Domingo 22 de enero. No Hace Falta Irse muy Lejos.
Hola a todos, muchos comentarios positivos sobre el blog, muchas gracias a todos, el feed back anima mucho a la hora de ponerse a ello. Recuerdos a todos los ciclistas, a los Peñalaros y a los colegas de Angel, que se que lo leen, tíos, no leáis muchos blogs en el trabajo, que la productividad se resiente. No voy a poner todas esas cosas que los ciclistas me pidieron el domingo que pusiera, lo más difícil de hacer un blog no es escribirlo, ni siquiera subirlo y maquearlo, lo difícil es lograr un tono que no ofenda a nadie y no ir perdiendo amigos cada vez que te marcas una opinión crítica o una bromita inoportuna. Así que nada, aquí todo polite.
El domingo nos juntamos como siempre a la llamada de Juan Carlos, esta vez para devorar 75 kms y 1400 mts de subida, menudo atracón. Por primera vez desde que andamos con los Boticas no asistió ninguna chica, así que nos las prometíamos muy felices de ir largando opiniones machistas y contando chistes subidos de tono, luego ná, la fuerza se nos va por la boca y nadie se pasó ni un pelo. Nico Miguel Juan Manuel y yo mismo por un lado, Juan Carlos Botica, Juan Carlos Aladino, Iñigo, Paco y Angel por el otro, quedada tempranera a las 8,15 en San Agustín, el del Guadalix, justo justo al lado del cementerio.
Mañana fresquita pero poco, sol radiante y cielo azul, y toda la ruta con buen tiempo y temperaturas entre 10 y 15 grados, así cualquiera hace bici, ya lo firmábamos para el resto del año. Un rato montando las bicis y a las 8,30 salíamos por esas pistas, vaya puntualidad británica, cómo se nota que la ruta era larga y teníamos hora marcada de retorno. El objetivo era ambicioso, muchos kilómetros, a algunos les va a servir ya de entrenamiento para El Soplao, a otros de primer test para ver si se encuentran con fuerzas para inscribirse, aunque digo, y no por asustar: con las horas que nos tiramos ciclando por esos montes, ¡y eso no sería ni el 45% de lo que es la prueba!. Paco se puso en el casco una de esas camaritas subjetivas para grabar, parecía Robocop, pero dudo un tanto de los resultados: en las subidas humilla mucho, así que seguro que la mitad del tiempo solo se está viendo la barra de su bicicleta.
Empezamos por las pistas hacia las instalaciones del Canal, todo el camino iríamos entrando en ellas, primero el Canal Bajo, luego el Alto, venga carreteritas antiguas y pistas bacheadas, almenaras, casillas, sifones, respiraderos, acueductos, tantas y tantas construcciones diferentes, pero todas con un sello común, hechas para durar. Quien ha andado mucho por el Canal aprecia además que tienen un acabado estético muy similar, el ingeniero jefe tenía unos gustos muy definidos, desde la piedra sillar de las construcciones, hasta los mosaicos azules de los carteles, pasando ¡incluso! por los árboles que plantaron a los lados de los caminos de servicio, siempre Robinias que ya están viejitas. Gran obra esta, y más para tener casi dos siglos.
A ratos dejamos las zonas semiurbanas bastante abandonadas y decadentes y entramos en puro monte mediterráneo muy conservado, lomas de encinas y de enebros, jara, praderas verdes, qué gozada, y qué cerca de Madrid. Es domingo de caza, se oyen tiros por todos lados y vemos bastante gente de pie o sentada junto a los sotos de los arroyos aguardando con la escopeta en ristre, echan los perretes a la espesura para que saquen los conejos. La afición de los perretes es variable, unos se afanan entre los pinchos sin mirarnos siquiera, otros, como estos de la foto, se vienen con nosotros para que les llevemos a sitios más divertidos, pocos conejos debe de haber.
Bastantes instalaciones de parcela rodeada de malla, casa de ladrillo sin enfoscar y corralito con gallinas o con ovejas, todo con pinta de haber sido construido por el dueño con sus propias manos en domingos perdidos. Muchos gallos cantando al amanecer, balidos y ladridos de los aburridísimos perros que han dejado en la parcela para que protejan las cosas. Y hablando de gallos, durante toda la ruta dos tipos de actitudes, el ciclista plácido que va a su bola y solo pretende llegar arriba de las cuestas y hacer relaciones sociales, y el gallo del pelotón, ese que te pasa como un tren por la derecha o por la izquierda resoplando cada vez que el camino pica hacia arriba, el torete que se tira a todos los desafíos, a todos los pedregales y a todas las trialeras por imposibles que parezcan, no lo hace por humillar a los demás, ni siquiera por demostrar lo fuerte que se encuentra, es que le sale de dentro. De estos hay varios en el grupo, pero conste que este comentario no va con acritud, es pura envidia.
Mi bici va mejor ahora que tiene la suspensión bien inflada, hay que decir que durante la ruta otros ciclistas se me han acercado y me han confesado que a ellos también les ha echado una bronca el mecánico por llevar las suspensiones flojas. Siempre que hablamos de esto de la dejadez me viene a la cabeza el tango ese del tío que no engrasaba los ejes, una cosa es no preocuparse mucho del mantenimiento, otra mejor es no notarlo ni echarlo de menos, pero el grado máximo del “abandonao” se alcanza cuando uno le encuentra ventajas a esto de andar con las cosas de aquella manera: “no limpio las gafas de sol porque así filtran más” “no regulo las suspensiones porque así me exige más esfuerzo y me pongo más fuerte”, “no engraso los ejes porque el chirrido me acompaña”, ese sí que es el estado ideal del dejao total y feliz.
En pelotón más o menos compacto vamos superando los kilómetros, casi siempre por las pistas del canal, mucho sube y baja, un recorrido algo pestoso, el ritmo general es mas bien contemplativo, pese a los intentos del Botica de animar la marcha estamos muy perros, puestos a meternos 75 kms al cuerpo preferimos hacerlo en pequeñas dosis. Pasamos muchas veces por encima y alguna por debajo del canal, en alguno de los acueductos se ve que hay pérdidas, el agua rezuma por el muro y forma charcos, pero cualquiera se pone a arreglar la gotera, hay que quitar toda la piedra sillar y maciza y metros de mampostería hasta llegar al canal de la conducción, tanto gasto no justifica el ahorro de unos litros. Las zonas nuevas están construidas con otra idea, kilómetros de canalización metálica al aire fácil de mantener y de reparar, aunque pintada en suave color arena que no destaca en el paisaje.
Pasamos por varios pueblos, El Molar, El Espartal, La Cabrera, Torrelaguna, Redueña, Venturada y Pedrezuela, en todos ellos esa mezcla que se suele ver en los pueblos de la sierra, antiguas cuadras de piedra gris con puerta de madera claveteada y entre ellas pared con pared modernas casas de apartamentos de ladrillo y pizarra, pena de estética… En cambio en los encinares de los alrededores de Redueña la Comunidad ha marcado una bonita senda de paseo con carteles explicativos de las clases de álboles y plantas que te encuentras, son una obra de arte, en hierro oxidado y con las ilustraciones en relieve a gubia sobre madera, dan ganas de llevarse uno para casa, refrénate, no seas vándalo.
Como vemos que a este paso vamos a llegar tardísimo, por fin la gente se empieza a mover, y a buen ritmo llegamos por fin a la entrada del desfiladero del Guadalix, la verdadera atracción del día. Este es un sitio increíble, un recorrido de varios kilómetros por la estrecha garganta por la que el río supera el gran macizo rocoso, se circula por la pista que hay sobre el trazado del canal, pegado a la roca y a unas decenas de metros sobre el río, que va por abajo tan clarito y tan lleno de alisos que parece un río pirenaico. Un sitio así parece impropio del centro de la península, está muy fresco y húmedo y con los charcos del suelo congelados. Recuerda otros desfiladeros del norte, como el del Cares o los de algunos ríos del Pirineo, salvando las distancias y en pequeñito, claro. En los cortados vuelan varios buitres, y nosotros hacemos ese buen rato disfrutando de la vista, del fresco y del buen camino.
Ya fuera del desfiladero emprendemos los últimos kilómetros, bastante cansancio, prisas y no tantas ganas ya de pedalear a estas horas, la verdad es que se hacen largos. El último tramo por una bonita vereda estrecha bajo las encinas que se conoce Juan Carlos, marcada a base de muchas exploraciones y seguro que de unos cuantos fiascos. Tras varias esperas y reagrupamientos, por fin la pista ancha de arcilla que nos lleva hasta el cementerio de San Agustín y hasta los coches, tarde pero no demasiado. Paco nos regala una Webcam a cada uno, así da gusto con regalito y todo, nos despedimos y salimos para Madrid. Juan Manuel se había traído unas cervezas y patatas para hacer el camino de vuelta más agradable, pero oh decepción, se los ha dejado en la cocina de su casa, y no tenemos tiempo para parar a comprar más, bueno, la conversación ya te va compensando suficientemente.
Y eso fue todo, una ruta larga y con bastante subida, buena para comenzar nuestros entrenamientos para mayo, parece que la gente se va animando y al final seguramente haremos un buen grupo para El Soplao, hay que seguir negociándolo por casa. Un paisaje a ratos algo urbano y carreteril, otras bonito y salvaje, con el remate final del desfiladero del Guadalix, que por sí mismo justifica el esfuerzo de llegar. Cerca de Madrid hay sitios espectaculares, no hace falta irse demasiado lejos…


niéndome pesado con el diccionario es “Alcarria: Terreno alto y generalmente llano, sin árboles, en el que crecen arbustos y hierbas”.
tiene una pinta barrosísima, por suerte está duro y congelado, alguna ventaja tenía que tener este frío.
nes, todos tenían su conde que andaba por Madrid sacando pecho con su condado, sus pueblos eran pequeños pero la cosa es el nombre. En algunos de ellos quedan casas solares, catedral y plaza porticada, pero no tenemos mucho tiempo para entrar a mirar, la ruta es larga.
eza a caer agua. Me doy cuenta de que mi suspensión delantera va floja, lo digo y me cae bronca de todos estos expertos ciclistas: al parecer la suspensión hay que inflarla de cuando en cuando (¡como si fuera otra rueda!), me prestan una bombita especial y veo que lo que tenía que marcar 6 marca 0,5, ahora entiendo porqué bajo tan mal en los últimos meses, le meto aire y el próximo día dejaré a todos atrás. Y se terminó, a los coches y a casa, han sido 60 kms y 920 mts de ascensión, menudas ganas de comer hemos hecho, a ser posible un buen potaje caliente. Una bonita ruta, de paisaje y de historia, con el añadido de la rara meteorología, una buena cencellada…
ando bien se reconoce quién ha comido en cada zona: el jabalí deja grandes areas hozadas, levanta el mantillo con el morro haciendo un surco seguido y ancho, el ciervo es más fino, escarba con la pezuña aquí y allá dejando arañado el suelo. Aparte están las cacas claro, grises y apelmazadas las del guarro, bolitas más o menos apretadas el ciervo. La cosa es que entre unos y otros me han dejado sin una cochina seta, y los pocos pedazos que han dejado no me atrevo a cogerlos, da algo de asquito pensar que antes han pasado por la boca de un jabalí. En el silencio del pinar espeso veo a unos veinte metros dos buenos ciervos de gran cuerna, pasan muy tranquilos mirándome entre los arboles, rascando el suelo y comiendo, algo ven en mí que les tranquiliza, distinguen que en vez de escopeta llevo cesta. Eso sí, el mensaje es claro: las setas son nuestras, no tuyas, en fin, ellos viven aquí, así deberá ser.
Hace algo así como un mes abrí mi blog para escribir el artículo semanal, y ¡Argh¡ me encontré un siniestro mensaje puesto ahí por Blogsome para sus bloggeros, decía lo siguiente: "We regret to inform you that Blogsome is going to be closing down permanently. We’ve enjoyed hosting your blogs, but all good things must come to an end. After the 7th December the admin interface of your blog may no longer be accessible and the blog content may be removed". Es decir, y dicho corto, la página que aloja nuestros blogs iba a cerrar para siempre a partir del 7 de diciembre, nuestras peores pesadillas iban a cumplirse, nada dura para siempre, y menos en este mundo virtual en el que hoy tienes y mañana ya no.
s y recibido más de 65.000 visitas, así que lo primero guardarlo todo para no perderlo. Lo segundo, abrir un blog en Wordpress.com y pasarme a la competencia.
. Así que al día siguiente al marcado para la catástrofe, es decir el 8 de diciembre, abrí mi página de siempre y el aviso había desaparecido, y habían introducido algunos cambios y la herramienta funcionaba mejor que de costumbre. Esto se había parecido mucho a lo del efecto 2.000 ¿os acordáis?: el 01.01.2000 iban a reventar todos los ordenadores, y al final no pasó nada.


Salimos de Cercedilla a las 8,30 justo amaneciendo, nada más entrar en los pinares de la carretera de la República vemos lo que será la constante de la salida: el monte es un secarral, no ha llovido desde junio y se nota por todos lados: el suelo polvoriento y lleno de pinaza reseca, y los arroyos sin una gota (algunos con un cartel de "vedado de pesca" al lado, patético). Este se está pareciendo a esos otoños resecos que tuvimos hace unos cinco años, cuando la gran sequía: las hojas de los árboles pasan directamente del verde al marrón reseco sin hacer colores amarillos ni rojos de por medio, los musgos no se ponen verdes y las setas no llegan a brotar. Vamos, que este año nos han robado el otoño.
¿en Barcelona? vete a saber, pero como es material contaminante lo doblamos y guardamos en la mochila.
desemboca en el camino correcto sin vacilar, está claro que va ya venteando los torreznos. Unos kilómetros más de rastrojeras, unas portillas, un polígono industrial y ya estamos en Segovia, callejeamos un poco y llegamos a la estación con tres cuartos de hora antes de la salida del tren, para dedicarlos a lo que queramos. ¿A qué va a ser? Miguel y yo nos pedimos jarra de cerveza, los abstemios piden cocacola o cerveza sin, y nos traen de todo, olivas, tapas de jamón y dos raciones de torreznos calientes, salados, grasientos, crujientes, Juan Manuel, ¿te lo estás imaginando? ¿a que es como si los tuvieras en la boca? pues no los tienes. Finalmente al tren, que llega a Cercedilla en mucho menos tiempo del que creíamos, a los coches y de nuevo a casa, a tiempo para comer, el que tenga hambre, claro.