pescado estupendo. Aquí en cambio hay muchísimos, algunos deben llegar casi al kilo de peso, y están muy confiados. De color arena al principio, cuando te acercas cambian de librea y exhiben anchas bandas verticales, con la excitación se ponen de color rojo fuego, ¡qué pena no tener la linterna!.
bola parados a pocos metros de la superficie, da respeto verlos por encima de uno, pero no nadan ni escapan.
que siempre andan por aquí, una pena, habrá que volver en otra ocasión. Llevamos ya 45 minutos bajo el agua, el tiempo ha pasado volando y yo tengo fresquete, pero los instructores nadan con los brazos pegados al cuerpo, están helados, alguna ventaja tiene que tener el michelín. Pasamos unos minutos en parada de seguridad y salimos al aire y al sol, qué gozada…